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La venganza del simulador

Tiene 27 años, dirige el programa revelación de la TV 2002 y ahora se lanza con su primera película
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2 de septiembre de 2002  

PENINSULA VALDES.- Un temporal de viento y olas que explotan y desbordan sobre unos acantilados trae a la playa de Punta Pardellas (a 20 minutos de Puerto Pirámides, desde donde mejor se avistan las ballenas francas) las sabias palabras del realizador alemán Werner Herzog: "El mundo se resiste a ser filmado".

El viento cambió de rumbo. Entonces, así como llegaron al lugar, se vuelven por los mismos caminos sinuosos las combis cargadas de equipos de filmación, una cámara subacuática, ropas de neoprene, comida, técnicos, asistentes, actores, el productor y el director de esa película que se pretende filmar, "El fondo del mar", a pesar de los designios de Herzog.

El que comanda es Damián Szifron, de 27 años, la nueva promesa de la TV y el cine, cuya carta de presentación más contundente es haber sido el creador, guionista y director de la serie "Los simuladores", coproducida con Telefé y sus protagonistas: Diego Peretti, Federico D´Elía, Martín Seefeld y Alejandro Fiore. Los 13 capítulos iniciales se están repitiendo actualmente, y los nuevos llegarán el año próximo y, tal vez, con el bonus del largometraje.

Pero como la resistencia es una forma también de la creación, con ese panorama patagónico hay que tomar rápidamente por el plan B: Playa Villarino, hacia el otro lado del golfo. El mundo seguirá resistiéndose. El temporal no habrá borrado el cielo celeste, pero las ráfagas no habrán trabajado a favor. Quedan las escenas finales de esta película, entre ellas unas debajo del mar, y con ballenas que están en proceso de apareamiento y amamantamiento. La marea amenaza con subir rápidamente. También se acaba el material de película virgen y la plata. El rodaje tiene que terminar sí o sí un miércoles.

Bromas de rodaje

Se complica, especialmente en el complejo "mundo szifroniano": rico en detalles, exigente con su estado de conformidad, relajado en sus elecciones, memorioso y consecuente con sus caprichos. Pero ni el temporal le hace perder la amabilidad, el buen trato. Ni el comentario sarcástico del actor Daniel Valenzuela ("Mundo grúa", "La ciénaga") que, aburrido y esperando a filmar vestido de buzo, repite una de sus conocidas chanzas: " Sífron , ¡tuve que venir yo para levantarte la película!" En el diario de viaje, Valenzuela conforma un gracioso dúo junto al peruano José Palomino (el padre de Juan), que interpreta a otro instructor de buceo que en ningún momento abandona su acento de locutor inca al señalar las bellezas visibles de la naturaleza austral con un "¡Pero qué maravilia !"

De los protagonistas sólo están dos: el uruguayo Daniel Hendler (el popular Walter, del aviso de Telefónica, que ya sobresalió en varias películas como "Esperando al mesías", "25 watts" y "Sábado") y Dolores Fonzi (a quien se la acaba de ver en "Caja negra"); Gustavo Garzón ya terminó de rodar.

A pesar de la adversidad meteorológica, el sufrimiento de Szifron (cinéfilo desde niño, hijo de uno de los pioneros en tener videocassettera en el país, egresado de la Universidad del Cine), podría llegar a ser "de nivel estético", como frecuentemente le sucede a su personaje televisivo, Santos (D´Elía), con quien él se identifica.

Fue su placer por la aventura lo que lo llevó a escribir, primero, esta comedia cinematográfica sobre la obsesión, con tramos de policial negro, y unas persecuciones que, por lo pronto desde el guión, provocan humor. Pero en noviembre último, el rodaje de esta historia -que carcome la cabeza de un hombre joven cuando sospecha haber sido engañado por su novia- se suspendió cuando sobrevino el sí de Telefé para concretar los 13 capítulos de "Los simuladores", esos profesionales de la mentira que cometen todos los delitos imaginables en pro del bien.

"El programa tiene una visión optimista porque los malos se terminan redimiendo -señala con su pensamiento szifroniano- . El más popular tipo de mal es el que sufren los malos por debilidad porque sufren con ellos mismos. Sin justificarlos, creo que hay que ayudarlos más que castigarlos. Porque el programa también podría hacerse dentro del esquema de la venganza. Pero no: ellos ayudan a los villanos para que dejen de oprimir a cierta gente." Y para quienes no se engancharon o desconocen la solemne singularidad de esta serie de "superagentes" que no son ningunos mojarrita, Szifron ejemplifica con una idea que bien podría formar parte de un episodio de la serie: "Si "Los simuladores" hubiesen existido en la época en que el nazismo estaba comenzando, calculo que le habrían comprado muchos cuadros a Hitler para que no se frustrara como artista y, de pronto, el tipo se dedicaba a pintar..."

