Opera argentina en Brasilia

El compositor Oscar Edelstein presentará allí su espectáculo "Tiradentes"
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19 de marzo de 2002  

Amor a primera vista. Eso fue lo que ocurrió entre el compositor argentino Oscar Edelstein y la ciudad de Brasilia.

Edelstein fue invitado por primera vez a la modernista capital del Brasil, construida durante la década del 50, para mostrar su música hace dos años, y desde entonces fue invitado a regresar en tres ocasiones. Primero fue la presentación en vivo de sus obras de teatro musical “El tiempo. La condena” y el posterior desembarco de su Ensamble Nacional del Sur, que derivó en el inicio de tres tesis doctorales sobre su particular universo estético en la Universidad Nacional de Brasilia. Por último, su participación como docente en el multitudinario 24° Curso de Verano de la Escuela de Música. La buena repercusión del público y la prensa local no hacen más que demostrar que no se trata de un romance pasajero.

De hecho está a punto de tener un corolario impactante: la realización de un monumental homenaje a uno de los mártires de la historia brasileña, “Tiradentes”, tomando la ciudad de Brasilia como un gigantesco escenario al aire libre.

Joaquim José Da Silva Xavier “Tiradentes” (1746-1792) encabezó la rebelión conocida como la “Inconfidenza minera” en la zona de Ouro Preto, contra la opresión imperial portuguesa. Por esto terminó siendo condenado a muerte y su cuerpo, descuartizado, exhibido en diferentes puntos de la ciudad como escarmiento.

Caminando en la ciudad con forma de ave imaginada por Lucio Costa fue que se le ocurrió “esta especie de ópera a cielo abierto, que tendría como fin reconstruir a Tiradentes con la atmósfera de Brasilia. La idea es tomarlo como metáfora, para lo cual toda la ciudad de Brasilia va a estar dividida en sectores con distintas óperas desarrollándose en forma simultánea en los distintos barrios de Brasilia, las que van a ser transmitidas por video al Teatro Nacional, donde las partes van a ser juntadas. Finalmente, la obra va a usar Brasilia como un gigantesco teatro”.

El concepto no es casual, sino que parece ser la nueva vuelta de tuerca en la obra de Edelstein, un creador surgido de las filas de la vanguardia electroacústica de los 70 y que hoy dicta clases de composición y orquestación en la Universidad de Quilmes, donde también dirige un ambicioso proyecto de investigación denominado “Música y drama, nuevas dimensiones en la performance”.

Precisamente uno de los temas centrales del proyecto, que Edelstein lleva a la práctica concreta a través de sus obras, es el ensayo del control dinámico del espacio acústico. A través de la combinación entre la la computación, instrumentos electroacústicos y la voz, Edelstein se propone construir lo que define como “teatro acústico”, en el que a las tres dimensiones del espacio también les suma la del tiempo para lograr que este parámetro también juegue un papel relevante en la composición.

Si el salto hacia los espacios abiertos es una audaz apuesta, no hay ciudad que parezca más adecuada para la empresa de este infatigable investigador de nuevos horizontes sonoros que Brasilia.

La ciudad ideada por Lucio Costa, que concentra el poder político de Brasil, expresado en las obras del arquitecto Nyemeyer, y sus instituciones culturales están sirviendo de fermento para que las piezas de esta idea se unan. “Una de las cosas que más me impresionaron fue la sensación de que en la Argentina teníamos limitada la capacidad de soñar proyectos así. De hecho, este proyecto no se me ocurre para Brasilia sino cuando estaba en Brasilia.” De hecho, Edelstein ya cuenta con la invitación concreta para trabajar como compositor y docente en residencia de la Universidad Nacional de Brasilia para el segundo cuatrimestre de este año, con el objeto de poner en marcha el proyecto.

Por eso Edelstein se esperanza: “Me encantaría que lo tomaran como un homenaje. Es un proyecto que tiene muchas dificultades. Pero últimamente me dediqué a este tipo de proyectos.”

–Lo suyo es la progresión geométrica...

–Lo que ocurre es que era imposible no pensar en eso. Y cuando empecé a charlarlo con el IDA me di cuenta de que requiere un gran trabajo de producción. Pero no veo problema ni en la creación ni en el armado, que está naciendo. Necesito un poco de suerte. Está en un 50 por ciento de realización. O más. Para hacerla se necesita un presupuesto, estar allá, la colaboración de bandas y orquestas. Parte del presupuesto está comprometida, al igual que la colaboración de orquestas y el IDA.

Lo monumental

Desde el estreno de su obra electroacústica “Viril Occidente”, en 1988, el trabajo de Edelstein está signado por llevar al límite las fuerzas propias y del entorno. Esta vocación experimental fue la que hizo que el director teatral Roberto Villanueva lo convocara para todas las puestas que realizó en los últimos años, así como para colaborar con coreógrafas como Silvia Pritz.

La creación del Ensamble Nacional del Sur fue la cabecera de playa para desarrollar una alquimia única entre un grupo de raíces casi rockeras, pero en un nuevo contexto electroacústico que crecía día tras día, que ahora parece pequeño ante el desafío de Brasilia.

Tal vez por eso el propio Edelstein se permite bromear con la “desmesura” inherente en sus proyectos musicales: “Tengo la sensación de que todo esto termina en una obra para flauta”, dice con humor.

Es que Edelstein sabe que está reivindicando un tipo de utopía modernista, que algunos ven como demodée. Al respecto argumenta: “Más que una posición o un discurso hay una actitud con lo nuevo, una presión de lo nuevo en mí. Que no tiene que ver con el camino señalado, sino con el vacío en sí. Y en esa relación con el vacío –que creo que todos los artistas sensibles compartimos– creo que la vanguardia es inevitable”.

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