D´Arienzo, rey del "chan-chán"

Su manera de interpretar el tango hizo escuela y aún hoy encuentra seguidores
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14 de diciembre de 2000  

La historia empieza siendo sencilla. Un chico de Balvanera (barrio al que memoró nada menos que Borges), hijo de inmigrantes italianos, que a los doce años empieza a estudiar el violín en el conservatorio Mascagni y luego en el Thiebaud-Piazzini; que muy pronto toca en un trío juvenil junto al pianista Angel D´Agostino y al bandoneón de Ernesto Bianchi, alias Lechuguita (clásica base de la orquesta típica ), en el teatrillo Guiñol del Jardín Zoológico y más tarde en el teatro Apolo.

Era un muchacho que no descollaba con su violín en las orquestas de zarzuela, ni en los ensambles de los teatros Avenida y Nacional, ni en el sexteto al que se integró en 1928, ni tampoco en aquellos conjuntos de música internacional que copaban el mercado hacia fines de los años veinte.

Precisamente es en 1926 que Juan regresa al tango, al incorporarse como violinista en la orquesta típica Paramount, al año siguiente al sexteto Los Ases, y en 1928 al irrumpir con su primera orquesta, junto al bandoneón de Francisco Fiorentino.

En las iniciales grabaciones de 1929, contando entre sus filas nada menos que a Ciriaco Ortiz como primer bandoneón, y a Carlos Dante en el canto, nada hacía presumir el rol que ocuparía en la historia de tango. Aquel repertorio era de tangos melódicos, morosos, cadenciosos.

La otra historia

Horacio Ferrer, Blas Matamoro, Luis Adolfo Sierra, José Gobello son algunos de los que cuentan la historia de la irrupción de D´Arienzo en el tango de mediados de los años treinta.

"Se suele referir como fecha del nuevo auge popular del tango al año 1935", comenta Blas Matamoro en "La ciudad del tango". Es, exactamente el año en que muere Carlos Gardel.

"En 1936 -refiere José Gobello en su libro "Crónica general del tango"- irrumpe victorioso Juan D´Arienzo en el disputado territorio de la popularidad. Acababa de cumplir 35 años."

"Hacia 1935 -escribe Luis Adolfo Sierra en "Historia de la orquesta típica"- se iba operando paulatinamente el proceso de recuperación del tango." Sierra la atribuye en parte al crecimiento numérico de los ensambles, como fuerte atractivo para el público, tras el furor de la música de las primeras películas sonoras de 1933 y 1934.

Es la época de la Guardia Nueva, que ya se había detenido antes a escuchar las voces de Gardel, Maizani, Quiroga, Corsini, Magaldi, Mercedes Simone, Ada Falcón, Charlo. El tango devenido canto. El canto en su esplendor. Precisamente ese canto es lo contrario de lo que intuye D´Arienzo al decir "el tango es para las orquestas, no para los cantores. La voz humana no debe ser otra cosa que un instrumento más dentro de la orquesta".

En ese contexto estalla (parece ser el verbo adecuado) la orquesta de Juan D´Arienzo. Pascual Contursi había llevado el tango, en 1917, con los versos de "Mi noche triste", de los pies a los labios. D´Arienzo lo volvía de nuevo, desde las butacas del cine y la mesa de café, a los pies. ¿Qué había sucedido? Que tras las comedias musicales de comienzos de los años treinta, Buenos Aires se mecía al ritmo del charleston y de varias otras danzas norteamericanas. Los milongueros se habían alejado de las pistas de baile.

La reacción fue -probablemente- inconsciente. El tango debía volver a ocupar su lugar de privilegio. Y el caldo de cultivo era la enorme cantidad de gente que se sentía cercana a las corrientes tradicionales que necesitaban expresarse pública, masivamente, moviendo el esqueleto.

Entonces llega la orquesta de D´Arienzo, con su pianista Rodolfo Biaggi -que había tocado con Pacho, que había acompañado a Gardel en algunas grabaciones- a devolver "la funcionalidad bailable" y originaria al ritmo nacido al compás del 2x4. La pura bailabilidad que se tiene por principal característica de esta música de Buenos Aires.

