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Una joya de Rossini en atractivo estuche

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15 de noviembre de 2002  

Opera bufa en un acto "L´occasione fa il ladro" , de Gioacchino Rossini, sobre libreto de Luigi Prividali (1812). Opera de Cámara del Teatro Colón. Elenco: Graciela Oddone (Berenice), Celina Torres (Ernestina), Leonardo Estévez (Don Parmenione), Mirko Tomas (Martino), Gabriel Centeno (Conde Alberto) y Carlos Sampedro (Don Eusebio). Regie: Claudio Gallardou. Escenografía e iluminación: Jorge Fernández Suárez. Orquesta Estable. Dirección musical: Guillermo Brizzio. Teatro Colón.

Nuestra opinión: muy bueno

Ha pasado mucho tiempo desde que se anuló la existencia de la Opera de Cámara del Teatro Colón, más que una compañía, una actividad engarzada en la programación desde 1967, declarada oficial en 1969, pero por un largo período dejada de lado por mil y una razones, algunas con fundamentos válidos y otras, no.

Aquí no es el caso analizar las causas del letargo, pero corresponde, antes de dar un juicio sobre la versión ofrecida, destacar positivamente el renacimiento de la idea de que un teatro de tanta riqueza de recursos, humanos y materiales como el Colón, pudiera contar dentro de la temporada lírica con un espacio dedicado a representar óperas de cámara valiosas.

En este caso se acertó al elegir " L´ occasione fa il ladro",una luminosa joyita de Rossini de la que surge una música muy agradable, plena del pulso y de melodías características del compositor que en el momento de dar a conocer este trabajo -tenía veinte años, en 1812- daba prueba rotunda de su talento y perspicacia para lograr de una historia intrascendente la plasmación de una música atractiva.

Fue el trabajo del conocido y multifacético actor, comediante y director Claudio Gallardou, en su debut para la escena lírica, el factor de mayor eficacia para lograr el éxito de la representación. El cálido tributo que brindó al final el público asistente fue el reconocimiento a un excelente trabajo de dirección de actores en permanente movilidad, que logró en menos de una hora y media de duración ofrecer un teatro de detalles, ademanes y gesticulaciones que, aunque previsible, fue espontáneo y gracioso.

El reparto tuvo un desempeño muy parejo, no sólo por las voces bien timbradas -acaso algunas dejaron escuchar leves vacilaciones de afinación-, sino también por los buenos recursos puestos al servicio del juego escénico y de un bel canto expresivo, leal y honesto para con el estilo del autor. Claro que en este punto hubiera sido necesaria una mayor experiencia en la resolución de los adornos con una más clara articulación y esa necesaria liviandad rossiniana tan exclusiva, espumante y virtuosa.

Si bien se destacaron por su musicalidad, agraciada estampa y aplomo Graciela Oddone y Celina Torres, en los dos únicos personajes femeninos, Leonardo Estévez, Mirko Thomas, Gabriel Centeno y Carlos Sampedro y los dos figurantes actores Lisardo Castro y Javier Nichela crearon tipos y situaciones muy bien resueltas gracias a la desenvoltura de cada uno.

Fue muy buena la preparación exhibida en el decir de los breves y atractivos recitativos, diálogos y conjuntos que fueron supervisados por Gustavo Aciar según consignó el programa de mano, al que le falta -es bueno señalarlo- desde hace tiempo la biografía del autor y datos de las representaciones de la obra en el mundo, en el país sí las hubo y en registros discográficos. Aunque parezca un detalle menor, no estaría de más considerar el texto publicado una fuente formativa para el público joven de hoy y del futuro. En todo caso los datos del creador serían más útiles que la intrascendente lista de nombres de funcionarios que ocupan la portada.

Guillermo Brizzio fue un buen concertador musical al lograr equilibrio sonoro con la escena, un discurso chispeante y buen rendimiento técnico del conjunto orquestal, lógicamente integrado por un grupo reducido de instrumentistas tal como fue en la época del estreno. Nuevamente la orquesta estable reiteró su ductilidad en el terreno de la ópera y la solvencia de sus solistas en pasajes de indudable virtuosismo.

Aportes

Indudablemente el aporte del director y del elenco de cantantes fue el factor que hizo lucir el ingenio del compositor desde el punto de vista musical. Sin embargo también se palpó un trabajo de preparación en conjunto -ya de por sí es curioso el anuncio de un cambio en la dirección de orquesta en dos representaciones que estará a cargo de Susana Frangi- en el que también tuvo participación la buena escenografía de Jorge Fernández Suárez.

En este último aspecto se eligió el camino de la sencillez, a partir de una ambientación de teatro tradicional bien iluminado pero al que no le faltaron ideas renovadas y atinadas para el desarrollo de una inocente historia de enredos amorosos, cambios de personalidad, embustes, enojos con el consabido final feliz cuya resolución es en este caso un sexteto tan contagioso y magistral como la mayoría de los legados por el inmortal Giacchino Rossini.

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