Adiós a la estrella de América

En México, donde grababa una telenovela, murió Libertad Lamarque, figura mítica del tango, el cine, la televisión y el teatro
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13 de diciembre de 2000  

Libertad Lamarque fue una mujer tocada por la fortuna. La muerte de la gran estrella -ocurrida ayer en México, donde grababa la telenovela "Carita de ángel"- enluta a los públicos del país y a los de toda América y España. Libertad paseó la canción popular argentina por todos los continentes. El tango, en su decir, cobró dimensión emotiva y sentimiento; fue una intérprete cuya voz evolucionó desde la expresión aniñada de los primeros tiempos hasta la convención dramática. El habla porteña de los tangos, en su canto e interpretación corporal, ganó en energía, en vitalidad y en aplomo sentimental.

En la radio, en el cine y en el teatro tuvo asimismo adeptos incondicionales y todos los medios sirvieron para expandir su fama y su prestigio de intérprete entregada al arte. Su carrera se repartió mayormente entre la Argentina y México, hasta el punto de señalar ella que mantenía "una doble nacionalidad artística latinoamericana".

Rosario la vio nacer en 1908. Sus padres eran inmigrantes: el padre, uruguayo de ascendencia francesa; la madre, gallega de la Coruña. Comenzó a cantar con buena expresión en la niñez; fue apoyada por sus mayores, que le permitieron cantar tangos en clubes y sociedades de beneficencia, en Rosario y en otras ciudades santafecinas. A ella le gustaba recordar que alguna vez había accedido a "reina del corso" con un disfraz de flor, ejecutado por su padre en tela y hojalata. Don Gaudencio, el progenitor, era hojalatero. De a poco, el hombre abandonó la artesanía para dedicarse de lleno a la promoción de Libertad, que ya realizaba un principio de carrera profesional como cantante adolescente. Pero el sueño debía cumplirse más lejos, en Buenos Aires, aunque en la capital la carrera debería comenzar otra vez desde cero.

Fue así: llegó a la calle Corrientes en 1926. Se presentó ante varios empresarios. Sólo cuando la escuchó el legendario Pascual Carcavallo ascendió al tablado de El Nacional. Sus tangos y su vocecilla gustaron. También la hondura con que su cuerpo y sus ojos se encarnaban en la letra que entonaba. Antes, en Rosario, había integrado elencos dramáticos. Su debut como actriz se produjo allá en una versión de "Madre tierra". "Cascabelito", "El huérfano", "Talán, talán" eran algunos de los temas musicales que el público le reclamaba.

Caracavallo le solicitó una interpretación de "Mocosita". La recomendaba Salvador Merico y Olinda Bozán le hacía buena propaganda de amiga y compañera de camarines. El 11 de mayo de 1926, las carteleras de los periódicos anunciaban el debut de Libertad, que actuaba tras las interpretaciones de "Valencia", por Olinda Bozán y Paquito Busto, y de un charleston por Olinda.

Libertad admiraba el decir de Azucena Maizani. Esta la aplaudía y le prestó algunos tangos de su repertorio. "El tatuaje" sucedió a "Mocosita" y vino el primer disco, convocada por RCA Víctor -el sello para el que siempre trabajó-. Después de una prueba que no logró buen resultado, salió a la venta su primer doble: "Chilenito" y "Gaucho sol". En 1976, la Víctor le festejó en México sus bodas de oro con la grabadora y publicó un álbum con tres long playings antológicos convertidos hoy en verdadero objeto de culto.

Con nuevos contratos, sigue presentándose en salas porteñas hasta el estreno, en 1929, de "El conventillo de la Paloma", en una célebre puesta en la que interpretó inicialmente el personaje de Doce Pesos. En 1927 se había casado con Emilio Romero, un apuntador de El Nacional que convenció a la actriz de las bondades del matrimonio, que en este caso no fueron sentimentalmente muy favorables para Libertad. De esa unión nació Mirtha, la hija que, en alguna oportunidad, hizo dúo cantable con la madre.

En el cine

Cuentan que Libertad Lamarque se parecía a la norteamericana Norma Shearer, por entonces gran estrella del cine. Con esa excusa, el director italiano Mario Parpagnoli, que filmó en el país, le ofreció una breve actuación en "Adiós, Argentina" (1930), una película muda, cuyo título respondía a un tema musical que cantaba Libertad. Allí debió encarnar a la paisana que un gaucho (el mismo Parpagnoli) despedía con un fuerte beso, apoyados en una tranquera. Libertad solía sonreír recordando el olor a pegamento que tenía el falso bigote del actor y director italiano. Libertad cobró cien pesos por aquella actuación, lamentablemente perdida.

