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Milla, un chico de 15 años golpeado por el destino

Roberto Berasategui
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19 de abril de 2002  

“Recuerdo muy poco del accidente. Apenas unos metros antes del golpe, que se me vino el auto encima y nada más. Luego me acuerdo que abrí los ojos y que me estaban auxiliando. Nada más.” Así relató, desde su Campana natal, Matías Milla, de 15 años, el piloto de la Fórmula Renault que protagonizó el mortal accidente en el autódromo de Río Cuarto, donde falleció Matías Rico el domingo último.

El impacto fue terrible. Milla transitaba a 170 km/h cuando el coche de Rico se atravesó en la larga recta cordobesa y se cruzó en el camino de Milla, que lo chocó de frente. Allí apareció la tragedia. “Reconozco que nací de vuelta. Sólo sufrí traumatismos en la pierna izquierda, pese a que en un principio se pensaba lo peor y, luego, que estaba fracturado”, comentó Milla, que lleva consigo el yeso en la pierna para acelerar el proceso de recuperación.

“Físicamente estoy bien. Anímicamente no tanto. Es un momento muy duro. Todos me explicaron que yo no soy responsable del accidente, pero igual no me siento bien. No lo conocía a Rico, porque yo justo debutaba en Río Cuarto en la Fórmula Renault. Es duro”, confesó el chico de 15 años, que tuvo la muerte en sus narices.

Sobre los minutos posteriores al gran golpe, Matías recordó: “Gracias a Dios tenía los cinturones de seguridad muy bien ajustados, por lo que no me moví en el choque. Yo sufrí una desaceleración muy grande, pero por suerte estaba bien firme en la butaca. Recuerdo también que, además del dolor en las piernas, me ardía la cola. Cuando me pusieron en la camilla y me subieron a la ambulancia, me dolía más la cola que las piernas. Era por el combustible que se desparramó en la butaca. No pensé que picaba tanto”.

Los padres de Matías insisten en que no compita más en el automovilismo deportivo. Nunca fueron entusiastas con la pasión de su hijo, pero aceptaron la decisión de correr y lo ayudaron. “Mi hijo nació de nuevo. No me gustaría que vuelva a correr. Pero si él quiere continuar, que lo haga. Es su decisión y debo respetarla. De todas maneras, tendremos mucho tiempo para charlarlo tranquilos”, comentó papá Pedro.

“No sé si seguiré corriendo o no. La verdad es que estoy confundido todavía. Pasaron muchas cosas y quiero que pase el tiempo para definir mi futuro. Me impresionó mucho el accidente cuando lo vi por televisión. También las fotos de los diarios y de la revista Corsa son terribles. Quizá deje de correr para siempre. En diez días tengo la prueba de karting, por el campeonato Panamericano. Si no voy es porque cuelgo el buzo y el casco para siempre”, le confió Matías a LA NACION.

Milla fue campeón de los certámenes argentino y bonaerense de karting, en la clase junior, en 1999, y campeón argentino en la senior, en 2000.

Su papá destacó el gesto de Esteban Tuero, que tras la carrera del TC 2000 en Río Cuarto, se acercó junto con su padre (además de los compañeros de la F. Renault y dirigentes del TC 2000) a la clínica San Lucas, donde fue internado Milla hasta el día siguiente al choque.

“Tengo licencia para no ir al colegio, pero igual mañana (por hoy) iré. Curso el segundo año del bachiller y ya tengo decidido que estudiaré Medicina, al margen de lo que haga con el automovilismo”, advirtió Matías, que agradeció la atención recibida en el autódromo por los auxiliares, como también en el sanatorio cordobés.

“Seguramente nunca me olvidaré de este debut en la Fórmula Renault. El sábado fui a saludar a Juan María Traverso, porque es mi ídolo. No sólo por su talento en las pistas, sino por su personalidad. Es el más grande. Y pensar que al otro día todo terminó en tragedia. Durante los próximos días meditaré con la almohada qué hago con mi vida, que ahora tiene otro valor, sin dudas.”

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