La Villa 31 se quedará en Retiro

Construirán viviendas económicas para los que no quieran irse;oposición de urbanistas
Cynthia Palacios
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14 de noviembre de 2000  

Es la única villa que se levanta en el centro de la ciudad. Tiene más de 12.000 habitantes y los terrenos que ocupa están dentro de lo que se pretende urbanizar con el Proyecto Retiro. La Villa 31 cuenta con una larga serie de promesas incumplidas, de manoseos políticos, de topadoras, de idas y venidas. Ahora, la historia parece llegar a su fin: el gobierno porteño anunció que el asentamiento será urbanizado en el mismo predio que ocupa desde hace más de medio siglo.

El jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, anunció a La Nación que la Villa 31 será urbanizada próximamente en los mismos terrenos que ocupa en Retiro y propondrá que la construcción de las nuevas viviendas sea financiada por los empresarios que quieran invertir en la zona.

Ibarra cree que la urbanización debe respetar a los que hoy ocupan esas tierras. Y si bien coincidieron con él los legisladores de la oposición, los arquitectos y urbanistas consultados destacaron que no es lógico mantener una villa en uno de los rincones más cotizados de la ciudad.

Lo que los observadores aún no se explican es por qué no se tiene en cuenta el valor inmobiliario de esos terrenos. Con una explotación racional de la zona que ocupa la villa se podría darles mayores beneficios a los actuales ocupantes, al emplazarlos en otro sector de la ciudad y, hasta llegado el caso, darles viviendas gratuitas.

-¿Por qué no la trasladan a otra zona?

-Eso es fácil en los papeles. Pero cuando se tiene una concentración urbana que lleva décadas e involucra a 12.000 personas, no es fácil moverlas, adujo Ibarra.

Las de Retiro son tierras nacionales, ya que la mayor parte de los terrenos son ferroviarios; por eso, los gobiernos nacional y el de la Ciudad deben acordar qué se hará en ellas.

Hasta comienzos de este año primaba una idea -elaborada por el estudio de arquitectos Baudizzone, Lestard y Varas-, que consistía en correr las parrillas ferroviarias de Retiro hacia el río. Un megaproyecto que preveía la urbanización de las 130 hectáreas y la construcción de una multiestación de pasajeros. La Villa 31 no estaba prevista en esos planos.

Pero ahora las cosas cambiaron. Se impulsa un proyecto menos ambicioso y, si se quiere, más político que el anterior, que promueve la urbanización de la villa. En rigor, lo que se quiere es evitar el conflicto social que se generaría a partir del traslado del asentamiento.

La idea de Ibarra contempla la creación de un barrio de edificios de tres o cuatro pisos. "Vamos a sacar la villa, pero no a la gente que vive allí", dijo Enrique García Espil, secretario de Planeamiento Urbano porteño.

Para evitar que más gente siga poblando el asentamiento, el Ejecutivo local realizó un censo y pronto determinará cuántas serán las familias que podrán tener acceso a una vivienda.

Algunos arquitectos no están de acuerdo. Odilia Suárez es profesora de la Facultad de Arquitectura de la UBA y no cree que sea una buena idea dejar la villa donde está. "Para esa gente es como sacarse el Prode: les van a regalar un departamento en la zona más cara de Buenos Aires -consideró-. Creo que ésa debería ser una zona de transición. Asentar viviendas u oficinas es ahogar el puerto, y ahí la prioridad la tiene que tener la zona portuaria."

El presidente de la Sociedad Central de Arquitectos, Carlos Lebrero, tampoco lo ve con buenos ojos. "Creo que es difícil localizar viviendas allí, porque es un área destinada al intercambio de carga y de pasajeros, y a la extensión de autopistas.Es posible que la localización de viviendas allí lleve a conflictos funcionales", explicó.

En la Legislatura, en cambio, la oposición apoya la postura oficial. "El Proyecto Retiro tiene que respetar los intereses de la ciudad y eso implica que la gente que vive allí tenga viviendas dignas", opinó el presidente de la Comisión de Vivienda, Guillermo Oliveri (Encuentro por la Ciudad).

