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Todo espíritu: Jorge Godoy, el hombre que le ganó al destino

En un accidente quedó ciego; hace dos años practica lanzamiento de disco y el mes último ganó la medalla plateada en Sydney. Con la ayuda de su esposa, construyó su casa en Sacanta, el pueblo cordobés que lo nombró Deportista ilustre después de la hazaña.
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9 de noviembre de 2000  

CORDOBA.- "¡Dale, tirá el disco como un hombre!" Fue un pedido hasta hiriente el de Mauricio Silva a Jorge Godoy, que lo castigó a éste en su amor propio. El entrenador quería que se asumiera como un deportista sano y que despegara para siempre hacia el reducido mundo de la elite. Ahora, cuando han pasado dos años de aquella célebre apelación, Jorge Godoy no hace menos que reconocer el impacto que le produjo. No era cuestión de que lo tratara de flojo. A él, tan sólo a él, que se aguantó la conmoción de una ceguera que le llegó por accidente, aquella vez que se agachó a buscar la escopeta caída y recibió el disparo accidental que le marcó la vida. "Tenía 18 años; había salido a cazar al campo con mi hermano", explica.

Hoy, a poco menos de un mes de haber ganado la medalla plateada en el lanzamiento de disco en los Juegos Paralímpicos de Sydney, Godoy reconoce a Silva como uno de sus grandes gestores. "El me sacó el miedo. Es un tipo duro, pero muy bueno en lo suyo".

Al decir esto, Godoy tiene sus ojos chiquitos e hinchados. Acaba de dormir la siesta, luego de una noche de mesurado festejo en Sacanta, un pueblo de casi 3000 habitantes, que lo declaró Deportista Ilustre y está a 130 kilómetros al sudeste de Córdoba. Lo rodean su esposa, Stella Maris, y sus hijos Jorge y Marcos, y un contexto de silencio y mansedumbre. Calles de tierra, un sol brillante, varias bicicletas sin dueño que muestran la zona como liberada del delito y la ropa ya seca con la que se consagró en Australia, colgada en la soga del patio trasero, que se deja mecer por una brisa sin nervios.

"Esta casa la hicimos con mi esposa", dice Jorge. "Ya había quedado ciego. Un día le dije a Stella que agarrara un papel, que hiciera un rectángulo y armamos un plano. De soltero había trabajado en el campo y también de albañil. Así que empezamos a levantar paredes", relata, a lo que su esposa agrega entre risas: "Esta casa nos costó más de una discusión". Stella Maris también cuenta con orgullo que su marido puso ("él solito") las ventanas, y Jorge precisa que en una época en que el dinero escaseaba, la Municipalidad le prestó un molde de ladrillo de cemento, del que se valió para armar las partes que hoy integran una estructura pequeña, pero cálida.

Al rato sale la familia para mostrar su digno esfuerzo cotidiano. Stella Maris lo guía, llevándolo a Jorge de la mano; al lado, el hijo mayor, que lleva el nombre del padre, y Marcos, lanzan un boomerang y muestran un canguro de peluche, regalos llegados desde Oceanía.

Trabajo compartido el de los Godoy, que a menos de una cuadra de su vivienda tienen una quinta en la que plantan lechuga, acelga, repollo, zapallos. Es otro recurso del que se valieron para suavizar los momentos en que la plata escaseaba, y que les sirvió para reforzar esa unidad que los mantiene firmes uno junto al otro. "Yo me encargo de vender en las verdulerías del pueblo lo que cosechamos. Jorge me ayuda emparejando la tierra o punteándola con la pala", comenta su mujer.

Jorge les agradece a ella y a todos los que lo ayudaron, aunque recuerda que alguna vez tuvo problemas en recibir las becas. Es el único no vidente que pudo acceder a la excelencia deportiva que otorga la Presidencia de la Nación y además cuenta con los aportes del área deportiva provincial y de la Municipalidad de Sacanta. No descarta, también, algún ingreso extraordinario: "Así como les dieron a los deportistas olímpicos 60.000 dólares por cada medalla plateada, yo debería tener la misma recompensa. No tendrían que hacer diferencias conmigo", precisa.

Y de su conquista en los Juegos Paralímpicos, puntualiza: "Empecé mal. Ando con mala leche, me dije cuando algunos lanzamientos se salieron del perímetro de tiro. Hice un lanzamiento de 37 metros que me sirvió para clasificarme para la final. En esa instancia, y cuando me quedaba una sola posibilidad, ya que hasta el último momento quedaba afuera del podio, logré 39,5 metros. El español Antonio Fidalgo consiguió 42,19 y ganó, pero yo digo que no obtuve la medalla plateada, sino la de oro".

El, nadie más que él, sabe si hay mucho o poco de razón en lo que dice. Mientras tanto, recuerda cuando en el Sportivo Club de Sacanta se entrenaba y lanzaba en soledad el disco y sólo tenía como espectadora a su señora, que a su vez se encargaba de alcanzárselo. Mañanas y tardes eternas repetían la rutina disponiéndose hacia el otro. Ese ejemplo evita cualquier discusión sobre si su esfuerzo valió la pena. El reconoce que, por sobre todas las cosas, en el deporte encontró otro motivo de alegría para seguir viviendo.

Las otras cuatro medallas argentinas

En los XI Juegos Paralímpicos de Sydney, además de Godoy, hubo otros cuatro atletas que ganaron medallas: una plateada y tres de bronce. El otro segundo escalón del podio lo obtuvo otro lanzador de disco, Horacio Bascioni, pero en la categoría S52. Los bronces fueron para Elizabel Delgado (atletismo, 100m T20), Guillermo Marro (natación, 100m espalda S7) y Claudia Vignatti (atletismo, lanzamiento de jabalina F37).

Larga es la historia de la participación argentina en los Juegos Paralímpicos:desde México 1968 nuestro país envía una delegación.

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