Murió "Tito" Lectoure, el alma del Luna Park

A los 65 años, como consecuencia de una afección cardíaca, falleció el empresario deportivo más importante del país; sus restos están siendo velados en "El Palacio de los Deportes"
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1 de marzo de 2002  • 08:56

A los 65 años falleció esta madrugada en su domicilio Juan Carlos "Tito" Lectoure, informaron fuentes cercanas al reconocido manager de boxeo.

Lectoure, dueño del Luna Park y empresario de boxeo y de una amplia gama de espectáculos, había sido intervenido quirúgicamente a principos de enero de una afección coronaria en una clínica porteña. Sus restos están siendo velados en el "Palacio de los Deportes", en Bouchard 465, entre la avenida Corrientes y Lavalle, pleno centro de la ciudad de Buenos Aires.

Hincha de River Plate, Lectoure sólo practicó boxeo en forma amateur, pero fue protagonista de una página dorada del deporte argentino ya que a su lado se consagraron 13 campeones mundiales, entre ellos Carlos Monzón.

Su familia estaba integrada por sus padres Juan Bautista (de quien heredó el Luna Park) y María Celia Naredo; sus hermanos Amalia Celia, Alicia Amanda, Oscar Roberto y Ernesto; cursó sus estudios primarios en el Colegio San José y el secundario en el Bartolomé Mitre. Nació el 10 de junio de 1936 en el barrio Balvanera de esta capital. Cumplió el servicio militar en la Policía Federal, como agente conscripto en 1955.

La leyenda de Corrientes abajo

(Este artículo fue publicado por LA NACION el 3 de enero de 1988)



Un tango, aquel de "un sábado más, hoy pelea Locche en el Luna Park", que popularizó Chico Novarro, sintetizaba, años atrás, todo lo que ese estadio, levantado en los que alguna vez fueron terrenos del ferrocarril, significa para Buenos Aires y su nostálgica magia. Y hoy, los sábados no serán los mismos, pues, en Bouchard y Corrientes, el boxeo ya no está...

Pasó mucho tiempo ya de aquellos sábados de boxeo con el estadio de bote a bote, de aquellas noches de bohemia.

Transcurrían las horas y la gente seguía en las esquinas cercanas al Luna discutiendo, conversando, casi siempre a los gritos. Después llegaba el momento de cenar, siempre cerca de Bouchard y Corrientes.

Si se habrá hecho grande la tradición de los sábados de Luna Park, a tal punto que, cuando había otro deporte, igualmente estaban los de siempre. Porque hubo muchos, que antes que nada, eran hinchas de pasar la noche del sábado por Corrientes abajo, cerquita del río.

La primera vez

Transcurrieron casi 56 años de la primera vez. Más de medio siglo desde aquel 5 de marzo de 1932 cuando se inauguró el boxeo en el Luna con tres combates: José Suárez Franco v. Juan Pathenay, Emilio de Rittis v. Eduardo Corti y Amílcar Caferatta v. Jack Canavesi.

Oficialmente, el Luna Park había comenzado a funcionar el 6 de febrero de ese año, con aquellos bailes de carnaval que eran amenizados por la Orquesta de la Guardia Vieja, que dirigían Ernesto Ponzio y Juan Carlos Bazán.

Cuentan que horas antes de aquellas tres peleas del 5 de marzo, dos hombres miraban al cielo y rezaban por que no lloviera, ya que su estadio, que contaba con tres tribunas, no tenía techo: eran José Lectoure e Ismael Pace, los dueños del Luna Park.

Si se quiere, por aquellos tiempos, lo de dueños era relativo, porque los terrenos pertenecían, como se dijo, a los ferrocarriles y éstos los alquilaban. Luego llegó el tiempo de poder comprarlos, pero antes de eso pasaron muchas cosas...

Corrientes 1066

Hubo un primer Luna Park, hermano mayor, quizás, del actual. Quedaba en Corrientes 1066 y su dueño era Domingo Pace, padre de José. Era el tiempo de Corrientes angosta, por 1917. Algunos años más tarde allí se efectuaron los primeros combates, luego de que en 1924 quedara sin efecto la ordenanza que prohibía realizar reuniones pugilísticas.

Llegó el tiempo de ensanchar Corrientes. Era le momento, según decían, del progreso. Y el viejo Luna se murió. Como don Domingo, aquel "tano" emprendedor que le dejó a su hijo la gran herencia de sus ganas, de su fuerza.

