Adiós al humorista Aldo Cammarota

Falleció ayer, en Los Angeles, a los 71 años
Marcelo Stiletano
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1 de marzo de 2002  

Solía decir que un día sin sonrisas jamás se recupera. Y que con su trabajo sólo pretendía "hacer reír, distender y que los argentinos empecemos a distendernos".

Aldo Cammarota, que falleció ayer, en Los Angeles, a los 71 años, tras sufrir complicaciones cardíacas, le puso humor a algunos de los momentos más aciagos de la Argentina de las últimas décadas sin dejar, cuando correspondía, de ponerse serio para señalar con agudeza algunos de los problemas que desde su perspectiva le impedían al país ponerse en marcha.

Desde 1974 vivía en Estados Unidos, donde decidió instalarse junto a su familia después de sufrir amenazas de muerte y un frustrado atentado, pero los amigos que lo visitaban no dejaban de asombrarse por el conocimiento y la información que manejaba desde allí sobre la situación del país.

Y aunque debido a este alejamiento voluntario y prolongado su nombre dejó paulatinamente de ser habitual entre las generaciones más jóvenes, la huella que dejó en la TV argentina fue única, profunda e indeleble gracias sobre todo a "Telecómicos" -uno de los ciclos cómicos más longevos y exitosos de la historia de la pantalla chica local-, a "Humor redondo" y a su trabajo junto a Tato Bores.

La televisión fue el más conocido de los escenarios en los que desplegó todo su talento, pero estuvo lejos de ser el único. Mientras vivió en la Argentina, Cammarota escribió tangos y libros cinematográficos, hizo radio, escribió columnas en varios medios periodísticos (La Opinión, La Prensa, Siete Días) y varias veces se comprometió activamente en la política, por lo general muy cerca de las ideas políticas que expresaba Alvaro Alsogaray. En 1965 fue candidato a diputado nacional y en 1973, precandidato a senador por Nueva Fuerza.

Compromiso

La comicidad de tono satírico con la que observaba la realidad en algunas de las mejores revistas de humor de su tiempo (Rico Tipo, Tía Vicenta) sólo adoptó un definido color político cuando comenzó a escribir monólogos para Tato Bores. Y ya en el exilio norteamericano, y sin dejar la sonrisa de lado, llevó esas inquietudes a frecuentes columnas y polémicas epistolares alrededor de grandes temas de debate político y económico internacional, desde la crisis del petróleo hasta los atentados de septiembre último en las Torres Gemelas.

Cammarota permaneció activo, pendiente de su trabajo y de la actualidad hasta los últimos tiempos, pero su imagen dejó de frecuentar los medios (y sobre todo la TV) desde que decidió radicarse en California.

Por eso, el rostro suyo que guardamos en la memoria es el de los años 60 y 70, cuando su figura regordeta, de aires hitchcockianos, siempre vestido de traje y cuidadosamente peinado con raya al costado aparecía en las presentaciones de "Telecómicos" o "Humor redondo". Nacido en 1930, se crió en el barrio de Congreso y luego se trasladó a Córdoba, donde había sido bautizado como "el pibe política" gracias a precoces inquietudes que más tarde, a los 14 años, lo llevaron a fundar un centro que llevaba el nombre de Coronel Perón.

Esta actitud, según confesó años más tarde, estaba ligada a la vocación militar que por entonces alentaba todas las expectativas futuras. Pero todos sus planes se modificaron cuando, a los 15 años, el adolescente Aldo enfermó de polio. "Mi visión de las cosas cambió desde ese momento -dijo más tarde-. Lo que teníamos en común Perón y yo es que queríamos ser presidentes. Pensaba en llegar por medio de la carrera militar, pero todo quedó de lado cuando me enfermé. Sólo me quedaba un consuelo: que Roosevelt llegó a ser presidente de Estados Unidos. Eligió entonces el humor para canalizar sus inquietudes. Un tipo de humor que definía como sintético e incisivo y que le permitiera, en sus propias palabras, "llegar al corazón del chiste sin cargarlo de elementos gratuitos".

Trabajando junto a Délfor en "La revista dislocada" durante los años 50, Cammarota acuñó frases como "A la pelotita" (más tarde grabada en ritmo de vals), "Istamos pirdidos" y "Deben ser los gorilas, deben ser", término que el propio Délfor confesó haber lanzado sin intencionalidad política alguna. Lo mismo ocurrió, pero en la TV, a partir del 1° de noviembre de 1960, cuando se inauguró "Telecómicos", que se prolongó durante varios años y casi 500 emisiones (primero por Canal 9 y luego por el 11) con un modelo de sketches por entonces revolucionario que luego, adoptado por innumerables ciclos, se convirtió en el modelo por copiar que caracterizó al humor argentino en TV.