Dos oportunidades

"Se me dieron dos oportunidades grandes y las dos me interesaban al mismo tiempo en una situación a contramano del mundo, con el país paralizado, cinco presidentes en una semana... Cuando terminamos los 13 capítulos de "Los simuladores" yo estaba realmente muy agotado de grabar y la tendencia era que el programa siguiera en el aire. Pero más allá de que nosotros (habla de sus socios Seefeld, D´Elía, Peretti y Fiore) no estábamos preparados para continuar con los libros, decidimos cortar para descansar, y yo para poder continuar con mi película. Telefé aceptó. Pero yo no lo tomé como un golpe al sistema", cuenta el joven Szifron.

"El fondo del mar" se filma en Súper 16 milímetros por cuestiones de costos. "La película virgen es cara y yo filmo mucho, muchas tomas", explica el director. No cuenta con un crédito del Instituto de Cine y también es la primera película como productor del joven Sebastián Aloi, de la compañía Aeroplano.

"Es una película chica comparada con las que producen Patagonik, Pol-Ka o Mentasti, pero es muy grande comparada con una de universidad hecha los fines de semana", aclara.

Entre héroes y perdedores

"La película y el programa de TV son dos costados de una misma forma de ver el mundo -dice Szifron, mientras observa un contingente de turistas que parten para el famoso avistamiento de ballenas-."Los simuladores" pasa por una cosa más épica. Esos personajes son heroicos y uno los vive como inalcanzables, como uno quisiera ser. Y la película "El fondo del mar" es el universo de lo terrenal: cómo habitar el planeta tal cual lo conocemos con las dificultades cotidianas. Entonces esta comedia trata sobre la debilidad. De algún modo, yo soy Toledo, el personaje que interpreta Hendler, que en esta película hace totalmente lo contrario que aquel Walter al que no le pasa nada frente a un mundo que se mueve vertiginosamente. En "El fondo del mar" su cabeza es una licuadora y el mundo permanece inmóvil, pero él lo ve más desesperante de lo que es. Pero también escribo en nombre propio el personaje de Dolores (Fonzi). Conozco qué es tener el poder en una pareja y qué no tenerlo. Por ahí, el más ajeno me resulta el de Garzón."

El rodaje en Puerto Pirámides se justifica por unos planos del personaje de Daniel Hendler, Toledo, quien de chico era de esos que no querían salir del agua y ya de adulto se anota en un curso de buceo. Con su traje de buzo, pelo corto y barba, Hendler se mueve derechito por las calles de Puerto Pirámides como uno de esos muñecos articulados tipo Kent. Ya en la playa de Villarino, y después de la repetición del mismo plano antes de entrar en el mar, se percibe cierto sufrimiento. "Es el primer bautismo de buceo filmado", dijo alguien del equipo cuando emergieron del mar con el camarógrafo. "Habíamos descendido seis metros y, mientras esperaba un gesto como señal de "acción" (ya que no nos escuchábamos), se acercó un lobo marino que a mi personaje, pensé, le habría causado gracia -contó Hendler más tarde-. Como la cámara podía estar corriendo, tuve que respirar hondo, pues no estoy del todo familiarizado con este tipo de fauna. Szifron y Aloi esperaban en la embarcación comiendo sándwiches de milanesa. Mientras tanto, seis metros debajo, algunos compartíamos la intimidad del mar. Era el último plano de mi personaje y de la película. Yo no me podía preguntar "cómo respiraría el personaje" cuando toda mi concentración estaba puesta en poder respirar. El personaje se sumerge buscando el silencio y la paz que tanto le costó encontrar; yo me sumergí pensando que a mis espaldas podían aparecer algunas ballenas, que finalmente no cumplieron con el plan de rodaje, no se hicieron presentes a la hora de citación y habrá que sustituirlas."

"Yo creo que el mar es la salida de la adolescencia -señala luego el director-. Hay un tipo ingresando en otro tipo de mundo que no es el que conoció hasta ahora. Se prepara para una nueva etapa, lo cual no quiere decir que corte definitivamente con la anterior. Yo creo que salí el año pasado de la adolescencia. Recuerdo un capítulo de "Blanco y negro" en el que el personaje de Arnold sugería que le faltaban dos semanas para entrar en la pubertad. No me acuerdo quién decía que muy pocos son los que maduran, que la mayoría se pudre."

Dolores Fonzi ya terminó su parte en la película, pero antes de volverse a Buenos Aires salta de un lado a otro en medio del rodaje. Aguda, agrega: "Szifron vive la vida con cierto grado de tragedia que en una persona como él se convierte en graciosa. El vive la tragedia como algo natural. Para mí es fundamental comprenderlo. Yo no soy del universo de esta película, pero está bueno jugar a que sí. Es como agarrar una porción de todas las relaciones amorosas y contar este cuentito. No es una película pretenciosa. Pero dirigida por Szifron toma otro cuerpo. Es jugar con qué es lo peor que te podría suceder si entrás en una psicosis. Porque así es el mundo según Szifron".

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