Contra la pared

Entre tanta inseguridad y gatillo fácil, el estreno de la película de Pablo Trapero, El bonaerense, encendió la mecha: el ingreso en la policía como posible salida laboral. Historias de jóvenes que forman parte de la institución y de chicos que todos los fines de semana tratan de evitarlos
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27 de septiembre de 2002  

"Lo peor que te puede pasar es que te pare la gorra (así le digo yo a la policía). Te querés matar. En realidad, ¿a quién le cabe ?", dispara Pablo Lescano, líder de Damas Gratis, alma de la cumbia villera (termino que él mismo define como marketinero) y responsable de la música de El bonaerense, segunda película de Pablo Trapero (ver recuadro).

¿A quién le cabe ? Esa parece ser la pregunta de miles de pibes que hoy encuentran una Argentina sometida por la violencia (que supera la ya clásica rivalidad jóvenes v. policía) y el miedo. El eterno miedo a la maldita policía, esa que ya no conoce fronteras ni divisiones y que gana pantalla casi a diario con casos tan terribles e indignantes como el de Ezequiel, que murió en las aguas del Riachuelo (ver recuadro). Pero por mal que nos pese, un Estado puede vivir sin milicia, pero no sin policía.

En medio de las crisis el querer ser policía se convirtió en la chance de un posible trabajo, esos que en la bendita Argentina de hoy no abundan. La Vucetich y la Falcón (los principales centros de formación de la bonaerense y la Federal, respectivamente) se transformaron en dos caminos por seguir: Sólo se necesita tener tercer año completo, todas las vacunas, el DNI en orden y, obviamente, no estar fichado (excepto familiares y amigos de la casa). "Un sueldo, obra social, becas por si me quiero capacitar y un seguro por si me pasa algo", justifica Belén, de 18 años, su próximo ingreso en la bonaerense. "No hay otra cosa, qué querés que haga. Mi novio me dijo que me deja, mis amigos me miran raro. Sé que las cosas van a cambiar cuando me ponga el uniforme."

Belén es una de las tantas chicas que mueren por las lanas de Lescano y delira cuando escucha "las manos de todos los negros arriba y arriba, porque éste es el show de Damas Gratis", para terminar con el ya clásico "el que no salta es... policía, trolo o concheto".Ella está dispuesta a que su vida cambie para siempre. "Sé que dentro de un año me va a costar saltar y gritar "sos botón"."

"Ser realista" es lo que pide Luis Ernesto Vicat, comisario inspector retirado de la bonaerense, que por intermedio de Ricardo Ragerndorfer (autor del libro La Bonaerense, la Biblia sobre el tema) asesoró a Pablo Trapero y se quedó de yapa con el papel de Pellegrino en el film. "Si te metés en la policía sabés que si sos honesto tenés un sueldo, buenos servicios sociales y la posibilidad de un retiro, y si sos deshonesto, podés volverte multimillonario, porque los malditos son muy ricos. La tentación es muy grande. Hay que tener las cosas demasiado claras para no caer."

"Le dicen gatillo fácil / para mí lo asesinó / a ese pibe de la calle / que en su camino se cruzó/ Vos / sos un botón nunca vi un policía / tan amargo como vos"

( Gatillo fácil, Flor de Piedra)

Esa transformación de civil a policía es el eje de El bonaerense, la película de Trapero. "Siempre me llamó la atención esa contradicción de alguien dispuesto a cambiarlo todo -cuenta el director de Mundo grúa -. Cómo de un día para otro un tipo puede hacerse policía. En la peli uno ve esa transformación en Zapa (Jorge Román), un hombre que empieza como civil y termina metido en la policía e inconscientemente se ve cada vez menos parecido a un civil."

Un estado ficticio, ésa es la sensación que provoca cuando se escucha, en la jerga policial, estoy de civil. "Es como si te dijiera estoy de franco-dice Pablo (25) con el uniforme puesto-, como si jugarámos a estar de incógnito. Te da un respiro a esas miradas... ¿Cómo me ven? Como basura. No es fácil, te meten en la misma bolsa... Me metí acá para salir del pozo, estaba cansado del choreo y de jalar (aspirar poxirán). O era esto, o caía, ¿entendés? Quise salir de esa m.... y me metí acá, donde también hay mucha m..., pero sí querés podés zafar." Antes de ingresar, Pablo dejó Fuerte Apache y se mudó a Sáenz Peña. "Para ellos soy un traidor, así que por seguridad le dije a mi vieja y a mi hermana de mudarnos para lo de mi tía. Ya no voy a los mismos lugares que antes ni me meto en su terreno."

