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Fortabat vende parte de sus obras

Son cuadros de Degas, Miró y Gauguin, entre otros, con una cotización que llegaría a US$ 61 millones
Juana Libedinsky
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20 de marzo de 2002  

Las dos jóvenes de largo pelo negro que conversan bajo las palmeras en el cuadro de Gauguin probablemente nunca verán Puerto Madero. Ni tampoco el paisano catalán del retrato surrealista de Miró, ni las señoras elegantes que pasean por el Louvre de Degas.

Porque en una decisión que conmocionó al mundo del arte, la empresaria más poderosa de la Argentina, Amalia Lacroze de Fortabat, puso en venta 20 obras de su famosa colección de pintura europea, de un valor estimado entre U$S 43 y U$S 61 millones.

La conmoción fue múltiple porque la señora de Fortabat siempre fue más conocida por sus compras que por sus ventas en los grandes remates internacionales. Y porque muchos consideraron un signo más que preocupante que alguien que está a punto de abrir un museo dedicado a su colección personal de arte decida desprenderse de algunas de sus piezas más valiosas.

La cita será el 4 de mayo, a las siete de la tarde, en las lujosísimas salas que Sotheby´s estrenó recientemente en el Upper East Side neoyorquino. Pero ya se están preparando los catálogos para el ansiado remate de arte moderno e impresionista, en los cuales sólo se publicitan las obras de Fortabat como pertenecientes a "una importante colección privada". Incluso, los representantes de Sotheby´s en Estados Unidos accedieron a dar las reproducciones a LA NACION con la condición de que se aclarara taxativamente que ellos no confirmaban que los cuadros pertenecieran a la reina del cemento.

Posibles razones

La responsable de poner el cascabel en el gato fue la prestigiosa periodista de The New York Times Carol Vogel. En diálogo con LA NACION, Vogel dijo que no había "ninguna duda" respecto del origen de las obras, pero que no podía dar más datos para proteger a su inobjetable fuente. Vogel, además, subrayó que la causa de la decisión eran los "considerables reveses económicos" sufridos recientemente por la empresaria, aunque esto fue debatido por algunos.

Según el ecoartista Nicolás García Uriburu, amigo personal de Fortabat, la coleccionista quería traer sus obras (que permanecían en la suite del hotel Pierre que tiene en la Gran Manzana) a Buenos Aires, pero la desalentaron las insistentes trabas a la importación de arte.

"El museo es su gran aporte a la Argentina y la escuché decir que iba a traer cuadros desde Nueva York. Pero el disparate de tasas que hay que pagar lo hizo imposible. ¡Es el único país del mundo que rechaza lo que todos los demás quieren!", se indignó. Uriburu agregó que era justamente esta situación la que llevó a Eduardo Costantini, durante largo tiempo, "a tener sus obras en lo del entonces presidente del Uruguay, Julio Sanguinetti", antes de poder traerlas al otro lado del Plata.

Según Vogel, la señora de Fortabat -que ayer no respondió las llamadas de LA NACION- "en un principio quería vender el Degas y el Gauguin en la subasta de impresionistas de Sotheby´s de noviembre último, pero después de los atentados del 11 de septiembre retiró las obras, temiendo que el mercado del arte colapsara -explica en su artículo-. Pero cuando las ventas de noviembre resultaron exitosas, decidió sacarlas a subasta en mayo con otras 18 piezas".

¿Y en qué queda el museo? La gran estructura diseñada por el arquitecto Rafael Viñoly en el Dique 4 de Puerto Madero está prácticamente lista, después de una serie de demoras. Pero el contenido y su organización permanecen en el misterio.

Junto con el crítico Guillermo Whitelow y el artista Luis Benedit, Rogelio Polesello fue llamado a conformar el grupo que definió como de "asesores de clasificación de obras".

"Funcionábamos como un directorio y dábamos una orientación sobre cómo se iba a organizar el museo", aclaró el artista. Polesello usa el pretérito porque, en agosto último, les informaron de "una postergación en el proyecto, que, desde entonces, no se reasumió", explicó.

"Aunque el edificio esté casi listo, falta mucho; no hay una línea directiva para la biblioteca, para la cinemateca -agregó el artista-. Y en la clasificación de obras sólo llegamos a abordar la parte de arte argentino que tenía acá."

Aunque nunca quedó claro cuáles piezas serían expuestas en el museo, Polesello no descarta que las obras que serán rematadas podrían haber terminado en él. "Hay muchas salas, y se puede dar cabida tanto al arte argentino como al europeo; pero como no es lo más sencillo, quizás esté vendiendo estos cuadros para comprar otros de una misma línea pensando en el proyecto", concluyó esperanzado.

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