Suscriptor digital

Reencuentro con el tango

Hoy y mañana se presentará el Quinteto Argentino de Cuerdas
Mauro Apicella
(0)
6 de diciembre de 2000  

La mayoría de los integrantes del Quinteto Argentino de Cuerdas peina canas y cuenta con frondosos currículos. Pero llevan este proyecto con un entusiasmo juvenil y cierran el 2000 con un balance más que satisfactorio.

Este año publicaron su tercer álbum mediante un sello multinacional, fueron nominados para los premios Gardel y los Grammy latinos por su CD anterior, "Tangos de terciopelo", y hace poco comenzaron una gira de recitales junto al grupo italiano Novitango, con entrada libre y gratuita, por Rosario, Uruguay y Buenos Aires (hoy, a las 20.30, en el Museo Larreta, y mañana, a las 13, el Teatro Coliseo).

"Lo que hacemos no es comercial. No hay mercado para nosotros. Pero somos cabezaduras y estamos convencidos de lo que hacemos. Además, el tango sigue siendo para el mundo nuestra representación más auténtica", explica el violinista José Votti, vocero de este quinteto tanguero.

Esta historia comenzó en 1994, cuando un grupo de amigos decidió crear el quinteto para volcar su larga experiencia acumulada en orquestas típicas y formaciones sinfónicas. Desde entonces se juntan dos veces por semana en la casa de Votti para ensayar y preparar conciertos. "Compartimos la música y la disfrutamos. Y si nos llaman para tocar lo hacemos. No tenemos el dinero para difusión. Nos conformamos con lo que hacemos, y si a alguien le gusta, mejor."

Se presentaron en Japón y Brasil, y acaban de estrenar un disco para una compañía grande con un repertorio basado en temas de Gardel y Lepera. "Tuvimos la suerte de grabar con buenas condiciones, y el sello tuvo absoluta confianza en nosotros -admite Votti-. Nos falta difusión. No hay muchos lugares para tocar y no nos interesa competir. Ya lo hicimos durante toda la vida: Henry (Balestro, violista) y Ricardo Francia (violoncelista y arreglador) con la orquesta de Fresedo, Lázaro Béker (violinista) y yo tocamos con Piazzolla casi cuando teníamos pantalones cortos. Son más de cincuenta años de tango." Con varios años menos, pero con una sólida carrera, figura el contrabajista Angel Bonura, que completa este conjunto.

Hasta llegar a la actual formación de cámara, los músicos desarrollaron su profesión sobre dos escuelas. La sinfónica, en orquestas como la Filarmónica del Teatro Colón, y la típica, junto a tangueros de la talla de Troilo, Canaro, Fresedo, Pugliese, Donato, Laurenz entre otros de una larga lista.

"Pertenecemos a la generación de músicos con serias aspiraciones profesionales -aclara Béker-. La gran mayoría de nosotros, con formación académica, tocamos tango cuando las orquestas típicas pasaban por su época de oro. Ahí había señores violinistas. Luego entramos en las sinfónicas." Votti recuerda que cuando ingresó en la orquesta del Colón se presentaron 35 violinistas, y que los cinco colegas que entraron ese año venían del tango. "Por eso, después de haber asimilado todo en las típicas, tomamos la disciplina de la sinfónica. Esa combinación se aplica en el quinteto."

-¿Es ésa la mayor particularidad de este grupo?

Votti: -Si poníamos dos bandoneones y un piano podríamos hacer un excelente tango, pero no sería nuevo. En la década del cuarenta se llegó a un techo. La Buenos Aires de hoy no dice nada para los que hacen tango. Quizás en el 2040 la juventud encuentre la vertiente de un tango que esté filtrado por la sensación de la Buenos Aires de ese momento.

Béker: -En la década del cuarenta había más orquestas que músicos. Por eso tocábamos en varias formaciones a la vez. De ahí salió la frase "la música es el arte combinar los horarios".

-¿Qué pueden decir de este último CD con temas de Gardel?

Votti: -Las melodías son de una riqueza fenomenal, pero quedan disimuladas en la maravillosa voz de Gardel. Empezamos a trabajar con entusiasmo, pero nos dimos cuenta de que no era tan sencillo. Discutimos mucho entre nosotros hasta terminarlo. Nos gustaría que la gente sienta a Gardel cuando escuche el disco. Por eso, lo principal era respetar las melodías. La mejor nota es la que puso el autor, porque la pensó mil veces.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?