Partiendo de la observación de costumbres, Cammarota, libretista y director general del ciclo, quería "un humor sagaz para interesar a los grandes y familiar para que puedan disfrutarlo los niños". Personajes encarnados por Juan Carlos Calabró (el "inyeniere desarmista"), Mario Sapag (Esmeraldo Alabastrino, marido sometido) o Nelson Prenat ("Mi amigo el pintor", eternamente expuesto al engaño por su esposa) encontraban su inmediata correspondencia en la calle.

Lo mismo ocurría, como observa Carlos Ulanovsky en el libro "Estamos en el aire", cuando a los porteños de aspecto enclenque o débil se los bautizaba como "Cuchuflito" (el personaje de Juan Díaz) o "Miseria espantosa", que Alfonso Pícaro hizo tan famoso como el ordenanza que volvía loco a su jefe Cretinuchi (Carlos Serafino) al resolver todo "con un pendorcho".

La galería seguía con los impagables Horacio Bruno, Iván Grey y Atilio Pozzobón, con la precursora presencia de dobles de los más importantes políticos de entonces (de Perón a Balbín, de Alsogaray a Rucci), que confluían hasta en una orquesta y con "Argentina año verde", sátira de los dramas cotidianos que soportaban los ciudadanos y a la vez una mirada no tan irónica sobre cómo podrían resolverse.

Aquí, sin perder el humor, que dicho sea de paso servía para aliviar el dolor de una sociedad que sufría olas de creciente violencia, deslizaba sutilmente algunas de sus ideas políticas, cercanas a un credo liberal por entonces muy cuestionado. Cuando le recordaban algunas conductas del pasado, respondía: "Con el tiempo Perón fue evolucionando y yo también".

Mientras seguía con "Telecómicos", llevó esa intensa vocación por hacer humor con temas de actualidad a "Humor redondo", un enorme éxito nacido en 1968 por Canal 13 y compartido por varias temporadas junto a Juan Carlos Mesa, Carlos Garaycochea y Jorge Basurto, integrantes de un panel impar que moderaba Héctor Larrea.

Ese mismo equipo, junto a Jordán de la Cazuela, apareció fugazmente en "El queso", un programa de 1973 que seguía la línea de "Humor redondo", pero con un perfil que a partir del título era más estrictamente político y en el que Cammarota y sus compañeros asesoraban a candidatos políticos.

La muerte de Jordán en un accidente aéreo llevó a Cammarota a reemplazarlo como autor de los programas de Tato Bores a sugerencia de Mesa, que era en ese momento supervisor de los ciclos humorísticos del 13.

Cammarota ya conocía la política por adentro por su actividad junto a Alsogaray, pero insistía en que lo suyo era, simplemente, el humor político sin segundas intenciones. Pero sus libretos para "Dele crédito a Tato" fueron rechazados por las autoridades del entonces estatal Canal 13, nada dispuestas a admitir comentarios en tono de broma sobre la situación política tras la muerte de Perón. El programa fue levantado por el interventor Omar Gómez Sánchez, que lo consideró "inoportuno y para minorías".

Cammarota respondió denunciando "una clara intención de censura política y un imperdonable ataque a la libertad de sonrisa de los argentinos". Como respuesta recibió amenazas de muerte y una bomba en su casa, desactivada antes de explotar. Con su esposa de toda la vida, María Josefa, y sus tres hijos dejó el país y se instaló definitivamente en Los Angeles.

Aunque dejamos de acostumbrarnos a verlo, nunca dejó de tomar contacto con la Argentina. Su voz surgía habitualmente por radio dialogando con Bernardo Neustadt, que además publicaba algunos de sus textos en la revista Extra.

Una columna con la firma de Cammarota comenzó a aparecer con frecuencia en varios medios de distintos países. El humorista ofrecía allí comentarios sobre la actualidad y, sobre todo, sentencias, frases y aforismos en los que rescataba su irónica mirada sobre la realidad con reflexiones directas, sencillas y de alto impacto.

Además, en la década del 80, mucho antes de Internet y del correo electrónico, pudo por fin escribir monólogos semanales para Tato Bores desde su casa californiana y enviárselos al cómico a través del correo. "Yo percibo lo que está pasando allá y nunca me equivoco. Lo veo mejor que si estuviera allí, porque, desde lejos, las cosas se aprecian sin estática", justificó.

Fue fiel hasta el fin a su ideario estético e ideológico. Y creía, sobre todo, que nuestra generosa producción humorística rompía el mito de la Argentina como un "pueblo triste". Aun después de la despedida, Cammarota nos muestra el sendero del humor para los tiempos difíciles de la Argentina.

Frases de antología

  • "La política es como limpiar vidrios. No importa de qué lado esté uno, la mugre siempre está del otro lado."
  • "Tanto depende la economía de los economistas como el clima de los meteorólogos."
  • "Si en el cine se gana dinero es una industria, si se pierde es un arte."
  • "Uno de los más serios problemas del mundo actual es que muchas personas creen que, porque han estudiado, no tienen que pensar."
  • "¡Qué lindo sería ir al cine y ver una película tan buena como la que anuncian para la semana que viene!"
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