Suscriptor digital

NeXT: la PC que se anticipó una década

No traía diskettera, sino una lectora de discos ópticos
(0)
17 de junio de 2002  

Varios años antes de que el CD-ROM fuese estándar en las PC, el cofundador de Apple y actual CEO de la compañía, Steve Jobs, creó una nueva compañía, llamada NeXT. En esa época, cuando tener un disco de 10 megabytes (MB) y 4 MB de memoria RAM era un lujo y las lectoras de compactos para PC no existían, las computadoras de la nueva empresa de Jobs venían con unidad de discos ópticos de 256 MB, 40 MB de disco rígido, 8 MB de RAM y una pantalla monocromática de 1129 x 832 pixeles. Era octubre de 1988, la computadora se llamaba NeXT Cube, era totalmente negra y costaba 6500 dólares.

Siguieron unas cuantas variantes del Cube, como las NeXT Station, Station Color y el Cube II, lanzadas en septiembre de 1990. Pese a sus innovaciones, que prefiguraban muchos de los actuales modelos de Apple, pese incluso a que eran comparativamente más económicas que algunas Mac de su tiempo, las Cube de Jobs no tuvieron éxito y en 1993 NeXT se fue a pique.

El sistema operativo -llamado primero NextStep y luego, a partir de la versión 4.0, OpenStep - estaba basado en el núcleo Mach de la Universidad de Carnegie Mellon y en comandos y servicios Unix BSD, con el que el Mach es compatible. ¿Le suena conocido? Por supuesto: el Open Step reencarnó en el Mac OS X , cuando Apple adquirió lo que quedaba de NeXT; además, su interfaz gráfica inspiró varios manejadores de ventanas para Linux ( AfterStep y WindowMaker , principalmente).

Unos catorce años antes del fenomenal éxito de los discos Zip de 100 MB, Iomega había puesto en el mercado el Alpha 10, un floppy de 8 pulgadas con capacidad para 10 MB. Las computadoras personales nunca tuvieron lectoras para discos de este diámetro, pero para la época (septiembre de 1982) uno de estos súper diskettes podía almacenar todo un disco duro de una IBM XT.

Para 1990 las cosas habían cambiado mucho, la PC empezaba a imponerse y la empresa Q/Cor probó otra fórmula: un diskette de 3,5 que guardaba 20 MB usando dos capas magnéticas superpuestas; en la de más bajo nivel se almacenaban datos de servo que permitían una alineación más precisa de las cabezas y, por lo tanto, mayor densidad de información.

En 1991, Insite Technology empezó a vender sus flópticos de 21 MB. Estos sistemas combinaban alineación por láser y grabación magnética, igual que los Zip.

Pero todavía tenía que llegar 1994 para que Iomega lanzara sus célebres discos azules y sólo en marzo de 1996 la tecnología de los flópticos estaría plenamente aceptada, cuando vendió su primer millón de lectoras Zip.

La lista de tecnologías que aparecieron, desaparecieron y resurgieron más tarde con gran éxito es muy extensa en informática. Sin ir más lejos y para no exagerar con los ejemplos, la compresión de música, cuyo representante más popular es el MP3, nació en 1987 y se convirtió en un estándar ISO en 1994. Por no mencionar la primera grabación digital de música a 16 bits, que se realizó en 1976; pero sólo en 1988 las ventas de discos compactos sobrepasaron a la de vinilos.

Genios en offside

Por varios motivos, muchas tecnologías aparecen demasiado temprano o demasiado tarde, a destiempo, y el público no les presta atención.

Cuando se trata de apariciones tardías, goles de agonía, el fracaso es redondo. Por ejemplo, los diskettes de 2,88 MB llegaron justo cuando los floppies empezaban a perder importancia y cada vez había más programas en CD-ROM. En el curso de un par de años, el formato floppy pasó a ser el menos usado de los medios extraíbles de almacenamiento, y poco importaba si podían cargar 1,44 o el doble. Siempre había una forma más conveniente de transportar datos. Internet también jugó un papel en este lento eclipse.

Pero las NeXT venían sin diskettera en 1988 y son un ejemplo de un exceso de anticipación. Hoy, catorce años después, una máquina incapaz de leer diskettes es viable, aunque personalmente prefiero tener siempre una diskettera a mano; por si acaso.

Pero en 1988, una computadora que no leyera diskettes no tenía la más remota posibilidad de éxito; toda la información estaba en floppies (o en redes privadas) y los accesos comerciales a Internet todavía no existían.

Sin embargo, mientras los productos tardíos tienen una tristeza otoñal, las visiones -casi diría las alucinaciones- de los adelantados a su tiempo resultan fascinantes. Y suelen tener su revancha.

El que las NeXT vinieran sin diskettera, aunque posiblemente fue uno de los factores que selló su destino, resulta a la larga secundario frente a los avances que proponía: multitarea prioritaria cuando el resto de nosotros todavía usaba el DOS 4.0; una interfaz gráfica limpia y revolucionaria que todavía hoy es espléndida, cuando el OS/2 1.10 ensayaba su todavía primitivo Presentation Manager .

Jobs estaba viendo la clase de computadoras que dominaría once o doce años después: toneladas de RAM, mucho espacio de disco, discos ópticos, sistemas operativos de avanzada, pero con un rostro amigable. Sus equipos ni siquiera eran excesivamente caros. Pero los pasamos por alto. Tal vez con el argumento de que es preferible malo conocido que bueno por conocer, gastamos más o menos el mismo dinero por computadoras menos potentes en todos los sentidos. ¿Fue una decisión equivocada del público? ¿Tendríamos hoy una informática mejor, si hubiésemos prestado más atención a las visiones del señor Jobs?

Lo dudo. Los Cubes eran geniales, pero poco prácticos, y eso el público lo nota con precisión quirúrgica. Unix ya existía para PC tipo IBM en 1984, pero era muy costoso. Sólo ganó adeptos cuando nació Linux, en 1991, que era gratis.

En última instancia, Jobs tuvo razón en casi todo y terminará teniéndola también en eso de eliminar los diskettes. Pero definitivamente no tenía razón en 1988, y la ocasión también hace a la tecnología.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?