Nunca es tarde: María Virginia Garrone

Su caso es sorprendente: era una joven promesa de la natación argentina, hace más de un lustro dejó de competir por una extraña lesión en un hombro, se recuperó y el fin de semana último, a los 24 años, ganó 15 títulos en el Campeonato Argentino
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12 de noviembre de 2002  

Cuesta imaginar que esa sonrisa sincera, encantadora, que hoy lleva a todos lados, alguna vez haya desaparecido de su cara. Que su rostro haya sido ganado por el dolor y el llanto. Pero esa desazón de ayer explica la felicidad de hoy. La de María Virginia Garrone y la de quienes la conocen: su familia, sus amigos, sus compañeros. Ellos saben lo que sufrió y por eso se alegran por este presente de éxitos.

Hay una historia detrás de los 15 títulos que ganó Garrone en el Campeonato Argentino de natación, que se realizó en el Cenard el fin de semana último. No sólo por una cifra que no tiene antecedentes en un mismo torneo. Hay una protagonista que estuvo cercada por la frustración y la amargura. Pero que perseveró y nunca perdió la esperanza de resurgir. Y, a los 24 años, ganó.

A mediados de la década del 90, con edad de juvenil, esta nadadora oriunda de Bell Ville era una de las máximas esperanzas de la natación argentina. Tuvo una buena actuación en los Panamericanos de Mar del Plata 95 y, ese mismo año, brilló en el Sudamericano, al ganar once medallas doradas. Pero el destino le puso una dura prueba en su vida.

"En el 94 empecé con una molestia en el hombro izquierdo. Y después de los Panamericanos y el Sudamericano tuve que dejar. Fue terrible: no podía levantar el brazo", explica, mientras se arregla el pelo para las fotos.

Consultó a todos los especialistas y no encontraba la solución a su dolor. A los dos años decidió operarse. "Tenía el tendón casi cortado. Es un caso raro, donde las fibras se van deshilachando de a poco. Me hicieron un montón de resonancias y no se veía bien la lesión porque se cruzaban las fibras rotas con las sanas."

Se operó en su ciudad natal. Y salió bien, aunque el médico le pronóstico que ya no volvería a competir. "Por suerte mi familia me bancó todo en esos momentos. Y también la gente de mi club de entonces, el Bell, de Bell Ville." La sonrisa se le hace más grande cuando habla de los suyos: de su mamá, María Inés, que se quedó, y de sus tres hermanas (Yanina, Julieta y Josefina), con quienes vive en Córdoba.

De a poco empezó a nadar, tres veces por semana. Sin exigencias; alimentada por su pasión. Y en esa época, se dedicó a los estudios de fisioterapia, en la Universidad Nacional de Córdoba. "Fui a un torneo interfacultad y tuve tiempos muy buenos. Entonces decidí volver a entrenarme. Pero todo me costó un montón: lo que lloré fue impresionante. Pero ahora siento que aquel esfuerzo lo vale", relata contenta, cuando aquellos malos momentos pasaron.

En su camino de recuperación no dudó en agregar esfuerzo a su perseverancia. Hace un año y medio se sumó a Jockey Club, de Córdoba, que tiene la exigente conducción de Daniel Garimaldi, el hombre que formó a José Meolans y Georgina Bardach. "Ahora en el Jockey estoy entrenándome más de lo que lo hice siempre, porque siento que perdí mucho tiempo. Y quiero recuperarlo", sostiene, convencida.

La sesión de entrenamientos se inicia desde las 4.45 hasta las 7, y de 17 a 20. La rutina se repite lunes, martes, jueves y viernes. Y también los sábados por la mañana.

"Los primeros seis meses me costó un montón: nadaba, comía y dormía. Nada más. Pero ahora ya me adapté, agarré el ritmo y ahora vivo un poco más."

Se excusa por un minuto. Tiene que subirse a su último podio del torneo. Sumó quince oros; todo lo que corrió lo ganó. Las felicitaciones para ella se repiten. "Yo noto que cambié; que a pesar de que estoy muy, muy cansada siento que de algún lado me salen las fuerzas y tengo el aire para ganar. Me concentro un poco, saco fuerzas y levanto."

-¿Y qué pensás ahora que todo lo feo ya pasó?

-Toda la época en que no pude nadar para mí fue muy dura. Pensé que no iba a poder volver. Sufrí horrores; y ahora me reconforta saber que no me equivoqué y que me la jugué bien. Que la natación es realmente lo mío; me encanta.

Para ella, el esfuerzo valió la pena. Y la recompensa, más que las quince medallas, es la satisfacción de no haberse dado por vencida. Fue su victoria más importante.

En la mira, los Panamericanos

Tiene sueños María Virginia Garrone. Se siente con confianza y aspira a lograr otros objetivos, a llegar más alto. No se conforma con este número mágico, el 15, que vivió el fin de semana último en el Cenard. Piensa en los Juegos Panamericanos, que se harán en agosto de 2003 en Santo Domingo, República Dominicana. "Esto fue un paso más en mi objetivo, que es hacer la marca mínima para los Panamericanos", reconoce Garrone, que lleva el espíritu olímpico en la piel: tiene tatuados los cinco anillos encima del tobillo derecho, marca que se hizo en su paso por Sydney 2000. Allí no le fue bien (quedó eliminada en los 200m combinados), pero al menos se sacó la espina por no haber podido participar en Atlanta 96, por su lesión.

Aspira a clasificarse con marca en los 200 y los 400m libre. Sin embargo, hasta en el calendario cercano no hay torneos de relevancia donde pueda intentarlo. Por eso, lo más probable es que participe del selectivo que hará Brasil en enero para la competencia internacional y que ahí se registre su tiempo.

Daniel Garimaldi, entrenador de Garrone, explica el buen momento de la nadadora y aventura un pronóstico. "Aparte de tener condiciones excelentes para la natación, a Virginia le hacía falta un trabajo serio para poder mejorar. ¿Si llega a los Panamericanos? A eso apuntamos. Creo que va a dar una linda sorpresa."

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