Luiz Fernando Carvalho, talento made in Brasil

A los 41 años, el director de exitosas telenovelas brasileñas estrenó su primer largometraje, el bello film "A la izquierda del padre"
(0)
11 de mayo de 2002  

A Luiz Fernando Carvalho lo arrebató primero una inquietud. Luego, cada día más insatisfecho con su exitosa labor para la televisión brasileña, el hombre que dirigió populares telenovelas -entre ellas, "El rey del ganado"- comprendió que había entrado en una profunda crisis profesional.

De esa tempestad íntima nació su primer largometraje, "Lavoura arcaica", premiado en distintas muestras internacionales, que en nuestro país se estrenó la semana pasada con el título "A la izquierda del padre", después de haber conquistado al público en la última edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires.

"Empecé a trabajar en cine cuando tenía 20 años -cuenta Carvalho (41), en diálogo con LA NACION, durante su primera visita a la Argentina-. Dirigía cortometrajes, y sólo había trabajado en largos como asistente, haciendo montaje. Cuando la producción cinematográfica brasileña se debilitó, me volqué a la TV, donde trabajé durante dos décadas sin perder estrecho contacto con el cine. Pero siempre me sentí extraño en la televisión, aunque ese extrañamiento me nutría a la hora de elegir proyectos, elencos, formas de narrar dentro de los parámetros muy rígidos del medio. Hasta que llegó un momento en que ya no pude seguir haciendo TV, me sentía profundamente frustrado. Los críticos me elogiaban, pero yo estaba muy desgastado, sentía que repetía lo único que había conseguido, que era humanizar la narrativa televisiva."

Prueba de fuego

Sumido en la incertidumbre, Carvalho necesitaba respuestas. "Quería saber si estaba en lo cierto, si continuaba ejerciendo la profesión de director o si desistía de ella absolutamente. Y sabía que no era un proyecto televisivo lo que me traería de nuevo la paz. Necesitaba hacer algo fuera de ese medio, absolutamente solo y corriendo todos los riesgos."

El hombre de TV comenzó a leer febrilmente. Tamizaba novelas, dramas, tratando de dar con esa historia que le permitiera atravesar el espejo de su frustración. "No sabía si mi primer trabajo verdaderamente importante sería en cine, en teatro o en música. Siento que todos estos años me estuve preparando intensamente para hacer algo sin saber muy bien qué era."

Carvalho descubrió el libro "Lavoura arcaica", de Raduan Nassar, lo leyó de una sola vez, se sintió transportado y lo convirtió en materia de su primer largometraje. El resultado es un film bello por donde se lo aborde, y barroco. Durante dos horas y cuarenta minutos, combinando imágenes preciosistas, buena música y un abundante, rico y complejo texto oral, Carvalho cuenta la historia de André, un joven que traza la parábola del hijo pródigo en el Brasil de comienzos del siglo XX y en el seno de la protectora y asfixiante estructura patriarcal de una familia campesina de origen libanés.

-Por extensión, lenguaje y temática, "A la izquierda del padre" es una rareza dentro del cine actual.

-Sí, pero eso no responde a una intención provocativa de mi parte sino a mis necesidades de expresión. La sociedad de consumo quiere que todos seamos iguales, pero los seres humanos somos diferentes unos de otros. Tal vez sólo nos igualen el sueño y la muerte. De modo que si uno busca una forma de expresarse propia, legítima, crea una diferencia aunque no se lo proponga. Yo buscaba una historia densa, donde la palabra fuera necesaria y tuviera contenido. El libro de Raduan está escrito sin punto y aparte, y también me interesó esa especie de plano-secuencia literario, esa gran narrativa sin cortes, porque creo que el lenguaje visual está masificado y es mediocre. El cine mundial está muy marcado por la estética televisiva y publicitaria. La narración se hace sirviéndose de cortes obvios que carecen de una función dramática. Para mí, el corte es un personaje más dentro de un film: trabaja con los actores creando una atmósfera especial en cada escena. Creo que los cineastas contemporáneos usamos muy poco y muy mal todo ese universo simbólico y sensorial que el cine puede despertar en el espectador.

-¿Por qué?

-Porque somos fruto de una era que ya no cree en el arte como instrumento de trascendencia. Hoy todo tiene que ser consumido inmediatamente. Yo no podría hacer un film por año. Estuve cinco años trabajando en esta película y no sé cuándo voy a hacer la próxima; no sé siquiera si haré otra.

La formación de Carvalho comprende estudios de literatura y de arquitectura, manifiestos en "A la izquierda del padre". "Dejé la carrera de arquitectura cuando empecé a trabajar en cine; entonces me volqué a la literatura, porque pensé que me ayudaría en la construcción de las historias, pero también abandoné, cuando comencé a trabajar en televisión. Completé algunas materias, como teoría de la arquitectura y los cuatro años de Historia del Arte, que me sirvieron mucho.

