Decano de la escenografía

Guillermo de la Torre cumple 50 años con la profesión
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26 de junio de 2002  

El Museo Nacional de Bellas Artes es el ámbito elegido por el escenógrafo Guillermo de la Torre para celebrar sus cincuenta años con la profesión. El proyecto no surgió enteramente de él sino de Jorge Glusberg, director del Museo. Cierta vez, Glusberg le preguntó a De la Torre cuándo había hecho su primera escenografía y éste respondió: "En 1952, para el Teatro Estudio". Así, ambos cayeron en la cuenta de un aniversario importante. Y de esa manera, casi sin darse cuenta, Guillermo de la Torre comenzó a repasar su trabajo y a seleccionar aquellos materiales que consideraba debían estar presentes en una muestra que comienza hoy y que está compuesta por bocetos, maquetas, fotografías y vestuarios de obras teatrales, óperas y ballets.

Ingresar en el mundo creativo de De la Torre no resulta demasiado sencillo. El mismo se define como un "inconsciente" y como tal tiene una inocencia particular que al cabo de los años ha logrado mantener intacta.

Su historia profesional se remonta a la niñez. Su padre era hermano de una famosa cantante lírica barcelonesa y llegó con ella a la Argentina en una gira que había comenzado en Nueva York. Decidió quedarse aquí y formar una familia para la que el arte ocuparía un lugar preponderante. De pequeño armaba, con cajas de cartón, pequeños teatritos y ofrecía funciones para sus amigos y primos. El representaba todos los personajes del espectáculo que imaginaba y tal vez porque nunca se decidió a ser actor, no tuvo mejor idea que dedicarse a crear los ámbitos en que ellos se desarrollaran.

Egresado de Bellas Artes se especializó en escenografía al lado de maestros como Roberto Franco, Mario Vanarelli y, posteriormente, Saulo Benavente.

Pero hay algo más en su historia personal. Durante mucho años, cuando era niño, estuvo muy ligado a Xul Solar. El pintor no sólo le permitió acrecentar su interés por el mundo de la plástica sino que además le enseñó astrología. Durante mucho tiempo lo apasionó hacer cartas astrales y analizarlas. Hoy habla de esa historia con cierta melancolía y el recuerdo de Xul parecería integrarse a un cúmulo de anécdotas muy definitorias, por cierto, pero que a la vez expresan cierta locura creativa. "La vida -dice el creador- va pasando delante de uno y uno puede escoger aquellas cosas que le dan más placer o alegría, que estimulan para seguir viviendo."

Sus primeros pasos los dio en el teatro independiente -"esa época brillante, excitante, juvenil, entusiasta", como le gusta decir-, en Gente de Teatro Asociada, que entre otros integraban Orestes Caviglia, Milagros de la Vega, Ernesto Bianco, Inda Ledesma, Carlos Carella y Alicia Berdaxagar. "Realmente fue maravilloso -comenta-, fue un vuelco muy grande para mí. Allí encontré un profesionalismo del más alto nivel que existía en ese momento. Esa etapa fue una transgresión de tiempo, de lugar. Hicimos obras como "Querido mentiroso", de Jerome Kilty, y "Hombre y superhombre" de Bernard Shaw. Verdaderos éxitos que luego se llevaban en gira".

Sin duda esa etapa lo marcó con fuerza y aprendió que un éxito puede hacerse tanto en una sala pequeña como en el Colón, con una cooperativa de trabajo o con una gran producción. "Recuerdo dos experiencias que fueron para mí maravillosas -explica el escenógrafo-. En un teatro de San Telmo montábamos un sainete y no había dinero e inventé una escenografía construida totalmente con papel de diario pintado. Fue un éxito. Con cuatro pesos podés hacer una cosa interesante si verdaderamente estás incentivado. En otra oportunidad montamos con Jorge Hacker "La cocina" de Arnold Wesker. Era una cooperativa y por supuesto no había un peso. Cada actor traía una sartén, una cacerola que le robaba a la madre, a la abuela, y ése fue un trabajo que se mantuvo varias temporadas. El teatro es una pasión y no he hecho en mi vida más que divertirme, disfrutar con él. Trabajar con los actores, además, me produce una felicidad enorme, esa gente es maravillosa. Para muchos ser artista es ser un loco y esa gente es tan sacrificada. Tiene una carrera ardua y para mantenerse en ella hay que tener un amor muy grande y una ilusión permanente. Siempre estás construyendo un acto vivo y desde cero, de la nada".

El actual director técnico del Teatro Nacional Cervantes -ocupó en otras temporadas ese mismo cargo en el Teatro Colón y en el Presidente Alvear-, tiene además una amplia trayectoria docente. Fue profesor de la Escuela Nacional de Arte Dramático, de la Biblioteca Nacional y actualmente mantiene su cátedra de escenografía en la Escuela Superior Ernesto de la Cárcova, donde se formó.

"Lo que más me impresiona es la gente joven -dice Guillermo de la Torre- por su capacidad, talento y por la perspectiva. Vivo empeñado en ubicar a los chicos talentosos como asistentes, diseñadores, vestuaristas. Tenemos que ver el futuro a través de la juventud. Estoy seguro de que nuestro país va a cambiar y que vamos a volver a tener el nivel que teníamos. Hay 8000 estudiantes de teatro, 4000 que estudian escenografía, 14.000 pintura. Con esa pasión cómo no vamos a producir cambios fuertes."

"Soy muy inconsciente -aclara-, siempre tuve mi carrera como un regalo, he trabajado ininterrumpidamente y a veces me parece que el tiempo no tiene término. Pasan los meses, los años y es como si no me enterara. Y verdaderamente me siento un virtuoso porque puedo seguir en actividad y haciendo cosas interesantes."

Esa ha sido y es su gran sensación. Y con esa inconsciencia y esa pasión hoy prepara la escenografía de "Stéfano" que Juan Carlos Gené dirigirá próximamente en el Teatro Nacional Cervantes, un trabajo más, con el que también celebrará sus bodas de oro con la profesión.

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