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Denuncian persecución política en la Cancillería

Por Ovidio Bellando
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19 de noviembre de 2000  

El martes último, La Nación publicó la denuncia del embajador en Alemania, Andrés Pesci Bourel , de que es objeto de persecución ideológica (se declara justicialista) por medio de sumarios -profusa y confusamente difundidos- por imputaciones sin fundamentos a su entender.

No es la única versión sobre la cuestión en la diplomacia. Según algunas personalidades relevantes, existiría una cierta animosidad contra Atilio Molteni , aún embajador en Turquía y que será reemplazado en breve. Comentan que aceleraron su regreso, que, aunque se encuadra en las normas, podría influir negativamente en la negociación que el diplomático emprendió para vender un reactor atómico.

Las versiones agregan que en la Comisión de Energía Atómica se temería que con su vuelta (10 de diciembre) se afecten los trámites que realiza en Ankara. Sobre la posible operación, el embajador de Turquía, Erhan Yigitbasioglu , expresó su optimismo en la Cancillería, que se muestra cautelosa.

También podrían interpretarse como persecución las escuchas telefónicas. Un funcionario dijo a unos pocos amigos que está reuniendo pruebas para denunciarlas. Last but not least , la situación de Carlos Magariños , el único argentino que preside un organismo internacional, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (Onudi), que no podría presentarse a la reelección porque el país no paga las cuotas. Pero este tema es de Economía, ministerio ante el cual la Cancillería hizo gestiones para su solución.

Magariños fue secretario de Industria con el ex ministro de Economía Domingo Cavallo y en 1997 resultó elegido. En las elecciones de junio próximo, si la Argentina pierde el derecho de voto por morosa, Magariños, que según la prensa mundial tiene posibilidad de continuar, no podrá ser reelegido.

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De ninguna manera se puede pensar que el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini esté ejerciendo o insinuando persecuciones. Tampoco, que su equipo lo esté haciendo, aunque algunos de sus miembros olviden que en diplomacia la forma es fondo y desdeñen el guante de terciopelo en la mano ejecutiva.

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No hay mayor o menor persecución ideológica que en la administración anterior. Pero en ésta, ante la necesidad de unirse contra los embates del senador Augusto Alasino (PJ) y la cantidad de embajadores políticos que ocupaban sus lugares, el grupo formado por afines olvidó -un poco- las intrigas contra él o los grupos diferentes.

Los autores de lo que se denuncia, como los otros casos que no trascendieron aún, son colegas que hoy están cerca del poder, que obran contra los que han aprovechado situaciones (o ellos creen que lo han hecho) cuando estaban lejos de él.

No es el canciller que ordena difundir un sumario, traer a un funcionario, escuchar las conversaciones.

Son los colegas que pretenden ejercitar una justicia del tipo "fuenteovejunesca", con la excusa de que "la casa no olvida".

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