Murió Indra Devi, la maestra de yoga de casi 103 años

Un espíritu sin edad, según sus amigos
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26 de abril de 2002  

La maestra rusa de yoga Indra Devi murió ayer en esta capital, a 17 días de cumplir los 103 años, a causa del agravamiento de un problema respiratorio. El deceso se produjo en la clínica Lesit de Caballito, donde se hallaba internada desde el 15 de febrero último.

Mataji Indra Devi era su nombre yóguico completo; el primer apelativo significa madre en sánscrito, a pesar de que nació como Eugenie Peterson. Aunque su cuerpo tenía 102 años, aún se sentaba en el suelo y cruzaba las piernas, como si fuera una adolescente dispuesta a compartir sus secretos con una amiga.

Alguien le dijo que no podía explicarse cómo a esa edad se podían dar muestras de semejante plasticidad, a lo que ella respondió que lo que no se explicaba era cómo había tantos jóvenes sin libertad en sus movimientos y tantos mayores con temor a su propio cuerpo.

Indra Devi era una mujer de tres siglos. Había nacido el 12 de mayo de 1899. Pero por sus venas corría una sabiduría milenaria. "Era un espíritu sin edad", decían ayer, con paz, sus amigos y discípulos.

Nació en Rusia, vivió gran parte de su vida en la India, fundó una escuela de yoga en China y fue la maestra de grandes figuras de Hollywood, como Rita Hayworth, Greta Garbo, Gloria Swanson y Yul Brynner. Era conocida como la "dama del yoga" y difundió esta disciplina en Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, México, España y Alemania. Publicó una decena de libros sobre el tema.

Eugenie Peterson -su nombre original- provenía de una familia de la aristocracia, de madre artista y padre de origen sueco. En 1920, durante la guerra civil, ella y su madre salieron de aquel país para establecerse en Alemania, donde Eugenie entró a formar parte del elenco de un famoso teatro ruso. Se ganaba la vida como mimo.

Su gran sueño se cumpliría en 1927, cuando viajó a la India. Desde pequeña se sentía atraída por la cultura y la espiritualidad de aquel país, en el que vivió durante 12 años, primero como visitante, luego como esposa de un diplomático extranjero y más tarde como estudiante de yoga.

Indra Devi se acercó a esta disciplina después de haber sido curada por medios yóguicos de una dolencia del corazón. Comenzó a dar clases y conferencias sobre el tema, y así fue conocida como la primera occidental que enseñaba yoga en la India.

Conoció personalmente a Mahatma Gandhi y al gran poeta Rabindranath Tagore. Cuando su marido fue trasladado a China, Indra Devi abrió la primera escuela de yoga en China, en febrero de 1939. En 1953 se casó en segundas nupcias con Sigfrid Knauer, un distinguido médico y humanista.

Siempre miraba a los ojos

Indra Devi llegó a la Argentina en 1982. Tres años más tarde se radicó aquí y comenzó una amplia tarea de difusión en varias ciudades, en Brasil, Uruguay, Paraguay, Chile, México en América, y España y Alemania en Europa. "¿Por qué este país?" -le preguntaron-. "¡Simplemente porque me gusta!", respondió.

En junio de 1988 creó la Fundación Indra Devi, Yoga, Arte y Ciencia de Vida. Allí vivió y escribió su libro "Sai Baba y yo", donde relata el encuentro con el líder religioso. "Sai Baba no tiene explicación -escribía Indra- entonces yo no pregunto, simplemente acepto. La mente humana no está en condiciones de alcanzar el misterio, sólo puede sentirlo."

Devi daba charlas para ignotos en yoga y, al cabo de dos horas de reunión con ella -durante las que no sólo hablaba, sino que también preguntaba-, la mayoría de los oyentes sentía que esa pequeña mujer sabía muchas cosas de la vida y, lo que es más curioso, de la vida de uno. Por más que fueran muchos los asistentes, solía mirar a los ojos cuando hablaba.

Hace unos años le preguntaron si le tenía miedo a la muerte. "No. ¿Cómo se le puede tener miedo a la muerte cuando estamos después en un estado tan bonito, tan lindo, con todos los que salieron de este mundo y con los más altos y los más santos?", fue su respuesta.

Así la recordaron ayer sus amigos y alumnos más cercanos, en el velatorio."Yo estaba en un pozo depresivo y se acercó una viejita muy pequeña que me recordaba a mi abuela. Me dijo: «Tu vida es el yoga, vas a estar conmigo, yo te voy a preparar»", contó su discípula Yana Lifar, que junto con su marido, David, dirige actualmente la fundación.

La historia se repetía en cada uno de los que fueron a despedirla ayer. La conocieron en las clases y charlas que ofrecía desde 1985. "Tengo argentinos y muchos", repetía Devi cuando veía los teatros llenos.

Según los amigos que fueron a despedirse de su maestra, Indra Devi era jovial y muy activa. Hasta seis meses atrás, se levantaba temprano y realizaba las posturas de yoga conocidas como "salutación al sol". Luego tomaba su desayuno y se preparaba para atender a todo el que deseara hablar con ella.

"Se quedaba hasta la noche. Era consejera espiritual de todos. "Para mí un presidente vale igual que un mendigo", repetía constantemente", afirmó Lifar. Cuando le regalaban flores, salía a la calle y se las daba a la gente. Solía ir a los hospitales y abrazar a las personas. "Cuando estaba muy cansado, me abrazaba y desaparecía el agotamiento instantáneamente. Me enseñó a vivir", recordó el periodista Andrés Percivale, que la conoció en 1986 en un reportaje y se transformó en su alumno. "Mataji era una verdadera maestra, de esas personas que te ayudan a recobrar lo que está dentro tuyo", dijo.

Según sus amigos, a Devi le gustaba pasear en barco por el Delta, ir a tomar té a las confiterías y darles de comer a las palomas en las plazas. "Ella quería disfrutar la vida. Internada, me preguntaba hasta el último minuto: «¿Y qué programa armaste para hoy?»", contó David Lifar.

Como una niña libre

El cantante Piero, que la conoció en 1982, con quien viajó a Egipto y trabajó en la Fundación Buenas Ondas con chicos de la calle, la definió así: "Es el ser más elevado que conocí y el más coherente, su enseñanza era dar amor sin esperar recompensas. Era superlúcida, como pimienta, una niña libre. Cada cosa que resolvía era enseñanza pura".

Será velada, hoy y mañana, en Córdoba 5084. "Se necesitan tres días para abandonar el cuerpo -explicaba Devi a sus amigos antes de morir-. El alma se va y sólo queda un guante usado." El domingo sus restos serán cremados, a las 9, en un cementerio privado de San Martín.

Sus palabras

El yoga: "El yoga puede dar a cada uno, no importa cuál sea su religión, o su color de piel, todo lo que necesita: la paz, la salud y la tranquilidad, y si podemos ayudarnos a nosotros mismos podemos también cambiar a los demás".

Confusión: "Saber quién eres sólo es difícil cuando te confundes con lo que haces o lo que tienes".

Lo frívolo: "La frivolidad es como el polvo, recubre hasta volver opacas las superficies más brillantes del alma".

Armonía: "Si en tu vida no hay armonía, significa que no has buscado lo suficiente".

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