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Una romería se adueñó de la calle Florida

Vendedores y artesanos ocupan indebidamente el espacio de la peatonal; recorrerla es como una carrera de obstáculos
Alejandra Rey
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11 de agosto de 2002  

Un nuevo mercado ilegal y libre de impuestos se instaló en pleno centro de Buenos Aires, funciona a cielo abierto y se diría que casi bajo las narices del jefe del Gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra, ya que hasta el momento no se han obtenido resultados positivos en los operativos encarados para su erradicación.

Se trata de los vendedores ambulantes, muchos de ellos de ropa de cuero -cuya mercadería la mayor parte de las veces es de origen ilegal-, y de los artesanos instalados sobre la peatonal, que convidan a los turistas con precios más que accesibles, a valor dólar, y al fotógrafo de LA NACION con una inusitada agresión verbal.

Sucede que Florida, especialmente desde la avenida Córdoba hasta Lavalle, se volvió en el último año una especie de romería sin organización alguna, con suciedad, invadida por gente esquiva, que va desde quienes presionan a los turistas para que ingresen en sus locales a comprar prendas de cuero hasta los telúricos arbolitos .

A este universo de personajes, muy cercanos al neorrealismo italiano, se suman las estatuas vivientes que suelen instalarse frente a la entrada de las Galerías Pacífico y el arpa y la guitarra de dos paraguayos que les arrancan sonidos interesantes.

También la cantante cuya voz es pretérito, que eligió una de las ventanas de la tienda Zara para interpretar tangos hermosos, pero muy mal; los niños "refugiados" que serían falsos rumanos; los cartoneros, los mendigos y los limosneros...

Buscarles un lugar fijo

"Somos conscientes de que ha crecido el número de artesanos y de gente que se instala en la calle. En el último mes hicimos seis operativos e iniciamos reuniones con los comerciantes de la peatonal para encontrar una solución. Esperamos sumar al diálogo a los artesanos y a los artistas callejeros y encontrarles un lugar fijo, por ejemplo frente a las Galerías Pacífico", aseguró Silvana Giúdice, secretaria de Gobierno y Control Comunal porteño, la funcionaria designada por el jefe de gobierno para responder a LA NACION ante los reclamos.

Giúdice aseguró que en los próximos días se intensificarán los operativos. "El problema que tenemos es que vamos una vez a la semana, en general los fines de semana, y a las pocas horas los puesteros vuelven. Con los vendedores ambulantes es más complejo, porque la venta clandestina responde a grandes organizaciones. Estamos estudiando junto con la Justicia cómo atacar este fenómeno, que afecta a toda la ciudad."

Otras fuentes del Gobierno de la Ciudad contaron a LA NACION que los vendedores ambulantes, especialmente los artesanos, se han multiplicado en los últimos 20 días debido a las vacaciones de invierno.

"Nos gustaría incorporarlos a las ferias artesanales existentes, y de alguna manera lo estamos logrando. Estamos haciendo mucho hincapié en operativos para verificar si la ropa es legítimamente fabricada y la comida, apta para el consumo."

Y agrega: "No tenemos tantos inspectores, a esos tipos los sacás de la calle hoy y a los cinco minutos están instalados en la siguiente esquina".

Feria persa

LA NACION recorrió Florida el viernes por la tarde, cuando la zona se convertía en otra zona pauperizada que aún se codea con cierto esplendor del pasado: niños cartoneros hurgando en la basura, turistas con dólares, señoras comprando regalos para el Día del Niño y ejecutivos con paso apurado.

Y descubrió lo que ya se sospechaba: hay mafias que dominan el mercado. "Son los vendedores de ropa -dijo Esteban, artesano, 26 años-; ellos no quieren que estemos acá y nos hacen de todo. Por eso yo para el lado del barrio chino no voy..."

¿Barrio chino? Sí, los artesanos llaman de ese modo a las dos cuadras sobre Florida desde Tucumán a Corrientes. Tierra de nadie. O mejor dicho, de vendedores de ropa y de cueros que no admiten diálogo, que acusan a los periodistas de "escupir el asado" y que, de alguna manera, cultivan cierta empatía con la policía.

"Yo hace 20 días que estoy acá y vendo esculturas de vidrio soplado -dice Germán, ubicado entre Viamonte y Córdoba-. Yo me enteré por un amigo y me vine."

A su lado, Hernán -gorro de lana tejido, llegado hace poco de Bariloche, maestro de profesión hasta que la crisis lo dejó fuera del sistema educativo- dice que esta semana viene floja porque no hay turistas. "Se fueron, qué sé yo, igual me quedo. Hago Florida, a veces Dorrego, y algo vendo."

¿Qué venden? Carteras, sahumerios, lámparas a 12 pesos, cinturones, discos pintados, remeras con duendes estampados y bijouterie.

Alejandro, encargado del puesto de diarios de Florida y Viamonte, asegura que los artesanos no influyen en las ventas. Viendo a tanta gente comerciar ilegalmente en Florida, un espacio público que el Gobierno de la Ciudad no puede cuidar, la pregunta es cómo actuar. Un funcionario porteño dijo, simplemente: "No tenemos tantos inspectores, pero nos preocupa la venta ilegal de comida, que puede ser grave para la salud, no la de ropa o de sahumerios".

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