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Falleció Carmen Scalcione

Fue pianista y una gran pedagoga
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30 de septiembre de 2002  

Existen en todos los campos del arte nombres que cobran una curiosa vigencia, cuyo valor suele ser mejor percibido con el tiempo y sobre todo por la obra y el ejemplo de vida que dejan.

Carmen Scalcione, cuya existencia se apagó la semana última en Buenos Aires, pertenecía a esa clase de seres excepcionales cuya personalidad, si bien ampliamente reconocida por sus pares y en los ámbitos académicos, era ajena a todo lo que no pertenecía al hecho artístico en sí mismo. Pero algunos nombres encumbrados habían recibido sus enseñanzas, como Martha Argerich y Nelson Goerner.

Su desaparición resta un nombre importante a la pedagogía seria del piano. Había nacido en La Plata, en 1924, en el seno de un hogar de músicos. Su padre, el maestro Ernesto Scalcione, perteneció a la Orquesta Estable del Colón; muy pequeña fue llevada con su familia a Italia, donde pudo proseguir sus estudios en el Conservatorio San Pietro a Majella, de Nápoles. Allí, el famoso maestro Rossomandi imprimió una guía certera a su vocación que, a su regreso a Buenos Aires, continuó con un discípulo de aquél que habría de fundar una de las más prestigiosas escuelas de piano en América: el maestro Vicente Scaramuzza. Carmen absorbió sus enseñanzas, convirtiéndose en su destacada discípula y, con posterioridad, en una de las más autorizadas transmisoras de sus invalorables enseñanzas.

De ello dio tempranas muestras cuando sólo tenía trece años, con un notable concierto, oportunidad en la que LA NACION destacó “su mecanismo sumamente depurado al servicio de una interesante sensibilidad musical”. Fue cuando interpretó los conciertos para piano N° 5 (“El emperador”), de Beethoven, y el N° 1 de Liszt, siendo la orquesta dirigida por el maestro Scaramuzza.

Su carrera artística tuvo un paréntesis de varios años y fue retomada en la década de los setenta, luciendo siempre una técnica riquísima, con un empleo inteligente de los recursos técnicos y expresivos. Poseedora de una notable personalidad artística, supo abordar con solvencia los más diversos compositores y estilos en el que no faltaban las obras de gran virtuosismo. Hizo presentaciones, con resonante éxito, en Chile, México, Estados Unidos e Italia.

En años anteriores había viajado a Chile para recibir clases magistrales del eminente Claudio Arrau, y más tarde, en los años setenta, a Italia, donde hizo lo propio con los maestros Carlo Zecchi y Aprea en el Conservatorio Santa Cecilia, de Roma.

Estas circunstancias le dieron a Carmen Scalcione una sólida formación que supo proyectar hacia la docencia y la pedagogía del piano hasta sus últimas semanas de vida. Fue directora y profesora del Conservatorio Provincial de Mar del Plata, y ejerció la docencia en el Conservatorio Gilardo Gilardi, de La Plata, hasta 1974. En 1980 se trasladó a la ciudad de San Juan para hacerse cargo de la cátedra de piano del Departamento de Música de la Universidad.

Se había casado con el músico Dante Amicarelli –fallecido hace algún tiempo–, y le sobreviven tres hijos. Su carácter fue sencillo y sincero, aunque reservado y despojado de todo divismo, y poseyó la entereza y la dignidad de los grandes maestros.

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