La calidad del Coro Polifónico

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11 de abril de 2002  

Temporada 2002 del Coro Polifónico Nacional. Cinco motetes de Anton Bruckner y Missa Choralis, para coro, solistas y órgano, de Franz Liszt. Solistas: Silvina Sadoli (soprano), Laura Domínguez (contralto), Pablo Travaglino (tenor), Clodomiro Fora y Puig (barítono) y Juan Fernández Mendy (bajo). En órgano: Adelma Gómez. Director invitado: Gustavo Maldino. En la basílica Nuestra Señora de la Merced, Reconquista 206.

Nuestra opinión: muy bueno.

Es otra conquista de nuestro Coro Polifónico: exhumar obras corales como estos motetes de Bruckner y esta Misa de Liszt, dos autores que no suelen ni siquiera mencionar importantes guías de la música sacra universal, tan poco transitadas que su ejecución se asimila a un estreno.

El Polifónico Nacional se encuentra hoy en pleno camino de convertirse en uno de los mejores coros del país, gracias a la labor tesonera de su director, Carlos López Puccio. De esto da cuenta su nueva actuación en la iglesia De la Merced, a la que se suma un hecho anecdótico. Salvo que algún memorioso -nunca faltan- lo recuerde, ésta sería la primera vez que lo dirige un músico del interior del país, invitado especialmente por el director del ensamble.

El elegido es el compositor, arreglador y director de coro y orquesta de Córdoba Gustavo Maldino, que encuentra a nuestro coro en inmejorable momento, tras haber acometido, en la temporada 2001, 14 programas distintos que incluyeron conciertos tan enjundiosos como los réquiem de Mozart, Verdi, Duruflé y Poulenc; la Novena Sinfonía de Beethoven, con la Filarmónica de Israel dirigida por Mehta; el Te Deum de Bruckner y las Piezas Sacras de Verdi, amén de conciertos a capella.

Nuevamente el programa de mano del Coro Polifónico Nacional es un ejemplo de buen criterio, donde no sólo se incluye un currículum del coro y del director Maldino, sino que se anuncia toda la temporada 2002 (el próximo será el 16 de junio en Nuestra Señora del Pilar, Junín 1904) de sus Conciertos a Capella, con varios directores invitados, como Néstor Andrenacci y Mariano Moruja. Sobre todo, se incluye la traducción al castellano del texto latino de los motetes de Bruckner, detalle que permite al oyente profundizar sobre su contenido religioso.

En la primera parte del concierto, el coro se instala junto al altar mayor para acometer a Bruckner. Sin duda, estos cinco motetes (Pange lingua, Ave Maria, Os justi meditabitur, Tota pulchra est Maria, Christus factus est pro nobis) demuestran la profunda religiosidad del músico austríaco. Ya desde el Pange lingua se advierte que no es éste el creador hiperbólico de las sinfonías, sino el recatado y devoto maestro que expresa con unción los textos sagrados, mediante un devenir moroso y solemne de las armonías. Lo hímnico, lo majestuoso, no apela ni al cromatismo ni a la polifonía sino que se ciñe al cántico acompañado, o a lo antifonal del llamado-respuesta, que incluye pasajes entresacados del canto gregoriano. Su cercanía estética y estilística al Brahms y al Mendelssohn religiosos es sugestiva.

La sorpresa mayor llega en la segunda parte del programa, cuando el Polifónico, ya instalado arriba, en el coro de la iglesia, junto al órgano de Adelma Gómez, se dispone a desgranar las seis instancias de la Missa Choralis de Liszt.

Una obra sorprendente

Este también es el otro Liszt, lejos del niño prodigio, del exhibicionista mefistofélico del piano, del aventurero amoroso, del inventor de desafiantes formas musicales. Este es el abate Liszt de la sotana, recluido en Roma y conquistado por la fe. Algo ha quedado aquí del Liszt romántico, el del audaz cromatismo, el que imaginó "la música del futuro", como lo es el Agnus Dei de esta obra.

Todo es sorpresa en esta misa. Empezando por un Kyrie gregoriano que asume el diseño para transmutarlo en estilo imitativo y configurar un inicio polifónico. Bellísimo, delicado en sus vaivenes, el Kyrie deriva en un Christe más serio, donde el tratamiento fragmentado del e-lei-son es toda una novedad dentro de esta fantástica simbiosis de canto llano y polifonía. El Gloria también recurrirá al estilo canónico con pasajes que conjugan lo exultante con lo piadoso. Por su parte, el Credo también utiliza un leitmotiv gregoriano para expandirse en esta proclamación de fe, donde también caben un Crucifixus y un Passus et sepultus de sobrecogedoras atmósferas cromáticas, coronado por un Amen , también en canto llano. El solemne Sanctus tiene reservado pasajes para las voces masculinas, y el Benedictus para las femeninas, pero sin caer en la laxitud conque suele ser tratado. Y el dramático Agnus Dei , con otros tramos en gregoriano, es un final donde Liszt visualiza un futuro que anticipa el atonalismo.

El coro ha demostrado en todo momento la flexibilidad y la belleza de sus voces, al develar estas inéditas invenciones de Bruckner y Liszt. Los matices en los piano y mezzoforte, la imponencia en los forte, el minucioso fraseo, la cálida expresión del texto, la correcta afinación, todo conforma un nuevo paso en esta etapa que anuncia nuevas conquistas musicales para un organismo que es orgullo de nuestra música y nuestra cultura. Esto deben saberlo y valorarlo los funcionarios culturales para alentar los nuevos emprendimientos del Polifónico Nacional, en la certeza de que hoy se constituye en luminosa contrapartida de la decadencia cultural que padecemos, y en la esperanza de días luminosos para el arte cultivado por argentinos.

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