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En la Argentina, alrededor de 500.000 personas padecen mal de Alzheimer

La estimulación puede ayudar a conservar capacidades y reducir su progresión
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23 de septiembre de 2002  

Dentro de 20 años uno de cada seis habitantes americanos tendrá más de 60 años: pasarán de 91 a 194 millones. Esto permite vislumbrar cuál será el impacto de las enfermedades asociadas con la vejez en el futuro próximo. Una de ellas es la enfermedad de Alzheimer, que padece uno de cada 20 mayores de 60 años y uno de cada tres que hayan superado los 85.

El doctor Ignacio Brusco, presidente de la Asociación Neuropsiquiátrica Argentina (ANA), indicó que "en la Argentina tenemos entre 450 y 500 mil pacientes con demencias por Alzheimer, ya sea solo o combinado con patología vascular. Es la más frecuente causa de demencia senil".

Brusco dijo que junto con la herencia y la edad también inciden en un mayor riesgo la patología vascular y la falta de estimulación. "Está comprobado -afirmó- que un paciente con deterioro cognitivo mínimo a quien se estimula el lenguaje, la memoria o la concentración tiene una progresión más lenta de la enfermedad."

"El primer síntoma son los trastornos de memoria -dijo Brusco-. Sí, es cierto que muchas personas jóvenes, por ansiedad, tienen estos mismos síntomas y se preocupan. Para diferenciar si se trata de un síntoma de ansiedad o de un trastorno cognitivo existen evaluaciones neuropsicológicas. Además, a excepción de la forma familiar, en muy pocos casos el Alzheimer no aparece a los 40 años."

Minusvalía psíquica

Entre el primer paso, que suele manifestarse entre los 50 y los 60, hasta que la enfermedad va cercenando las facultades racionales de la persona, el paciente pasa por una larga zona gris.

"Decimos que está en minusvalía psíquica -explicó el doctor Guillermo Tórtora, secretario de ANA y médico del Cuerpo Forense de la Justicia Nacional-. No es un discapacitado, pero sí alguien que depende cada vez más de quien lo cuida. Es sugestionable, influenciable. Debería ser el médico de cabecera quien, dedicándose a cada paciente y utilizando tests de memoria, de depresión o de capacidad de decisión, detectara este período gris y le prestara atención."

Uno de los principales problemas que enfrentan las personas en minusvalía psíquica es que no siempre pueden defenderse de maltratos, abusos o estafas. "Son pacientes -aclaró la licenciada Liliana Florio, vicepresidenta de la ANA- que tienen un deterioro importante pero no reúnen los criterios legales para ser discapacitados, en cuyo caso tendrían protección legal."

"El problema es establecer si el paciente perdió la conciencia reflexiva -dijo el doctor Roberto Godoy, médico y abogado del Cuerpo Médico Forense-. En nuestra práctica pericial nos hemos encontrado con personas que, con algunos deterioros, llegaban a celebrar actos jurídicos en desmedro propio o de su patrimonio, ya que no tenían capacidad de consentimiento y de previsión normales. Así puede ocurrir que dejen la herencia a un hijo cuando tienen varios más, o que vendan un bien a un precio mucho menor que el de mercado... En este sentido, la historia clínica confeccionada con rigor y cuidado es el elemento que puede permitir, en el nivel legal, reconstruir el estado de ese paciente en el momento de celebrar un acto jurídico y, eventualmente, demostrar que no estaba capacitado."

El cuidador -familiar o no- es la persona en quien más confían los allegados al paciente y el propio paciente.

"Es muy importante que varios integrantes de la familia estén cerca y que se busquen recaudos antes de emplear un cuidador, al igual que cuando uno elige bien a la baby sitter. Estas personas tienen una misión muy importante y también, a menudo, reciben agresiones y tienen que soportar situaciones incómodas, porque el paciente desconoce y es capaz de culparlo o decirle que le robó, o que trató de matarlo... Las reuniones de familiares ayudan a aclarar estas problemáticas. Sería imprescindible contar con organismos de contención y asesoramiento para que los cuidadores reciban capacitación y reconocimiento apropiados."

El doctor Brusco agregó que junto con el daño neurológico la enfermedad también altera la conducta y produce síntomas neuropsiquiátricos: en una alta proporción (75%) apatía (indiferencia, desgano), y en menor medida alucinaciones y delirios, insomnio y depresión. Pero, contra viento y marea, no se deben bajar los brazos.

"El desafío -afirmó la psiconeuróloga María Rita Malm Morgan- es realizar una evaluación al iniciar el tratamiento y repetirla periódicamente para determinar el nivel de deterioro. Saber qué hace en la casa, qué le cuesta más, en qué hay que asistirlo... La idea es centrar la estimulación en aquellas habilidades que conserva; esto demora la progresión de la enfermedad."

El mal de Alzheimer resulta de un aceleradísimo proceso de muerte neuronal patológico.

"Sabemos que el depósito aumentado de la proteína beta amiloide es lo que dispara la señal de apoptosis o suicidio neuronal. Y a su vez, hay muerte neuronal inducida por causa vascular."

Actualmente, el Alzheimer se trata con vitamina E, anticolesterásicos (aumentan un neurotransmisor asociado con la función cognitiva y conductual), antidepresivos (incrementan la capacidad reflexiva) y antipsicóticos (evitan los delirios y alucinaciones).

Reuniones

Este miércoles, a las 19, en el Salón del Consejo Directivo de la Facultad de Medicina de la UBA (Paraguay 2155, 1er. piso), expondrán sobre la enfermedad los doctores Guillermo Tórtora, Ignacio Brusco, la licenciada María Rita Malm Morgan y la terapeuta ocupacional Magalí Risiga. Informes: (011) 4553-3610, de 16 a 20. Los primeros viernes de cada mes, a las 19, se realiza una reunión gratuita para familiares de pacientes en la Asociación de Alzheimer, Gregoria Pérez 3488, (011) 4553-3610, www.alzheimer.org.ar .

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