En la entrada de una bailanta, Palo (17) y Javiera (19), seguidores de Los Pibes Chorros, aseguran a dúo que decir que te metés en la policía porque no tenés otra opción de laburo es ser hipócrita. "Algo de facho tenés que tener -dice Palo-, porque si no, no podés vivir con todo eso, es muy grosso, sólo que te laven la cabeza y hagas un crack." "Dicen que todos llevamos un enano fachista adentro y de seguro a los que entran se les despierta -coincide Javiera-, si no, no entiendo cómo en plena democracia la cabeza de la poli siga siendo igual que la de la dictadura. Loco, cada vez hay más abuso, mirá lo que le pasó a Ezequiel (el chico que murió en el Riachuelo)."

La represión es un problema social grave y los jóvenes son el blanco predilecto por representar esa inagotable búsqueda que no conoce límites.

"Con tan solo 15 años / y 5 de alto ladrón / con una caja de vino / de su casilla salió... / Pero una noche muy fría / el tuvo un triste final / porque acabó con su vida / una bala policial"

( El pibito ladrón , Los Pibes Chorros)

"En mi barrio hubo uno que se metió. No, no era de Villa La Esperanza (San Fernando), sino cerca, de por ahí -se excusa Lescano como si fuera pecado reconocer que uno de los pibes se haya metido en la policía-. Ahora anda por ahí como un fantasma. No existe, pasó a ser un recuerdo."

Atracos, cárceles y un enemigo en común, la policía, se repiten una y otra vez en las letras de la cumbia villera. Para algunos es apología del delito, para otros, un fiel reflejo de lo que pasa en las villas: la convivencia con la delicuencia. O-le-lé-o-la-lá, la yuta se la come la villa se la da . "Que haya hambre y que los pibes tengan líos con la policía, para algunos es nuevo. Yo siempre viví con eso, con guachines saltando por las paredes, por los techos, para zafar de la poli -aclara Lescano-. No quiero entrar en cuestionamientos, menos ahora como está el país y con lo que está pasando. Qué querés que te diga de la policía que no se sepa. No te puedo decir más de lo que se sabe. A mí me paran como a cualquier otro."

No puedo ser amigo de un botón. Así de directo se despidieron de Leo (28), que hace un par de años se calzó la gorra y patrulla la provincia. "Poco a poco te vas acostumbrando y entrás en un nuevo círculo en el que también pueden convivir viejos amigos (por lo general, se cuidan de todo lo que dicen) -asegura-. Ser policía no significa que no te puedas divertir, sigo yendo a bailar (a veces entro gratis), escucho cumbia villera, trato de no tomarme demasiado a pecho lo que dicen y trato de hacer bien mi laburo. Porque esto es eso, un laburo."

"De chiquito eras vigilante / de chiquito eras un c... / Pero vos no tenés la culpa / por haberte hecho botón,/ sos hijo de la yuta / La yuta que te parió / Olé, olé, olé, sos ortiva y sos buchón"

( Hijo de Yuta , El Indio)

Para Martín (20), que decidió abandonar el reparto de pizzas y empanadas para ingresar a la Federal, lo más difícil va ser verse en el espejo. "Nunca me imaginé meterme en esto, pero no me queda otra. Sé que no voy a ser el típico botón que va a parar a los pibes porque están sólo tomando birra en la esquina. Eso te lo juro por mi vieja", dice mientras besa la medallita de la Virgen Desatanudos.

