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Regresó “Todo por dos pesos”

El ciclo que conducen Diego Capusotto y Fabio Alberti, nuevamente en Canal 7
Marcelo Stiletano
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23 de mayo de 2002  

No es ni por asomo el “regreso” a la Argentina desde Miami de los inefables Mario y Marcelo el único cambio ostensible que “Todo por dos pesos” exhibió anteanoche, al iniciar su tercera temporada por Canal 7.

Perdura, por cierto, la mirada paródica y burlona hacia el modo en que la TV ausculta la actualidad, marca de un perfil humorístico que llevó a que un grupo entusiasta de seguidores se identificara casi incondicionalmente con la propuesta del programa. El respaldo quedó ratificado en los 3,5 puntos de rating promedio (172.000 televidentes, según Ibope) que cosechó la apertura del ciclo 2002, por lejos el programa más visto de Canal 7 durante todo el lunes.

Pero los tiempos devaluados que vive la Argentina impulsaron un giro notorio en el abordaje de la realidad: se acabaron el papel picado y los números musicales convocados para un cierre semanal con clima de fin de fiesta. Ahora, las bromas no se apartan del corralito, de la inseguridad o de los programas descartables que dominan nuestra TV vespertina.

Por ser “Todo por dos pesos” una propuesta que genera por igual fervores y cuestionamientos sin medida, no faltarán quienes señalen que la ausencia de personajes tan arraigados entre los fanáticos como Beto Tony, Vinazi o El Hombre Bobo puede llegar a deteriorar a partir de este año la identidad del programa.

Y también aparecerán aquellos poco dispuestos a aceptar la insistencia del programa en alentar fórmulas humorísticas francamente vulgares y ordinarias, que reemplazan la sátira sutil y original que Fabio Alberti y Diego Capusotto han sabido mostrar largamente por expresiones innecesariamente groseras.

No le falta razón a ninguno de estos dos enfoques, que a la vez pueden entenderse como reacciones previsibles a un programa que prefiere voluntariamente alejarse de cualquier equilibrio y se siente mucho más cómodo instalado en los bordes.

Pero el riesgo de semejante opción pasa siempre por la desmesura, circunstancia que explica a las claras el resultado dispar de este lanzamiento. Con un título (“Todo por dos pesos, que sea lo que Dios quiera”) muy apropiado para pintar su cercanía con la realidad, parece claro que en el programa concluyó una etapa y se está iniciando otra.

La música, protagonista

Basta observar el reposicionamiento de los clips musicales, una de las fórmulas más celebradas de esta propuesta. Lo que hasta ahora era visto como una sección fija e identificable (el “ranking musical”) quedó transformado, por lo visto anteanoche, en una de las columnas vertebrales del programa en su totalidad.

Hubo pruebas visibles de ese vuelco, que en general coincidieron con algunos de los momentos más logrados de la noche. Como el largo y muy logrado clip en el que un improbable dúo vocal llamado Experiencia se burló de algunos clisés musicales y políticos ligados a la nostalgia o la no menos graciosa adaptación del pronóstico meteorológico a una de las canciones más celebradas de Piero, parodiado inmejorablemente por Alberti.

Lo mismo hay que decir de otros juegos apoyados en el mismo efecto de simulacro sobre la realidad, más precisamente aquella realidad tamizada por el siempre distorsionado lente de la TV: desde una impecable parodia de las entrevistas que Marley les hace a los famosos de Hollywood con el forzudo Arnold Sabatini (impagable Alberti) arruinándole la charla al pobre Capusotto a fuerza de chanzas sobre la situación del país hasta un remedo de “Indomables” en el que el mismísimo Luis Pedro Toni trata de indagar las razones de la prolongada ausencia de la celebrada conductora femenina Coty Nosiglia, uno de los pocos personajes que aseguró su continuidad.

Si por un lado algunos eficaces chistes al paso (un escrache a La Momia, la presencia de un sosia de Daniel Hadad, Capusotto vestido como la oveja Dolly o el éxito musical de “Bandanas en piyamas”) ratificaron una vez más que “Todo por dos pesos” sabe manejar bien la cuerda del humor más televisivo, el que descansa en los recursos visuales para retratar el absurdo, por otro hubo elecciones poco felices que abrieron dudas sobre el perfil definitivo que busca el ciclo a partir de ahora.

Fue lo que ocurrió con el sketch ambientado en un café, con un supuesto ingeniero japonés explicando la tecnología del Mundial o con la parodia de “Carne” (aquél film de Isabel Sarli), dos muestrarios gratuitos de ordinariez y comicidad apoyada pura y exclusivamente en la frase soez fuera de todo contexto.

Sobre estos vaivenes se mueve el nuevo “Todo por dos pesos”, con la oriental Sushi con más espacio, con el Dr. Dyango reducido a la mínima expresión y con la clásica reflexión final de Alberti frente al pizarrón (ahora con un habano entre los dedos) como editorial de lo que se propone el programa de aquí en más. “Esperemos que si la Nación se derrumba -remató Alberti-, por lo menos no aplaste a nadie”. Una vez más, la realidad pasada por el tamiz de la broma, pero lejos de cualquier festejo.

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