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Trascendente hecho musical

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14 de agosto de 2002  

Oratorio "La Pasión según San Juan" , de Antonio Russo (estreno mundial) Obra encargada por el Arzobispo de La Plata, Monseñor Héctor Aguer, quien tuvo a su cargo la selección de textos en latín de la Nueva Vulgata, junto a ocho textos litúrgicos. Orquesta Sinfónica Nacional. Coro Polifónico Nacional, preparado por Carlos López Puccio. Coro Nacional de Jóvenes, preparado por Néstor Zadoff. Solistas: Armando Noguera (Evangelista); Lucas Debevec-Mayer (Jesús); Juan José Cura (Poncio Pilatos) y Mariana Rewerski (mezzosorprano). Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

Nuestra opinión: muy Bueno

Fue un acontecimiento trascendente para la música argentina la circunstancia de que un compositor profundamente consustanciado con el mensaje cristiano como Antonio Russo, haya concretado la composición y estreno de una obra de las características de "La Pasión según San Juan", ofrecida en la Catedral de Buenos Aires, dirigida por el propio autor al frente de tres organismo pertenecientes a la Secretaría de Cultura de la Nación, la Sinfónica Nacional, el Coro Polifónico y el de Jóvenes, así como con la intervención de destacados cantantes solistas.

Más allá de la opinión que puede formularse desde el punto de vista estrictamente musical, aparece como valor incuestionable el significado trascendente que conlleva el impulso de escribir una partitura que permita recrear de un modo profundamente místico el relato de las sagradas escrituras sobre la muerte de Jesús en la Cruz, y no a través de una obra de corta duración, sino por el contrario, profunda, densa, de importante y equilibrada extensión y llamativa monumentalidad.

En este terreno Antonio Russo cuenta en su haber con una experiencia de singular solidez ya que esta obra, prácticamente sin precedente en su género entre los compositores argentinos, se suma a una serie de composiciones sinfónico corales de carácter religioso como la "Misa para la Solemnidad de Corpus Christi", para coro, orquesta y cuatro solistas (1998), un "Magnificat", para orquesta, coro y mezzosoprano, y "Cinco misterios de gozo", para conjunto instrumental, además de una importante cantata profana "Eros-Selene-Eros", para soprano, coro y orquesta.

Del mismo modo, resulta ser un detalle digno del mayor elogio, el momento en que Russo se ha lanzado a escribir una obra mística, de honda significación espiritual, como "La Pasión según San Juan" poniendo en evidencia a través del resultado obtenido, una labor llevada a cabo con nobleza, entrega y sinceridad, en perfecta sintonía con el apostolado que ejerce Monseñor Héctor Aguer desde su jerarquía eclesiástica e impulsor del de la composición.

La utilización de una enorme masa de coreutas subdivididos en dos coros, la orquesta sinfónica con todas las posibilidades instrumentales disponibles y cuatro voces solistas, barítono, tenor, bajo-barítono y mezzosoprano, dan la idea cabal de que se trata de una Pasión, concebida al modo de aquellas todas aquellas basadas en la misma temática, incluyendo lógicamente a la de Johann Sebastian Bach, con los recursos técnicos y sonoros de su época.

Brillante masa coral

La versión ofrecida, frente a una muy nutrida y atenta concurrencia, tuvo su punto de mayor relevancia en la jerarquía del Coro Polifónico Nacional, dirigido por Carlos López Puccio, no solamente por su justeza y empaste, sino también por la amplitud de sus matices e intensidades expresivas.

En otro plano, pero igualmente positivo, el Coro Nacional de Jóvenes preparado por Néstor Zadoff, fue el otro pilar con que contó Antonio Russo, en su calidad de director y concertador general, para dar a conocer una obra por cierto nada sencilla, plena de pasajes rítmicos variados engalanados con un tratamiento de muy rica orquestación.

Así como fue excelente la labor de la mezzosoprano Mariana Rewerski, en el pasaje de mayor inspiración de la obra, el momento en que la voz solista encara el Stabat Mater "estaba la Madre doliente, junto a la cruz llorando de donde su Hijo pendía".

A la orquestación cristalina y una línea melódica de singular belleza se sumó la voz de rico color de la joven cantante que reiteró condiciones de musicalidad nada frecuentes y una voz clara bien emitida y articulada, razón por la cual es de aquellas que, sin necesidad de forzar, "corren" y se escuchan siempre con nitidez.

También fue muy buena la labor del barítono Armando Noguera como Evangelista (también él crece cada día desde el punto de vista artístico) pero en esta oportunidad ubicado en un lugar lateral, seguramente en determinación del autor, para lograr de ese modo un efecto de lejanía en la voz del relator, pero que le restó algo de su brillo y prestancia habitual.

Tuvo dignidad en el decir y buen timbre la declamación de Lucas Debevec-Meyer como Jesús, en tanto que el tenor Juan José Cura dejó escuchar una voz emitida con esfuerzo, producto de un ímpetu que le puede resultar perjudicial.

La Orquesta Sinfónica Nacional aportó la experiencia indudable de muchos de sus profesores, aunque en esta primera ejecución no alcanzaron el nivel de conjunto del que son capaces.

De todos modos, gracias a la vehemencia latina de Antonio Russo en la forma de dirigir y por el propio predominio en la obra de pasajes exuberantes y grandiosos por su potencia, el oyente recibió una muestra acabada de un lenguaje musical armónico, rico en ideas melódicas hábilmente escritas, en cierto sentido al modo de los grandes creadores sinfónicos italianos de la primera parte del siglo pasado -en la composición no aparece ningún rasgo de tipo nacionalista- pero en este caso, con renovadas e interesantes combinación de timbres.

La versión de la "Pasión", se repitió al día siguiente en la Catedral de La Plata, con el agregado positivo de palabras explicativas de Monseñor Héctor Aguer y con la determinación por parte del director y autor de ubicar al Evangelista en el centro, con lo cual Armando Noguera lució en plenitud.

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