Suscriptor digital

Impotencia

La Argentina empató 1 a 1 con Suecia y quedó al margen del Mundial en la primera rueda; si bien el equipo de Bielsa buscó siempre el arco rival, jamás encontró el camino correcto para llegar; la eliminación fue tan prematura como no le ocurría desde hace 40 años
Claudio Mauri
(0)
12 de junio de 2002  • 10:02

SENDAI, Japón.– El doloroso y frustrante final se escribió con la misma letra que ya había retratado pesares recientes: impotencia. Inmensa e interminable; insinuada y disimulada ante Nigeria, acentuada frente a Inglaterra y profundizada con Suecia hasta tocar el fondo de una eliminación con carácter de shock para las expectativas que había levantado este equipo. Impotencia para que el afán ofensivo, genuino y reconocible, deviniera en tanta esterilidad.

Impotencia para encontrarle la vuelta a tres partidos muy similares, en los que los rivales, sobre todo Inglaterra y Suecia, sacaron petróleo de sus posturas conservadoras. Impotencia para encontrar un hilo de comunicación entre el andamiaje colectivo y Batistuta, en quien supuestamente debía concluir un buen porcentaje de los avances, pero que deambuló sin encontrar nunca la pelota ni los espacios. Impotencia para aprovechar el fútbol fresco e inteligente con que arrancó Aimar, que luego cayó en las brumas del querer tanto y poder tan poco. Impotencia para ganarse un guiño del azar, tan preponderante en el fútbol cuando todo se hace tan cerrado como lo fue el desarrollo del ya maldito grupo de la Muerte.

El fútbol tiene mucho de mensaje cifrado en pequeñas señales que se van recreando en cadena de adversidades o en golpes de fortuna. Habrá que remontarse a aquella lesión de Ayala, a minutos del estreno de Nigeria, como el primer símbolo fatídico de un Mundial que no le regaló ni un céntimo de fortuna al seleccionado. No es ninguna justificación ni excusa. Sólo la comprobación de que la Argentina no fue encontrando algunos guiños del destino para salvar adversidades o dificultades.

El Grupo F fue tan dura y angustiante como se preveía tras el sorteo. Ningún partido se definió por una diferencia de más de un gol y tres equipos quedaron atrapados en la ínfima diferencia de un punto. Para combatir esos obstáculos, la Argentina tenía un plantel rico, con capacidad de recambio, una generación en su punto justo en madurez personal y convencimiento con el estilo que proponía el técnico. Sin embargo, quedó prematuramente afuera, como no le ocurría en un Mundial desde hacía 40 años.

Suecia resultó un rival muy bien organizado en la defensa; no cometió errores ni distracciones. Hizo casi de manera impecable lo que le venía molestando al equipo de Bielsa: lo esperó siempre con no menos de ocho hombres y por norma se quedó con el último rechazo o despeje dentro del área.

Aimar, con panorama y pase, se convirtió de arranque en el conductor necesario; una apertura a la derecha, otra a la izquierda, una habilitación interior...

El traslado no fue tan limpio en el segundo tiempo; los nervios y la ansiedad obnubilaron un poco a la Argentina. Situación justa para que la calculadora Suecia sacara un contraataque que terminó en falta de Almeyda y el tiro libre de Anders Svensson que sonaba a sentencia. Entró Crespo y no se conectó más que Bati; también ingresó Verón para clarificar la salida con su pegada. Los caminos se cerraban y Ortega, viejo zorro, provocó el penal; la ejecución del Burrito la rechazó Hedman y definió Crespo de atropellada.

Quedaban cuatro minutos, que con el tiempo adicionado fueron ocho. La desesperación marcó el empuje final. Sólo quedaba apelar al fuego sagrado que este seleccionado había mostrado en otras ocasiones comprometidas. Pero esa llama también se extinguió, con la pena y la incredulidad de un equipo que se hundió en su impotencia.

Lo destacado

Insólita expulsión

Claudio Caniggia estaba sentado en el banco de suplentes cuando recibió la tarjeta roja. Se estimaba que hoy podía debutar en el Mundial.

Otro campeón, a casa

La Argentina se convirtió en el tercer ex campeón mundial en quedar eliminado en la primera rueda. Ayer se habían despedido Francia y Uruguay.

Pekerman, en silencio

José Pekerman no hizo declaraciones tras la eliminación de la Argentina. El ex DT de los juveniles fue el mentor del proceso Bielsa.

Un argentino, detenido

Según la agencia EFE, la policía japonesa detuvo a un argentino, Javier Sebastiani, que revendía dos entradas para el partido de la Argentina.

ADEMÁS
Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?