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El renacer del Coro Polifónico

Concierto del Coro Polifónico Nacional dirigido por Carlos López Puccio. Programa: Agnus Dei, de Samuel Barber, "Lamentaciones de Jeremías Profeta", de Alberto Ginastera, y "El reino apasible", de Randall Thompson. En la basílica Nuestra Señora de la Merced, Reconquista 207. Nuestra opinión: muy bueno
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6 de diciembre de 2000  

Este es el primer concierto a capella, que ofrece el Coro Polifónico Nacional con su flamante director Carlos López Puccio, tras regresar a los escenarios -luego de la muerte de su titular Julio Fainguersch el 25 de abril último- con una obra sinfónico-coral de Schumann, preparada por Fainguersch y dirigida por Andrés Spiller, y la "Pasión según San Mateo", de Bach, ensayada ya por López Puccio a partir de su designación en junio último y presentada sucesivamente en el Auditorio de Belgrano y en el Teatro Colón con dirección de Michel Corboz a comienzos de agosto.

Muchos devotos del canto coral polifónico se han dado cita en la basílica de Nuestra Señora de la Merced para escuchar nuevamente al Coro Polifónico Nacional en éste su regreso al canto a capella, que presenta tantas -o mayores- exigencias técnicas y expresivas como los ilustres conciertos sinfónico-corales.

Dos detalles insoslayables cabe consignar, antes de referirnos a las conquistas de director y coreutas. Un programa de mano paupérrimo -una sola hoja fotocopiada, doble faz, doblada en tres- constituye la presentación de nuestro primer coro nacional, a cargo de la Secretaría de Cultura de la Nación. Por lo que aquí se ve, no es el coro prioridad alguna en materia de gastos oficiales mínimos (léase programa de mano de un concierto). Los coros vocacionales, incluso los más pobres y menesterosos, suelen presentar programa como es debido. No de lujo, sino dignos y honorables. Sobre todo cuando es de rigor transcribir textos indispensables -como en este caso- para el seguimiento y mayor disfrute de las partituras y como un modo efectivo y real -no verborrágico- de hacer cultura.

El otro detalle salta a la vista cuando ingresan los varones con su uniforme, mientras las mujeres han hecho malabarismos para coordinar vestidos y atuendos, ya que la Secretaría de Cultura de la Nación no se los provee, pese a las reiteradas gestiones emprendidas por sus coreutas. En este aspecto tampoco parecen existir prioridades oficiales, porque vestir bien a coreutas no trae suficiente rédito... Los coros vocacionales -incluso los más indigentes- también aventajan en esta materia al Polifónico Nacional.

Frutos del talento

Al margen de esta y otras tribulaciones económicas que padecen el Coro Polifónico y sus pares oficiales de Cultura de la Nación, los músicos que los integran demuestran su idoneidad y su amor por el arte.

El programa aquí ofrecido -y preparado en apenas tres meses- habla a las claras del excepcional talento musical y la capacidad de conducción coral de Carlos López Puccio. Y también del trabajo minucioso y tesonero emprendido bajo su guía por los noventa coreutas.

López Puccio, que se ha consagrado con su brillante Estudio Coral de Buenos Aires al repertorio contemporáneo, ha dado muestras aquí de gentileza y delicadeza al hacer ingresar en el Polifónico Nacional la música del siglo XX con obras de complejidad creciente.

El programa se abre con el conocido "Adagio", de Barber, que el compositor escribió primero para cuarteto de cuerdas, luego para orquesta y finalmente para coro sobre el texto del Agnus Dei de la Misa.

Desde las sencillas notas iniciales el ensamble va creciendo en oleajes y la trama se hace transparente para descubrir las voces intermedias que lo atraviesan. López Puccio ha logrado tanta flexibilidad del gran coro como si fuese uno de cámara. Pero también empuja a los coreutas hacia cumbres de imponencia por medio de los compactos forte de la partitura.

Las "Lamentaciones de Jeremías Profeta", de Alberto Ginastera, también encuentran la elocuencia cuando el director devela el costado dramático del cuasi lúdico "O vos omnes". Del mismo modo descubre la devoción y el clima de recogimiento del "Ego vir videns", y la formidable paleta expresiva del "Recordare Domine". En los tres números la masa coral se hace maleable, flexible, elástica en las manos de López Puccio.

Conquistas de un coro

Pero es en el ciclo final de canciones donde se puede apreciar el crecimiento y la solvencia alcanzada por nuestro coro. La obra elegida por el director es "The Peaceable Kingdom" (El reino apacible), del compositor norteamericano contemporáneo Randall Thompson, sobre augurios y presagios de Isaías, el profeta mayor del Antiguo Testamento.

Entre sus obras corales inspiradas en la música popular de su país, se destaca esta partitura por la impresionante y patética plasmación musical de los elocuentes textos bíblicos. Ora hímnicos y eufóricos, ora devotos e introspectivos, ora dramáticos y arrasadores los trazos melódico-rítmico-armónicos llegan en continuos oleajes, y forman un formidable cuadro de contrastes. El coro sorprende por la ductilidad de las diferentes cuerdas en asumir los variados matices y por la cohesión de los tutti en los dobles coros.

Un público algo apático los ha escuchado en silencio. Las ochenta voces le devuelven como regalo el buen arreglo de Ricardo Mansilla de la cueca "El sueño de la vendimia".

En su regreso por el canto a capella, nuestro Coro Polifónico resurge con sus mejores atributos.

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