Al comenzar la década de los 30, Libertad Lamarque se situaba en primerísimo término entre las figuras del espectáculo porteño. La radio y las giras teatrales primero, luego el cine, le dieron dimensión y popularidad nacionales. En 1932 don Angel Mentasti le dio una importante figuración en su primera realización sonora, "¡Tango!", primer film argentino sin discos, dirigido por Moglia Barth. Allí encarnaba a Elena, la mujer que, con su canto -como sirena porteña-, atraía a Alberto Gómez, quien dejaba a la noviecita del barrio (Tita Merello) para chocar contra las luces de París.

Mario Soffici debutó como director en "El alma del bandoneón" (1935), el segundo film sonoro de Libertad. La actriz debió cantar temas populares y empezó a sufrir como pocos en el cine, tonalidad que caracterizó posteriormente el 90 por ciento de su carrera fílmica. En "El alma del bandoneón", el dolor tanguero se reflejaba en la peripecia dolorosa de un matrimonio expuesto a sufrir la eterna crisis económica de los argentinos y a perder una niña tras largas horas de fiebre y dolor.

Contratada por SIDE, la compañía de Fernando Murúa -se dijo que este técnico y productor estuvo enamorado de ella-, José Agustín Ferreyra la dirigió en los tres éxitos más grandes de la época inicial de Libertad: "Ayúdame a vivir" (1936), "Besos brujos" (1937) y "La ley que olvidaron" (1937). Amores perdidos, hijos robados, villanos de selva agresivos, galanes indecisos, madrastras despechadas, mujeres de clase alta despreciativas, de todo hubo en aquellos melodramas donde el dolor se decía con voz de tango.

Estas tres películas encadenaron la fama de Libertad Lamarque por toda la América de habla española y, dicen, en Cuba todavía llaman "Ayúdame a vivir" al cafecito con leche, en homenaje a la citada película. Aún hoy, en la televisión latinoamericana, trina Libertad con aquel "pajarito", en el agua y bajo una ramita movida por anónimo técnico de filmación.

En 1938 Libertad recibió una oferta de Hollywood para incorporarse a los elencos cinematográficos internacionales. Por entonces se decía que ella era una de las responsables de que el cine norteamericano hubiera descendido en su difusión por las carteleras latinoamericanas. Temió que, mediante un largo contrato, la mantuvieran en el invernadero y tras el rechazo de la oferta millonaria aceptó otras dos: la de casamiento que le propuso el músico Alfredo Malerba y la de Argentina Sono Film, que le dio el papel central de "Madreselva", un proyecto que llevó adelante Luis César Amadori.

La figura de Libertad creció quizá más que en Hollywood. "Madreselva", otro supermelodrama, le permitió interpretar sus mejores tangos del momento, pero también arias de la lírica universal. Allí no sólo simuló no estar perdidamente enamorada del mismo hombre (Hugo del Carril) que adoraba a su hermana (Malisa Zini), sino que les cantó un "Ave María" en la ceremonia de la boda.

Puerta cerrada

Luis Saslavsky, en 1939, terminó por modelar la perdurable imagen de Libertad en "Puerta cerrada", un melodrama maravilloso, ligeramente basado sobre el voluntario sufrimiento de las madres por los hijos, de moda en el cine de Hollywood gracias al rostro camaleónico de Barbara Stanwick en "Stella Dallas", otro clásico, como "Puerta cerrada". La luz de John Alton, después iluminador de muy importante carrera, contribuyó a dar atmósfera perfecta a la actuación de Libertad y a la intención dramática y decorativa de Saslavsky. Inmediatamente, "La casa del recuerdo", también de Saslavsky, sobre un relato de María Luisa Bombal, fue una nueva vuelta sobre el film anterior. Libertad fue allí consumida por la locura.

Otros títulos -"Caminito de gloria", "Cita en la frontera", "Una vez en la vida"- significaron renovados argumentos sobre una historia semejante, la que el público solicitaba y Libertad retribuía. Largos vestidos, noches evanescentes, mundos de fantasía y viajes a la irrealidad, todo entre canciones y una producción más o menos generosa, son las características de aquellas películas. No fueron los 40, sin embargo, los años más fértiles en materia de personajes, guiones y producción artística que la estrella merecía. En 1942, con "En el viejo Buenos Aires", pasó de Argentina Sono Films a Estudios San Miguel. Hubo una renovación vital en el trabajo cinematográfico de la cotizada estrella y fue nuevamente Saslavsky el encargado de reformular su modalidad estelar, sugiriéndole una nueva caracterización y un género no frecuentado antes, en "Eclipse de sol" (1943). Libertad debió aparecer rubia para jugar la comedia, en uno de sus mejores trabajos, quizás el último muy significativo, a pesar de que su carrera continuó luego en casi 50 películas.

Tras "El fin de la noche" (1943), en la que Alberto de Zabalía colocó a Libertad en medio de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial, actuó en "La cabalgata del circo" (1944) y "Romance musical" (1945); la primera, una aventura costumbrista; comedia de poco enredo, la segunda.