Que las promesas son difíciles de cumplir Fernando (30) bien lo sabe. "Siempre traté de zafar de ser el típico policía rompe b..., pero tampoco podés jugartela de progre todo el tiempo, porque ahora estoy de este lado y siento que si me descuido ellos me la dan a mí. Acá no sólo hay policías malos, hay grupos de antipolicías que cuando pueden te bajan. Yo opté por progresar, esa es la verdad y estoy harto de sentirme como el malo de la película. Sabés lo difícil que es salir a la calle y hacerle frente a gente que no tiene miedo a morir, gente que está perdida. A esos pibes no los recuperás más. No voy a hablar de mano dura, pero dejémónos de j..., los medios presentan a los pibes como víctimas cuando son delincuentes. No justifico nada, digo que pongamos las cosas en su lugar: Estos pibes son los mismos que mañana violan o matan a tu hermana. Y la cosa, cada vez va para peor. ¿Qué hay que hacer? De alguna manera tenés que parar la bola."

"Estás de servicio / y tomás papusa / bajás del patrullero / con la carretilla dura / repersecuta chamuyás... / Gorra basura andás cortando fuga"

( Gorra basura , del grupo Malafama)

"En mi vida cotidiana siempre estuvo el temor por la policía bonaerense. Uno de los momentos más críticos siempre fue el del cruzar la General Paz (tiempo después descubrí que las garitas pertenecen a la Federal), que nos pararan o tener que ser testigo de algún episodio -recuerda Trapero-. Cuando empecé a estudiar en la Universidad del Cine la cruzaba todos los días para volver a casa, en San Justo."

Contra la pared. " ¿A quién no lo hicieron abrirse de gambas ? Para j... nomás -asegura Pachu (19), acodado en un quiosco de Liniers, esperando para entrar en un show de Pappo-. Yo voy a bailar a los lugares que sé que no molestan demasiado o a los quioscos donde están arreglados. A veces prefiero quedarme acá, tomando una cerveza, que comerme el garrón de que te paren en la entrada de una bailanta. Y si estás con una minita, olvidate, te la toquetean toda."

"No podés confiar en nadie, si hay alguien sospechoso prefiero palparlo antes de que me pase algo -describe, como si se tratara de un operativo, Pablo (32), uno de los policías que prefirió mantener su apellido en el anonimato-. ¿Sabés cuántos pibes de 13 o 14 años paré con una 9 milímetros en el bolsillo? Es como un mal de familia, se hereda. Por lo general sus viejos y sus hermanos son chorros, ese es el mundo que conocen. No me jodan con eso de la crisis, si quisieran trabajar encontrarían algo, no robarían. Lo peor de todo es que entran y salen como nada, vuelven a robar y quizá me maten a mí. ¿Y ellos? Nada. Se escudan en los derechos humanos."

"Yo ando ganando / bastante bien / Yo ando laburando,/ bastante bien / y vos molestando / con tu padre el comisario / ese que me anda buscando / Y no me puede agarrar / que se vaya olvidando / porque no me va a arrastrar

( Ando ganando , de Damas Gratis)

Dicen que una imagen vale más que mil palabras y la de la maldita policía ya es universal. "Algo que realmente me sorprendió fue la reacción del público en los festivales en los que presenté la película -cuenta Trapero-. Se acercaban a contarme anécdotas de su policía y de cómo se habían identificado con la historia. Te hablo de franceses, españoles, alemanes, norteamericanos, lo que se te ocurra. Parece que la policía en el mundo es igual o peor que acá."

La cumbia, la banda sonora de un país

Pablo Lescano, el líder de Damas Gratis, compuso la música que sirve de escenario del Gran Buenos Aires en la segunda película de Pablo Trapero

  • "Que las letras de la cumbia representen a los que escuchan la cumbia. Ni más ni menos que eso. Que la gente se vea reflejada en las historias de mis canciones, es por eso que las escribo y las canto." Así de clara y sencilla es la intención de Pablo Lescano, el músico de 23 años de Villa La Esperanza. Ese espíritu es el que Pablo Trapero quiso para su película El bonaerense. " Fue medio por casualidad como se dio -reconoce el director-, durante la filmación los chicos se la pasaban escuchando Damas Gratis y en distintas comisarías que recorrí también. Es que la cumbia villera de alguna forma representa a la música del Gran Buenos Aires."
  • Para Lescano fue una sorpresa, jamás se imaginó involucrarse en un proyecto de este tipo. "En realidad me gustan las películas de acción, pero hice lo que sé hacer, no más que eso", asegura el compositor de Flor de piedra, Amar y yo, Jimmy y su combo negro y Damas gratis el único grupo en el que canta.

