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Hoy cumple 100 años el doctor Juan Manuel Tato

Habrá un acto en la Facultad de Medicina
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18 de julio de 2002  

La mirada se le ilumina cuando alguien menciona zapallo en almíbar con queso , su postre favorito, que probó por primera vez en Gualeguaychú, Entre Ríos, cuando era chico. También allí conoció a Elisa y decidió ser médico mientras terminaba el secundario.

Ese muchacho alto, sonriente y amable seguramente no sospechaba en ese momento que hoy, al festejar su cumpleaños número 100, sería considerado uno de los grandes maestros de la otorrinolaringología argentina, que atendió a personajes como Eva Perón, Arturo Jauretche o Arturo Frondizi, introductor de innovadoras técnicas quirúrgicas, reconocido en todo el mundo por sus 75 años de trayectoria impecable, honesta, comprometida.

Hasta hace seis años era fantástico verlo operar oídos: el pulso firme y preciso como en plena juventud.

Hoy, el profesor Juan Manuel Tato cumple 100 años y será protagonista de un festejo en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la UBA, donde fue profesor titular de Otología hace ya varias décadas. Durante la XIII Semana Nacional de Lucha Contra la Sordera, iniciativa que él mismo inspiró, recibirá el reconocimiento de colegas, discípulos, familiares y amigos.

Porque la vida está llena de paradojas, el doctor Tato, que trabajó con ahínco durante toda su trayectoria profesional para devolver o mejorar la audición de las personas, escucha muy poco en la actualidad. Además, desde que su esposa (Elisa, de 98 años) sufrió una grave descompensación, también él decayó físicamente y tiene dificultades para hablar y moverse.

A través del siglo

La historia del doctor Tato tiene mucho de aquel ascenso social que vivieron muchas familias de inmigrantes que llegaron a la Argentina con el último siglo.

Su papá, que era español, se instaló en Entre Ríos y allí dirigió la confitería del Club Social de Gualeguaychú. Juan Manuel, el único hijo, nació en Buenos Aires, pero se siente entrerriano. Al terminar el secundario, volvieron a Buenos Aires y el papá fue uno de los dueños de las confiterías Jockey Club y Richmond. Sin apuros económicos, la familia costeó su carrera.

Ya recibido, viajó al exterior y se formó en Francia y en Austria con expertos en una especialidad que aún era incipiente en la Argentina, una suerte de síntesis entre lo que hoy son la otorrinolaringología y la oftalmología.

En 1933 realizó por primera vez en América latina su aporte a la cirugía de oídos: una operación llamada fenestración , que devolvió la audición a muchas personas. A principios de la década del 60 introdujo la estapedectomía , que curaba ciertos tipos de sordera.

"Mi padre trabajó siempre sobre seguro: antes de hacer algo, estudiaba mucho y recién después lo ponía en marcha", recuerda su hijo mayor, Juan Manuel Tato, o Tatín , que tiene 70 años y siguió sus pasos. "Nunca influyó en mi vocación -dice Tatín, que vive en Bariloche, pero hasta hace dos años fue jefe de Otorrinolaringología del hospital Italiano, como su padre-. Siempre mantuvimos una relación profesional además de familiar y lo admiré mucho."

Elisa, la hija menor, tiene 62 años y es fonoaudióloga. Fonoaudiología es una carrera que su padre contribuyó a crear en la Argentina en 1945, antes que en otros países. Tatín tiene 9 hijos (una de ellas, Jimena, es otorrinolaringóloga) y Elisa, 4. Sebastián Sturla, uno de ellos, siguió los pasos del tío y el abuelo.

Cuentan que entre los hábitos que quizás expliquen la longevidad del profesor Tato están no haber fumado, ser muy moderado a la hora de beber, tener buen humor, una actitud de servicio y practicar deportes. Pero a la hora de sentarse a la mesa, aseguran, nunca se privó de nada. Será por eso que aún hoy, al cumplir 100 años, sus ojos se iluminan cuando dicen zapallo en almíbar con queso , su postre preferido.

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