Murió el actor Danilo Devizia

Fue un personaje muy especial y un intérprete de gran vigor
Alejandro Cruz
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25 de julio de 2002  

"Lo más importante para mí es poder comunicarme con el público y conmoverlo. Todos los artistas tienen la misma aspiración, pero no todos alcanzan ese objetivo", dijo alguna vez a LA NACION el actor Danilo Devizia. El viernes último, Danilo murió. Ojalá se haya ido con la convicción interna de que él logró ese objetivo, que logró conmovernos. Ojalá.

Porque a lo largo de la trayectoria de este desesperado de la escena, en algunos momentos sus fuerzas internas parecían lograr cierta calma y surgía un actor inmenso, de un vigor escénico conmovedor.

Devizia nació el 30 de enero de 1948, en Necochea. En esa ciudad balnearia debutó como actor, en la década del 70, formando parte del elenco de "Delirata 75". Allí mismo ofrecía durante los veranos espectáculos de café concert, en una carpa que poseía. En ella se presentaron artistas de la talla de Horacio Guarany y Mercedes Sosa, en momentos en que formaban parte de las tristemente famosas listas negras. "Soy parte de una generación a la que dispersaron, mutilaron y mataron. Mi generación perdió una guerra porque quiso cambiar la realidad", dijo en otra oportunidad.

Durante cuatro años actuó en unipersonales o en dupla con el actor Enrique Otranto, en shows que ofrecían en sucuchos y que le servían para pagar la comida diaria (si es que la boletería alcanzaba para darse semejante lujo).

En el San Martín

El actor siguió el camino de aquellos que quieren intentar suerte en la gran ciudad, sumándose a talleres de maestros importantes, como Agustín Alezzo y Raúl Serrano. Ya con sus petates en Buenos Aires, su primer trabajo por la puerta grande fue con "Noches blancas", 1981, en el Teatro San Martín.

Por la puerta chica, silbando bajito, estrenó su unipersonal "Espiral de fuego", con dirección de Susana Torres Molina y Enrique Molina. Este último espectáculo comenzó apenas con una representación semanal y, al poco tiempo, debió aumentar el número de funciones. Simultáneamente, estrenó "El acompañante", junto con Cecilia Rossetto y con dirección del desaparecido Emilio Alfaro.

Lamentablemente, el cine se perdió a este actor de raza (o de una raza especial). De todos modos, su primer trabajo cinematográfico fue en "Sentimientos", en 1985, y el último fue en "Eva Perón", 1996, en la que hizo de Enrique Santos Discépolo.

En el San Martín también trabajó en "Veraneantes", con puesta de Laura Yusem, y en "Seis personajes en busca de un autor", con puesta de Jorge Lavelli, en 1998. En otra sala oficial, el Alvear, tres temporadas antes había hecho "Don Fausto", de Pedro Orgambide. Su genial encarnación del diablo le valió numerosos premios y excelentes críticas.

Desde hace algunos años había vuelto a su Necochea natal afectado por una grave afección pulmonar. La misma que le causó la muerte, el viernes pasado. Ojalá su partida de este mundo haya sido con la convicción interna de haber conmovido al público

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