Enrique Rodríguez, del mismo bloque, señaló: "El Proyecto Retiro debe tener en cuenta que esos barrios existen y no pueden ser lugares marginales".

A diferencia de las otras villas porteñas, la 31 será desocupada para construir pequeños complejos habitacionales, lo que llevaría entre tres y cuatro años.

"Sabemos que la utilización de las tierras de Retiro no puede hacerse en función de casas individuales", señaló el gerente de Promoción Social Urbana de la Comisión Municipal de la Vivienda, Jorge Lembo.

No habrá grandes edificios. Los técnicos saben que la alta densidad habitacional no es lo más aconsejado en estos casos. "No queremos otro Fuerte Apache", explicó Lembo.

Mediante exenciones impositivas y créditos blandos, los que actualmente ocupan la Villa 31 podrán acceder a viviendas económicas, que costarán como máximo 25.000 pesos.

Desconfianza

A partir de las palabras de Lembo es fácil deducir que esta vez no habrá subsidios tentadores para que los vecinos abandonen la villa, a diferencia de lo que sucedió cuando se construyó el trazado de la Autopista Illia, que divide el asentamiento a la mitad.

En la Villa 31 viven 3950 familias. Lembo estimó que unas 2000 estarían dispuestas a quedarse. Otros 700 grupos familiares podrían tener una "salida en comunidad": algo así como reunirse en una cooperativa para comprar tierras y edificar casas.

Hablar con precisión parece arriesgado. Hay desconfianza entre los ocupantes.

La Villa 31 constituye un caso paradigmático. Es un territorio donde las autoridades se valieron de distintas tácticas, desde el clientelismo político hasta el desalojo compulsivo. Estrategias tan sucesivas como ineficientes.

En la época del Proceso, las topadoras barrieron con la villa. Allá por 1995, fue un dolor de cabeza para el intendente Jorge Domínguez, que debió apelar a las indemnizaciones para que sus habitantes abandonaran el lugar. Unas 1000 familias aceptaron la oferta.

Pero cuando la autopista creció, las promesas dieron paso a las topadoras: violentos operativos desalojaron a gran parte de la población de la villa.

En los últimos cinco años llegó mucha gente de las provincias del Norte. También de Perú, Bolivia y Paraguay. Se dice que algunos de los antiguos moradores de Fuerte Apache se mudaron en los últimos días.

La mayoría de los que viven en la villa sabe de la validez de aquel viejo proverbio que dice que la unión hace la fuerza. Por eso, después de décadas de divisiones y enfrentamientos internos, decidieron unirse.

Hasta hace unos meses, el "control" de la villa estaba en manos de un único presidente. Ahora, los ocupantes intentan que cada una de las 34 manzanas tenga un delegado. "Nuestro objetivo es radicarnos en esas tierras", contó Raúl Guzmán, uno de los representantes.

Pero no todos piensan como Guzmán. Algunos, como Zulma Moretti, no están dispuestos a pagar un crédito, por económico que sea. Otros, como Norma Gutiérrez, dijeron estar cansados de los manoseos políticos. "Ningún gobierno toma una determinación", se quejó.

El gobierno definió qué hará en esas tierras, pero los ocupantes aún temen que vuelvan las topadoras de la comuna.

Radiografía del asentamiento

  • La Villa 31 se divide en cinco barrios: YPF, Comunicaciones, Güemes, Inmigrantes y Autopista. A esto hay que agregarle un nuevo asentamiento, que se conoce como la "31 bis". El sector más cercano a la terminal de ómnibus es el barrio Güemes. Allí están las casas más altas: hay viviendas de hasta cuatro pisos. YPF y Comunicaciones conservan lo que fue el "casco histórico". En tiempos de crisis, la creatividad es un recurso indispensable: la villa tiene su propio comercio interno. Sus habitantes se ufanan de que es la villa más tranquila de la ciudad. Una suerte de control interno y la contención social de los jóvenes más revoltosos parecen lograr la tranquilidad de los ocupantes.
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