"La literatura atiza mi imaginación, no me gusta la profesión de guionista. Creo en autores, en creadores, no un grupo de guionistas que se juntan para escribir una historia. También soy un apasionado por la Bauhaus y por arquitectos como Le Corbussier y por Frank Lloyd Wright. De todos modos, trabajo bastante con la improvisación. Siempre que construyo mucho después destruyo, porque me parece que lo que hice es muy racional, muy didáctico y muy obvio. Llego al set con una idea; sé qué es lo que tiene que pasar en una escena, pero ignoro cómo va a suceder. Porque uno ha planeado todo cuidadosamente en su habitación, pero al día siguiente, cuando va a filmar, ocurre que la luz cambió, o sopla el viento, o un actor hace un movimiento inesperado y lo que uno había pensado se transforma en otra cosa. En ese caso, si no improvisás sos un cobarde."

Identidad latinoamericana

Entre los elementos que hacen de un film una genuina expresión artística, a Carvalho le interesa especialmente la identidad.

"Soy latinoamericano y pretendo que mi film tenga sangre. Me interesa un cine que pueda mezclar alta pasionalidad con alta reflexión. Los extranjeros piensan que los latinoamericanos sólo somos capaces de hacer películas estereotipadas. Ven el cine brasileño como una historieta de samba y carnaval, con mulatas, fútbol y un poco de pobreza, que no debe faltar. Creo que nuestras culturas (las de todos los países de América del Sur) son riquísimas por su complejidad, por su mezcla. América latina está todavía en formación y esa es nuestra riqueza. Por eso me parece un gran desperdicio no aprovechar esta diversidad en movimiento, que es una materia bellísima para hacer arte, y en cambio adoptar un modelo extranjero para sentirnos más cómodos en el mundo. Este es uno de los problemas de un continente que no prioriza la cultura y la educación como proyecto político."

-¿Cómo cree que se manifiesta ese problema en Brasil?

-Brasil es tan grande que es un continente en sí mismo. Nuestra cultura está comandada por el mercado, y el mercado privilegia lo que es comercial y vendible, las consagraciones inmediatas. Entonces, no privilegia a los negros ni a los indios, que son pueblos importantes en la formación de nuestro país, y tampoco privilegia a las mujeres; al contrario, las deja transformarse en estereotipos, en un objeto de venta. Las mujeres brasileñas siempre fueron un símbolo de sensualidad y de fuerza nacional. Ahora se ponen siliconas (¿acá también, verdad?) y hacen dietas absurdas. Están cambiando la forma de sus cuerpo por la de las mujeres norteamericanas, que también están siendo construidas en su país según un estereotipo internacional.

Ya sea como símbolo de fuerza nacional o, más modestamente, del poder de la tierra y del hogar, las mujeres reinan en el territorio del sentimiento; el de la razón les está vedado, y eso se ve claramente en "A la izquierda del padre", donde la palabra se muestra como un bien preciado, pero exclusivamente masculino. En el film, las mujeres cantan, bailan, rezan, besan, ríen, lloran y acarician. Sienten, pero no hablan.

"En esa casa, las leyes son dictadas por el padre. Paralelamente, existe allí otra estructura, la de las mujeres, que en cualquier sociedad machista están interdictas, de modo que su lenguaje (que es el lenguaje de los afectos) se vuelve subversivo. Uno de los temas principales de la película es la iniciación en el mundo de los adultos, en la masculinidad. En ese terreno se libra un combate del padre con el hijo. El hijo quiere estructurarse, volverse hombre, pero sólo lo hará bajo las leyes del padre. En ese mundo de disputa masculina, las mujeres son sombras, pero, en su silencio, tienen una fuerza increíble."

Hay una traición en el film -presentada con sutileza por Carvalho y sobre la que no conviene adelantar aquí mayores detalles- que provoca una tragedia al violentar los estrictos preceptos morales que dan sentido a la familia de André.

"Se puede decir que el hechizo cae sobre el hechicero. La ley se incendia. En el fondo, "A la izquierda del padre" es un film sobre el tiempo. Porque uno piensa que el poder de las leyes, la sociedad y la familia, son las verdades finales y absolutas. Pero no lo son. Encima de esas leyes y de esas instituciones existe otra ley invisible, una entidad suprema, que es el tiempo. A él le caben la decisión final y la última palabra sobre todas las cosas."

Las distinciones

Canadá: galardón a la mejor contribución artística en el Festival de Cine de Montreal (2001).

Brasil: premio del público en el Festival de Cine Internacional de San Pablo (2002).

Argentina: premio Kodak, premio del público y premio de los directores de fotografía, en el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (2002).

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios