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Divididos en Obras, la aplanadora del rock

Mauro Apicella
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29 de septiembre de 2002  

Recital de Divididos (Ricardo Mollo, guitarra; Diego Arnedo, bajo; Jorge Araujo, batería y percusión). Presentación del disco "Vengo del placard de otro". Invitados: Tito Fargo, Alambre González, Ricardo Vilca y grupo, Pollo Raffo (con ensamble de vientos y cuerdas), Superman Troglio, Andrea Prodan, Roberto Pettinato y Gino Renni. El viernes 27, en el estadio Obras.

Nuestra opinión: muy bueno.

Mientras Divididos rockeaba el furioso "Libre el jabalí" y el público se sacudía en medio del pogo, los seis músicos de la sección de cuerdas daban una simpática postal, vestidos con camisas blancas y pantalones oscuros, parados como maniquíes, inmóviles. No eran parte de la escenografía, sólo esperaban su turno.

Porque Divididos apostó, especialmente en sus dos últimos álbumes, a ensanchar sus fronteras. Desde el toque sutil hasta esos golpes de alto voltaje y transpiración. Y, hasta ahora, nunca dejó de sonar a Divididos, a la aplanadora del rock, a esa expresión compacta, poderosa, de sonido personal y deseos de renovarse sin pasos en falso. En vivo, visto de cara al escenario, presenta tres puntos que arman un triángulo equilátero. Una figura que, para esta banda, es la base de todo diseño.

Ese fue el esquema que el grupo utilizó el viernes para presentar en Buenos Aires su nuevo disco, "Vengo del placard de otro". Primero con un set furioso que sirvió para calentar el ambiente y a modo de introducción al nuevo material que se escuchó completo, en el mismo orden como aparece en los tracks del CD.

Hubo, entonces, temas como "Casitas inundadas, a votar", "Miente el after hour", el demoledor "Cajita musical" y, de pulso más lento y denso, "Brillo triste de un canchero", que llevaron su inconfundible sello de fábrica. También un ácido "Villancico del horror" (en uno de sus versos dice: "Argentina hoy está de novia, se casa por amor"), el contagioso "Pepe lui" y el certero "Despiértate nena", en una magnífica versión que más de un devoto del rock podría subtitular como "el día que Hendrix conoció a Spinetta".

Cuando promediaba el concierto, Ricardo Mollo casi pidió disculpas: "Gracias por aguantarse el disco nuevo. Es como si estuvieran en su casa pero (escuchando) con un equipo más grande". Es obvio decir que el público prefiere sacudirse y transpirar. Pero se mostró dispuesto a escuchar la tensión de "Puertas", que crece desde la estructura rítmica hasta la voz, o el momento de jugar otros diseños sobre ese triángulo de extremos filosos; con guitarristas invitados o con la sección de violines, chelos, corno y clarinete bajo preparados para los arreglos de Pollo Raffo. El curioso ensamble de cámara arrancó con timidez en la pieza que da título al disco, pero pronto se ajustó detrás de los decibeles de "Un alegre en este infierno".

Las respuesta de los fans -oyentes aplicados que hasta movilizaron su argentinidad interior cuando Ricardo Vilca subió con "Guanuqueando"- tuvo su premio en el último bloque. Allí la banda descargó una catarata de hitos. "El 38", "Cielito lindo", "Paraguay", "Ala delta" y una ineludible evocación a Sumo con "Debede", para la que se sumaron Roberto Pettinato, Superman Troglio y Andrea Prodan (hermano de Luca).

En dos horas y media de show Divididos puso el flamante material a consideración del público, después ofreció sus clásicos y sorprendió con el "Ue paisano" de la despedida, en las voces de Prodan y de otro tano famoso, Gino Renni.

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