Son muy conocidas las dificultades que Libertad Lamarque tuvo con el peronismo, después del rodaje de "Romance musical", incluida la leyenda de una bofetada que le habría propinado a Eva Perón durante el rodaje de "La cabalgata del circo". En 1986, en sus "Memorias", Libertad se encargó de desmentir la agresión, pero no negó que las dificultades la condujeron al exilio, en México.

La promesa mexicana

En tierra azteca hizo inmediatamente una película. Coincidentemente, fue su primer film mexicano y el inicial de Luis Buñuel: "Gran casino". Sugestivamente, Libertad realiza allí una maravillosa interpretación de "Adiós, pampa mía".

Torrentes de lágrimas derramó Libertad frente a las cámaras en los estudios mexicanos, en films como "Soledad", "La dama del velo", "Huellas del pasado", "La loca", "La mujer sin lágrimas", "Bodas de oro" y muchísimas más. Alfredo Crevenna, Miguel Zacarías, Emilio Fernández, Tito Davison y Roberto Gavaldón fueron los directores que más la frecuentaron. De vuelta en la Argentina, en un paso breve, rodó en 1959 "Creo en ti". Volvió a México y luego a Buenos Aires, alternando constantemente el cine y la telenovela, en los años 70, con producciones de los dos orígenes. "La sonrisa de mamá" y "La mamá de la novia", de Enrique Carreras, fueron sus éxitos argentinos, junto con una brillante puesta de la comedia musical "¡Hello, Dolly!" y varios espectáculos de carácter evocativo en los que Libertad cantó y bailó.

La actriz desaparecida tuvo copiosa y continuada actuación en los escenarios latinoamericanos: publicadas sus "Memorias" y bien entrada en los ochenta años, no descansó jamás, favorecida siempre por la afición de un público que llenaba las salas donde Libertad se presentaba. En 1989 fue incluso homenajeada en el Festival de San Sebastián, España, donde se proyectó parte de su obra. Durante todo ese año realizó exitosas muestras de voz y baile en un teatro de Miami.

En los años 90 Libertad siguió cantando y actuando con el mismo suceso de siempre, y el adiós llegó en plena tarea, mientras grababa su sexta telenovela, en México. Para eso se había trasladado desde Miami, donde residía últimamente, hasta un departamento del Distrito Federal.

Con Libertad Lamarque se extingue un fragmento enorme del espectáculo argentino de este siglo. Quedan su memoria y lo mucho que hizo, en la época de oro, para que la pantalla nacional trascendiera nuestras fronteras. Con ella paseó el tango en singular decir: algo de la voz rea de los años 20 y otro tanto de la emoción porteña puesta en el guiño irónico, el gesto vigoroso y la presencia espontánea pero innegablemente aprendida en horas de ensayo, esfuerzo y concentrada dedicación.

Sus restos serán cremados hoy, a las 15, en el Panteón Español de la capital mexicana.

El último homenaje en México

El 24 de julio último, Libertad Lamarque recibió un emotivo homenaje por parte de la comunidad del cine mexicano.

En una ceremonia de gala y ante una multitud que la recibió de pie y le brindó una ovación en el impresionante Palacio de Bellas Artes del Distrito Federal, Lamarque recogió un premio Ariel de Oro especial (máximo galardón de la cinematografía azteca) por su exitosa trayectoria de más de cinco décadas en ese país.

Libertad no es considerada en México una estrella del pasado, sino vigente y contemporánea. Su último gran éxito data de este mismo año, con la telenovela "Carita de ángel", una versión del "Papá corazón" que escribió Abel Santa Cruz. Allí encarnó a la madre superiora de un convento.

En una entrevista que concedió pocos días antes de morir a la revista Nueva, Lamarque había asegurado que jamás la molestó esa popularidad que le impedía salir a la calle sin ser reconocida. También dijo que no temía "ni un poco" a la muerte. "No me da miedo, porque ni siquiera pienso en ella", afirmó.

Recuerdos

"Cuando llego aquí, empiezo a recordar de todo un poco. Extraño cosas como el olor especial del ferrocarril, con el que anduve por todo el país. Extraño el recuerdo. Es un poco raro lo que digo, ¿no? Extraño el recuerdo, porque los recuerdos también se van perdiendo, y a mí me gusta recordar." Esto decía Libertad Lamarque en su último viaje a la Argentina, en una entrevista con La Nación . La Argentina nunca la olvidó. El 27 de noviembre de 1998 fue designada asesora ad honórem en el área de cultura y declarada personalidad emérita. Su valor fue recordado incluso por algunos visitantes ilustres. Tal fue el caso de Compay Segundo, quien le dedicó su último concierto en nuestro país.

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