Qué hacen las aerolíneas con los viajeros violentos

Desde enero, Swissair podrá atar a los pasajeros agresivos
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5 de noviembre de 2000  

El rudo marinero noruego daba voces y exhibía los tatuajes de sus bíceps como si estuviera en una tormenta en alta mar. Pero estaba a bordo de un avión de pasajeros. El escándalo llegó cuando la azafata le pidió que apagara el cigarrillo.

La policía local recibió al noruego y a sus amigos, algo magullados por los golpes que se dieron a raíz de aquel incidente, cuando el vuelo de Aerolíneas Argentinas llegó a Europa.

A medida que los viajes aéreos se van convirtiendo en algo común, las conductas incivilizadas por parte de algunos pasajeros son cada vez más frecuentes y espectaculares.

La creciente indisciplina a bordo alarma a compañías y a tripulaciones, ya que pone en peligro la seguridad de los vuelos. Y algunas empresas ya comenzaron a tomar medidas.

Los pasajeros agresivos que viajen por Swissair podrán ser eventualmente atados a sus asientos con cintas especiales de plástico que llevarán todas las aeronaves de la empresa a partir de enero próximo.

Swissair optó por esta solución tras registrar un importante aumento del número de incidentes en los vuelos, que pasaron de 285 en 1996 a 502 en 1999, según informó el vocero de la compañía, Rainer Meier.

Jurídicamente, las empresas tienen derecho a transportar este tipo de elementos y utilizarlos cuando se trate de garantizar la seguridad de los usuarios.

Meier indicó que en la mayoría de los casos la causa del comportamiento violento de algunos pasajeros es el alcohol, por lo que las compañías discuten regularmente la posibilidad de eliminar las bebidas de los vuelos.

Algunas firmas norteamericanas ya dieron el primer paso en esa dirección y decidieron cobrar las bebidas alcohólicas a quienes las soliciten.

El hombre estaba visiblemente bebido. Pero cuando se negó a abrocharse el cinturón aduciendo que sufría ataques de claustrofobia, empezó el calvario a bordo. El italiano, que rondaba los 50 años, se levantó en pleno despegue e intentó abrir una de las puertas del avión, mientras toda la tripulación de Alitalia intentaba detenerlo.

Furia en el aire

Las anécdotas ilustran un fenómeno que los norteamericanos ya han bautizado como "air rage" (furia aérea) y que se extiende como una mancha de aceite.

Se trata de pasajeros que física o verbalmente atacan a otros, a los tripulantes del aparato, o ponen en peligro la vida de los demás viajeros, a 10.000 metros de altitud.

La lista de motivos para perder la paciencia es cada vez más larga: los tiempos de espera en los aeropuertos, los retrasos en los despegues, los espacios cada vez menores entre asientos, el vecino que no aguantamos, la comida empaquetada, las limitaciones en el uso de teléfonos celulares y otros aparatos electrónicos y la prohibición de fumar son sólo algunos.

Más pasajeros y conflictos

Al aumentar el número de pasajeros es inevitable que también se incremente el porcentaje de situaciones conflictivas con las que se enfrentan los tripulantes.

"En el avión, el comandante tiene autoridad civil y policial. Puede hacer un certificado de nacimiento y ordenar a un pasajero revoltoso que guarde compostura. Si no lo obedecen, la figura que corresponde es desacato. En esos casos, el personal de nuestra compañía se comunica con las autoridades policiales locales, que esperan a la persona en el aeropuerto", explicó Alejandro Lotito, vocero de Aerolíneas Argentinas.

Contrariamente a lo que ocurre en los cruceros, que tienen un camarote que funciona como calabozo donde se aísla a quienes roban o cometen algún delito, en los aviones no existe un lugar semejante.

Algunas compañías, como British Airways, por ejemplo, llevan esposas a bordo para usar como último recurso en caso de que el pasajero ponga en riesgo el vuelo, según explicaron en la oficina de relaciones públicas de la empresa.

Aunque el comportamiento de las personas que vuelan no es más que una réplica de sus actitudes en tierra firme, ahora los conflictos y los valores de los ciudadanos de a pie han llegado a las cabinas de los aviones. Y el consumo de alcohol en los aeropuertos y a bordo es la causa de muchos conflictos.

El domingo último, el comandante de un vuelo de Iberia que se dirigía de Madrid a Sevilla obligó a un grupo de rugbiers de la Universidad de Sevilla a bajar del avión antes del despegue.

El vuelo, que era el último del día a la ciudad bética, partió finalmente con un pequeño retraso y sin los jugadores. El comandante argumentó que peligraba la seguridad del vuelo porque estaban ebrios.

El equipo sevillano, que juega en la División de Honor (máxima categoría del rugby español), viajó en dos furgonetas proporcionadas por la empresa.

Pasiones aéreas

El alcohol desata pasiones, aunque éstas no siempre resultan agresivas. El año pasado, en los aviones de Singapore Airlines uno de cada tres conflictos de "conducta desordenada" que requirieron la intervención de la tripulación tuvo que ver con "conductas sexualmente desordenadas" de los pasajeros.

"Se ha convertido en algo habitual que parejas que mantienen relaciones sexuales en los lavabos se nieguen a volver a sus asientos a la hora de aterrizar o de pasar una tormenta", relató una fuente de la compañía que pidió reserva de su identidad.

La extensión del fenómeno quedó reflejada en la preocupación de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte, el mayor sindicato de tripulantes de cabina del mundo, que el año último lanzó una campaña para prevenir los casos de pasajeros sexualmente agresivos con las auxiliares de vuelo.

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