¿Qué propone el histriónico hombre de Balvanera? Con clarividencia (o la más astuta picardía criolla), D´Arienzo exige de la orquesta -cinco violines, cinco bandoneones, piano y contrabajo- una rígida, implacable, tajante marcación del compás y la aceleración vertiginosa de los tiempos del 4x4, produciendo sin tregua, contrastes con staccato y silencios. Con Biaggi la subdivisión rítmica pasó, al decir de Gobello, "del cuatro por ocho al dos por cuatro, al compás rápido y juguetón de los tangos primitivos". En medio de la acentuación uniforme y metronómica, el piano es el encargado de arremeter acentuando con la mano derecha la melodía, mientras surge por ahí algún contracanto desde la cuarta cuerda del primer violín. ¿Qué tangos ofrece D´Arienzo con esta estética de funcional cuadratura? Pues tangos netamente instrumentales de la Guardia Vieja; algunos formidables, anteriores a 1915, como "Independencia", "Hotel Victoria", "Don Juan", un vals como "Desde el alma", y otros tangos de la primera época, como "Tinta verde", "Francia", "Sábado inglés", "De pura cepa", "9 de julio", "Penas de amor"... ¿Dónde toca su orquesta? El Rey del Compás se presenta especialmente en los barrios, en bailongos de clubes deportivos y en el Chantecler, por la calle Paraná, a media cuadra de Corrientes.

D´Arienzo ha dejado el arco del violín por la batuta de director y se planta frente a la orquesta, enjuto y larguirucho como es, para ensayar una artillería de indicaciones histriónicas, desde algún solo hasta entradas al tutti de la masa orquestal. En sus actuaciones las parejas, estimuladas por tal repertorio de movimientos de brazos como aspas y contorsiones de cintura, "danzan con sorprendente estética tanguera de pasos cruzados". Son los bailarines empedernidos que se han corrido, presurosos, "desde la intimidad de los salones -dice Ferrer- para colmar pistas con olor a multitud".

En su orquesta los pianistas han tenido un rol destacado a partir de Rodolfo Biaggi. Por ella pasaron, entre otros, Juan Polito tres veces, René Cóspito, Carlos Di Sarli, Luis Visca, Fulvio Salamanca. En ella apenas si pudo lucirse el arte del violinista Cayetano Puglisi, que siempre tuvo asignada la cuerda más grave del violín. D´Arienzo pretendía emular la viola o el violonchelo. (¿Por qué no incorporarlos directamente?). Con ella cantaron el igualmente histriónico Alberto Echagüe y también Héctor Mauré y Juan Carlos Lamas. Entre los bailarines -se los llamó alguna vez "estilistas de la danza"-, que hicieron roncha en esa época se cuentan Jorge Márquez, Petróleo, Finito Rivera, El Negro Tajuira, Virulazo, El Petiso García, Antoñito, El Pibe de Villa Crespo.

Después del tango del primitivo 2x4 de D´Arienzo, casi todas las orquestas que le siguieron entonces, se vieron obligadas, por propia decisión o por la moda -que hacía eco en los empresarios del espectáculo-, a seguir la línea machacona y acelerada de aquel sello impuesto desde mediados de los años treinta. Hoy, en pleno 2000, parecen seguir sus pasos la orquesta de Ernesto Franco y, por cierto, Los Solistas de D´Arienzo.

D´Arienzo pareció aplacar un tanto hacia los años 40, este estilo acuciante destinado al bailongo . Pero entre los años 50 y 60 repitió el viejo esquema, perjudicado, como asegura Ferrer, "por un repertorio pobre, agresivo y chabacano, del que son muestras los tangos "El nene del Abasto", "El hipo" y "Chichipía"". Finalmente, después de los años 60, el viejo violinista buscó nuevos caminos, algo más aplacados.

El músico compuso temas como "Apache", "Nada más", "El vino triste", "Chirusa" y "Garronero", entre otros. Quien lo bautizó como El Rey del Compás fue el "príncipe cubano", apodo de Angel Sánchez Carreño, maestro de ceremonias del Chantecler.

Juan D´Arienzo murió el 14 de enero de 1976.

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