Así lo soñó River

Desde 1994, cuando ganó por última vez, esperaba la revancha: vencer a Boca en la Bombonera. Lo consiguió con una goleada 3 a 0, en un partido vibrante; Cambiasso, Coudet y Rojas fueron los autores de los tantos
Claudio Mauri
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11 de marzo de 2002  

A veces, para cambiar un destino obstinadamente adverso, para quebrar un tabú prolongado, para sacarse un complejo de larga data, hay que hacerlo con argumentos que están fuera de libreto. Así lo hizo River para curarse de la plaga de la paternidad de Boca: con un resultado a priori impensado, elevando a la categoría de figura a un jugador, el paraguayo Rojas , habitualmente relegado al segundo plano, y prescindiendo, por primera vez en el torneo, de la implacable fórmula goleadora Cavenaghi-Ortega.

Pasaron siete años y nueve meses para que River volviera a ganar en la Bombonera con un resultado idéntico al de 1994. Un 3-0 del que se desprenden varias conclusiones. Una es que el puntero pudo trasladar al tanteador su mayor envergadura futbolística, presunción que antecedió a otros clásicos y luego se evaporaba en la cancha, pero que ayer se hizo más evidente porque Boca, encima, extrañó el timón conductor de Riquelme. Otra evidencia es que la dosis de fortuna que anda revoloteando en toda partido, y que tantas veces sopló en favor de Boca, ayer se puso del lado de River, especialmente después del primer gol y en algunos pasajes del segundo tiempo.

Una tercera lectura es que el equipo de Ramón Díaz, más allá del repliegue en el segunda etapa -actitud que en otras ocasiones le costó más de un disgusto-, demostró que tenía las ideas más claras que Boca, que hizo poco para ahuyentar la incipiente crisis que lo rodea. A su manifiesta falta de gol le agrega otra indisimulable cuota de confusión, a la que contribuyó Tabárez con sus dos cambios en el segundo tiempo, anulando a Delgado -se lo vio desganado- en la insólita posición de ocho y sin animarse a sacar un defensor por el delantero (Carreño) que hizo ingresar.

Es cierto que la goleada transmite una rotundidad que no tuvo un correlato tan nítido sobre el terreno. Pero River hizo valer sus mejores individualidades y un ataque más filoso y resolutivo. Boca se fue quedando con su voluntad improductiva, su impotencia y la postal del mellizo Guillermo como el que más se resistía al hundimiento, con su repertorio de recortes, gambetas y generosidad para buscar interlocutores en el área. Claro que no escapó al mal endémico de Boca: falta de definición.

Con su medio campo combativo, los xeneizes le pusieron el pecho al clásico, mientras su rival insinuaba recursos más pulidos cuando se hacía de la pelota. El valor del aporte personal decisivo tuvo su primer nombre en Cambiasso , que ratificó su capacidad goleadora al entrar por detrás de todo para quedarse con un centro. Enseguida se acopló Comizzo, para tapar un tiro libre de Guillermo y una entrada franca de Delgado; en esa secuencia, Gaitán desvió dos tiros frente al arco. Perdonó Boca y no lo hizo River con un contraataque fantástico, que nació en un pelota que Ortega le ganó a Serna y pasó de izquierda a derecha para el tiro cruzado de Coudet .

River se agrupó en su terreno y por momentos fue demasiado contemplativo con un Boca que estaba herido atrás -tiro de Cavenaghi en el poste- y adelante, más allá de algunas aproximaciones. El triunfo que River necesitaba derivó en festival con el golazo de Rojas. Un resultado con el que se redime del pasado reciente en los clásicos y se gana buena parte de un futuro con forma de título de campeón.

Las claves

  • River tuvo las mejores individualidades y supo aprovechar los momentos favorables. Con rendimientos parejos en todas sus líneas, controló a un rival voluntarioso, pero sin un plan de juego ni profundidad.
  • La seguridad en Comizzo, la firmeza en la marca y un par de proyecciones espectaculares de Rojas, la personalidad goleadora de Cambiasso y los chispazos de Ortega compusieron lo más destacado del puntero.
  • River se replegó en el segundo tiempo. Tabárez no acertó con los cambios, al ubicar a Delgado como volante por la derecha.
  • Esta vez, Boca no hizo pesar su mística ganadora en los clásicos. River aprovechó su confusión y no lo perdonó.
  • Con nuevos goleadores

    River se mantiene como el equipo más efectivo del Clausura, con 19 goles en seis partidos. La novedad es que ayer sumó nuevos nombres a la lista de anotadores. Antes del clásico, la nómina se resumía a Cavenaghi (convirtió ocho), Ortega (siete) y D´Alessandro (uno). A ellos se agregaron Cambiasso, Coudet y Rojas, autores de las conquistas en la Bombonera.

  • La sequía de Boca. La contracara del puntero es el conjunto xeneize, que en este torneo aún no pudo ganar como local (empates ante San Lorenzo y Gimnasia y Esgrima La Plata y derrota con River).
  • Su promedio de gol es muy bajo: ocho en seis cotejos. Hay ocho equipos que lo superan en la cantidad de tantos a favor. Y está sólo cuatro goles por arriba de los más ineficaces del certamen: Central y Chicago (cuatro goles).

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