    Que su música se haya escuchado en el Festival de Cannes no parece conmoverlo. "Yo sólo pienso en mis guachines, en divertirlos . Arriba las palmas de todos los negros", simula estar en el escenario.

    Por último, es posible que el próximo proyecto de Trapero, Villa, los vuelva a unir. "Hablaría de lo mío", concluye.

    Policías v. jóvenes, una guerra declarada a través de los abusos

    Son alarmantes los casos de brutalidad policial y de gatillo fácil que año tras año se suman a la trágica lista

  • Ezequiel Demonty (19). Murió ahogado en el Riachuelo luego de ser obligado, junto a dos amigos, a arrojarse y nadar en las aguas por un grupo de policías de la comisaría 34a. La autopsia develó que Ezequiel fue golpeado en la cabeza y en el rostro antes de ser arrojado. (14-9-2002)
  • Darío Santillán (21) y Maximiliano Kosteki (25). En una marcha en Avellaneda, los jóvenes piqueteros murieron en manos de la represión policial comandada por el comisario Alfredo Franchiotti. (26-6-2002)
  • Maximiliano Tasca (25), Cristián Gómez (25) y Adrián Matassa (23). Una estación de servicio de Floresta fue el escenario del asesinato de estos tres chicos. Tras una discusión originada cuando se pasaban por televisión las imágenes de los incidentes en la Plaza de Mayo, en los que un policía era golpeado por los manifestantes, el suboficial retirado de la Federal extrajo su arma y les disparó (29-12-2001)
  • Walter Repetto (21). A la 1.30, a la espera de un amigo, Walter estacionó el auto en la esquina de Lapacho y El Carpincho, una zona de Ciudad Evita. Un cabo que vestía pantalón corto, musculosa y una pistola en la mano se acercó al pibe, Walter pensó que se trataba de un asalto e intentó huir. El cabo disparó y lo mató. (15-1-98)
  • Sebastián Bordón (18). Durante su viaje de egresados sufrió una crisis nerviosa, por lo que los profesores decidieron dejarlo en el destacamento El Nihuil, en Mendoza. Diez días después su cuerpo -con hematomas y huellas de golpes- fue en contrado en un barranco. (2-10-97)
  • Cristián Ariel Campos (16). Salió a comprar pañales y se lo llevaron detenido en un patrullero. En un descampado de Mar del Plata lo torturaron, lo balearon y lo quemaron mientras aún estaba con vida. (2-3-96)
  • Alejandro Mirabete . Huía asustado por un grupo de policías que le había pedido su documento en el barrio de Belgrano. Uno de ellos le disparó en la cabeza. (20-2-96)
  • Miguel Bru (23) . Tras denunciar abuso de autoridad en una comisaría platense, Miguel fue detenido por personal de la comisaría 9a. de La Plata y nunca apareció. Los jueces que llevaron la causa aseguraron que Bru murió en una sesión de torturas. (17-8-93)
  • Saúl Canessa (21). Con su motocicleta salió una noche de viernes. Al parecer, la moto se le rompió en la esquina de las calles 59 y 60, de Necochea, cuando llegó un patrullero. Estuvo preso hasta que lo trasladaron al hospital de Necochea y de allí lo derivaron a Mar del Plata. A la medianoche del sábado murió de un derrame cerebral. La causa: un golpe en el cráneo provocado con un elemento blando que no deja marcas. (20-6-92)
  • Paulo Guardatti (21) . A la salida de una baile de una escuela mendocina fue detenido. Nadie volvió a verlo. (24-5-92)
  • Walter Bulacio (17). De Aldo Bonzi se vino este fana de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota al estadio Obras. Las entradas para el show estaban agotadas, pero Walter y otros chicos se quedaron en la puerta. La policía llegó y a él y a los otros lo subieron en un colectivo y se lo llevaron a la comisaría 35a. Walter salió en una ambulancia, pasó por dos hospitales públicos y terminó muerto en un clínica privada del barrio de Once. (19-4-91)
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