Entonces, José "Pepe" Lectoure e Ismael Pace, que, según les gustaba decir, eran "como hermanos" comenzaron a deambular por toda la ciudad. Al igual que aquellos circos legendarios hoy estaban allí y mañana aquí.

Organizaron peleas en el Circo Hippodrome (al ensancharse Corrientes también desapareció), en Boca Juniors, en San Lorenzo de Almagro, en River Plate, lugar este histórico para el boxeo, ya que fue allí donde mayor popularidad alcanzó Justo Juárez, el Torito de Mataderos.

José e Ismael iban y venían como gitanos. Sin un lugar para concretar sus sueños, la desesperanza se los iba comiendo día a día, hasta que surgió el lugar: los terrenos de Corrientes abajo. Allí fueron, hasta que en 1932 comenzó, ellos no lo sabían, la historia misma del boxeo argentino.

Llegaron los tiempos de la depresión económica, entre el ´32 y el ´36. Con inteligencia, con astucia y con alguna que otra noche sin ver el puchero, Pace y Lectoure se las arreglaron para que en 1934 el Luna Park tuviese su techo. Ahora podía llover cuando se le antojase al cielo.

"Aguantaron, galguearon"

Y lo paradójico de toda esta historia es que el terreno no era de ellos. Todo el esfuerzo y el cariño puesto día a día, año a año, podía irse en un abrir y cerrar de ojos. Pero no fue así, ya que en 1941, con 2.000.000 de pesos viejos, lo hicieron suyo.

"Aguantaron, aguantaron y galguearon, pero lo lograron", recordaba hace un tiempo el ex manager Nicolás Preziosa, otro pedazo de historia en el boxeo vernáculo.

Los años pasaron y la magia eligió a Luna Park para hacerlo grande. Y aquel estadio de boxeo se mezcló, casi sin que nos diéramos cuenta, con el mate, con Gardel, con Discépolo, con el vino y con nosotros...

La década del ´50 fue de llanto para la gente del Luna Park. En julio de 1950 murió José Lectoure; seis años más tarde, en un accidente automovilístico, falleció Ismael Pace.

Ellos ya no están

Ellos ya no están, se pensó, es el final. Pero debe de ser verdad aquello de que los luchadores y los locos contagian, porque las dos viudas, Ernestina de Lectoure y Sofía de Pace, no aflojaron. Siguieron adelante con los sueños de sus hombres.

Por entonces trabajaba en la empresa un chiquilín que tenía las mismas ganas que los grandes. Que gozaba con toda esa historia casi fantástica de pérdidas y ganancias, de noches gloriosas y de silencios que lo decían todo: Juan Carlos Lectoure.

Tras un breve tiempo de aprendizaje junto con Juan Manuel Morales, le tocó quedar al frente, junto con su tía Ernestina, ya que la viuda de Pace, de a poco, se apartó.

Orgulloso de él hubieran estado aquellos dos aventureros que tomaron la vida como un juego.

Ellos ya no están, se pensó, pero hay otro para seguir. La leyenda, entonces, siguió creciendo. Corrientes abajo vivía el boxeo.

Nostalgias...

Y en esta historia, también, nos podremos abrumar con nombres. Porque a cada uno de ellos le seguirá un recuerdo, quizás imborrable. Los combates Gatica-Prada, los peleones Bonavena-Peralta, el talento de Locche, la frialdad de Monzón, los momentos de Merentino, Lausse, Senatore, Calichio, Saddler, Moore, Bruno, Piceda, Beulchi, Lovell, Kid Gavilán, Thompson, Saldaño, Cahazú, Bunetta, Ochoa...

Sigamos, que hay más. Horacio Acavallo, Martiniano Pereyra, Fred Galiana, Dogomar Martínez, Raúl Landini, Arturo Godoy, Ignacio Ara, Oscar Pita, Cirilo Gil, Andrés Selpa, Ramón La Cruz, Víctor Galíndez, Santos Laciar, Sergio Víctor Palma, Gustavo Ballas, Juan Domingo Roldán. Porque ese enorme corazón que tiene el Luna Park albergó a miles de luchadores, a montones de hombres que buscaron seducir a la fama. Y también despidió, en jornadas luctuosas, a pedazos de nuestra historia: Pascual Pérez, Justo Suárez, Luis Angel Firpo, Bonavena, además, de Gardel, de Julio Sosa, de...

La realidad nos llama. Y el sábado llega sin que ningún aspirante a ídolo esté en la cartelera del Luna Park... El boxeo se fue de Corrientes abajo: esta noche no pelea Locche en el Luna Park.

Y mientras la historia busca un lugar donde morir en paz, la leyenda comienza a nacer...

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