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Con los ojos de un niño

CIELOS DE ESPANTO Por Aldo Zargani-(Losada)-Trad.: R. Raschella-292 páginas-($ 25)
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3 de noviembre de 2002  

La vida de Aldo Zargani está rota en dos fragmentos desiguales, según la propia confesión del autor. Uno, cronológicamente más extenso, incluye desde su nacimiento en la Turín de 1933 -hijo de una ex-rica casada con un violinista y veterano de la Gran Guerra, judíos ambos- hasta el momento en que, después de un sombrío paréntesis, logró retomar sus estudios y trabajar luego durante cuatro décadas en la RAI, donde llegó a director de programación. El otro fragmento al que alude el escritor es el de ese sombrío paréntesis, que va desde las leyes raciales de la Italia recién aliada con Hitler en 1938 (leyes que, entre tantas otras cosas más trágicas, dejaron sin trabajo a su padre y le impidieron a él desarrollar una escolaridad normal) hasta el fin de la Segunda Guerra. De este período que "se ha multiplicado de modo desmedido" y ha dejado en su personalidad una "lesión invisible" se ocupa Zargani en esta autobiografía parcial ( Certe promesse d´amore , aun no traducida, continúa con la historia) a la que ha logrado convertir en una novela sencillamente bellísima.

Zargani enfrenta sus recuerdos con la excusa declarada de legar su memoria a un nieto que cumplía cuatro años en 1995 (cincuenta después del fin de la Guerra), con la intención apenas menos explícita de poner sobre la mesa una época que sería más cómodo dejar en el olvido y, también, con el propósito doloroso pero saludable (no sólo para él) de vérselas cara a cara con aquella "lesión invisible". Dado que elige como destinatario al nieto y que intenta recrear su propia infancia, el autor asume como narrador una mirada infantil. Pero no por eso oculta o disfraza el dolor largamente decantado y enriquecido por la experiencia, la reflexión, el humor. Por el contrario, logra insuflar nueva vida a los recuerdos, amparado en ese espíritu de inconciencia gracias al cual los niños viven el peligro y el horror casi como un juego aventurero.

En Cielos de espanto ( Per violino solo en el original, ya traducido al alemán y al inglés) la narración opera como la memoria: no por orden cronológico, sino por la misteriosa "simpatía" que asocia un recuerdo con otro en el flujo de la mente. Y aun así, sin un encadenamiento secuencial de los hechos, acaso por otra misteriosa "simpatía", ese fluir aparentemente azaroso consigue atraer al lector como una novela policial. Poco importa qué hecho precedió al otro, la historia es irreductible al resumen de su anécdota. Los acontecimientos narrados van superponiéndose como capas de pintura sobre una misma superficie que brilla cada vez más, en parte, también, porque Zargani construye un narrador que asume su papel con humildad, sin pretensiones de catedrático ni de mártir.

Los Zargani fueron una familia más entre los "afortunados" judíos italianos, de los cuales fue asesinado entonces "sólo" un tercio (las comillas son del autor). Deambularon por Turín, Asti, las montañas. Los padres pasaron por una cárcel de la que salieron casi milagrosamente, porque junto a los nazis importados, los fascistas propios y el "ejército de Los indiferentes" (alusión a un título de Alberto Moravia), nunca faltaron los seres humanos dignos. Los dos hijos estuvieron un tiempo bajo identidad semi-reservada como pupilos en una escuela salesiana, al igual que otros a quienes miembros de la Iglesia contribuyeron a ocultar de los cazadores. Muchos de sus parientes y amigos acabaron en Auschwitz. El mismo lugar al que pudo sobrevivir otro italiano, Primo Levi, cuya experiencia dio lugar a su libro Si esto es un hombre . Aldo Zargani también vivó para contarlo y lo hace con sensatez, dulzura, humor. Pocos creadores son capaces de trasmutar el espanto en belleza y muchos menos aún de crear, a partir de ese material, un relato tan entretenido y placentero como una fábula.

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