Una jornada para el recuerdo

(0)
6 de noviembre de 2002  

Recital del dúo que forman el violonchelista Eduardo Vassallo y la pianista Cristina Filoso, perteneciente al ciclo "Colón por dos pesos". Programa Beethoven: Sonatas N° 2 Op. 5 N° 2 ; en Sol menor; N° 4, Op. 102 N° 1 en La mayor, y Sonata N° 3 Op. 69 en Do mayor. En el Teatro Colón.

Nuestra opinión: excelente

Es un hecho digno de celebrar que un dúo de violonchelo y piano, como el que forman Eduardo Vassallo y Cristina Filoso, pueda ser escuchado en la sala del Colón, magnífica como se sabe por su acústica, no solamente para las funciones líricas, conciertos sinfónicos o espectáculos coreográficos, sino también para los recitales de cámara, algo que en los últimos tiempos se ha desestimado un tanto. El público , que colmó la platea y numerosos palcos, dio cuenta de la aceptación general de que goza el género.

Las cualidades que poseen músicos como los nombrados son óptimas, en cuanto a la virtud esencial del músico: fidelidad a la partitura sin mengua del enfoque interpretativo

Pero hay más. Vassallo y Filoso constituyen un dúo argentino que se ha afirmado en un centro musical europeo como Birmingham, Gran Bretaña, donde el primero se desempeña como violonchelo solista de la Birmingham Symphony Orchestra, fue uno de los fundadores del Ensamble de cámara de esa ciudad, y es maestro titular en el Royal College de Manchester. Todo ello en mérito a la formación recibida primero en nuestro país, y posteriormente con Radu Aldulesco, Pierre Fournier y Pergemenschikov en Europa.

No es casual tampoco que su diálogo musical con la pianista Cristina Filoso sea tan fructífero y pleno de posibilidades interpretativas; ambos asientan su oficio sobre bases sonoras altamente estimables, con imaginación en el fraseo, y a la vez conocimiento del estilo. En otro orden de cosas, en materia de música latinoamericana, por ejemplo, ello les valió los plácemes de la crítica europea con el estreno de "Le Grand Tango", de Astor Piazzolla, plasmado en un disco compacto grabado en Londres.

Los antecedentes de Filoso son asimismo una garantía para abordar un programa beethoveniano como el ejecutado en esta ocasión. Auténtica discípula del recordado maestro Scaramuzza, y habiendo recibido además la orientación de pianistas como Luis La Vía, Earl Wild y Nikita Magaloff, ha recogido valiosas (y exitosas) experiencias en Europa junto a solistas famosos como Christine Walewska, Peter Thomas, Alberto Lysy, Mark Peskanov, a las que se añade la formación de este dúo.

La base pianística que poseen las sonatas que incluyen el violonchelo, además de ser una novedad -que Beethoven inaugura para su época-, requieren un timbre de virtuoso para el instrumento de arco, lo mismo que ocurre tratándose de sus dúos para violín y piano.

El hecho de que ambos músicos no le teman al sonido (abriendo totalmente la tapa reflectora del piano, por ejemplo) dice de una base técnica válida y segura. Y así resultó en todo el concierto que fue ejecutado con ejemplar ajuste y balance sonoro, con las amplias introducciones lentas de las dos primeras ofrecidas (Adagios de la Op. 5 N° 2 y la Op.102 N° 1) en las que la libertad de la forma adoptada por Beethoven dio ocasión de apreciar la calidad y profundidad sonorasde Vassallo, la gravedad expresiva de la primera y la libertad del fraseo en la segunda. Acerca de ésta, compuesta durante el último período creativo del compositor, Maynard Solomon afirma que Beethoven "abre suavemente la puerta al romanticismo".

Pero fue quizá la última sonata interpretada, la Op. 69 en La mayor compuesta en plena madurez, donde el dominio de la forma alcanza su mejor equilibrio clásico y donde la combinación de concisión vigorosa e invención se amalgama de manera feliz dentro de los moldes de la sonata. Aquí esa íntima interrelación entre los dos instrumentos, impuesta desde el pentagrama, fue lograda en forma superlativa por los dos intérpretes .

La frase inicial que recita el chelo fue dicha con sonido dulce y profundo, seguido por el piano que desde entonces mantendría un diálogo elocuente, imbuido de tierno lirismo en el A llegro non tanto inicial.

El denso entramado pianístico que sirve de sostén a toda la obra tuvo admirables momentos en las intervenciones de Filoso, quien supo calibrar en todo momento el caudal sonoro, y la faz expresiva del fraseo. Fue perceptible una interacción en los mínimos detalles del fraseo y la articulación, en los que no se descuidaron los detalles estilísticos del discurso.

En suma, una jornada musical para recordar entre las mejores que se hayan ofrecido en esta serie de conciertos y en el año.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios