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El tango brilla con rostros nuevos

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17 de noviembre de 2002  

"Sólo tango. The show", espectáculo musical con idea, vestuario y dirección general de Dolores De Amo. Orquesta: Erica Di Salvo Octeto, integrado por Erica Di Salvo (violín), Marcos Ruffo (contrabajo), Agustín Bru (violoncello), Fulvio Giraudo (piano), Leonardo Williman (segundo violín), Alejandro Zárate (primer bandoneón), Federico Pereiro (segundo bandoneón) y Mariano Signa (tercer bandoneón). Bailarines: Carlos Copello, Alicia Monti, Erika López, Gabriel Ortega, Romina Levin, Jesús Velázquez, Carolina García, Julio Altez, Silvana Allievi, Fabián Peralta, Alejandra Armenti y Daniel Juárez. Cantantes: Patricia La Sala y Alberto Del Solar. Actores: Mario Fromenteze, Adrián Ferrario y Cristian Pasman, Dirección musical: Erica Di Salvo. Coreografías grupales: Carlos Copello y Alicia Monti.Diseño de iluminación: Marcelo Cuervo. Escenografía: Daniel Feijoo. En el Lola Membrives. Duración: 90 minutos.

Nuestra opinión: Muy bueno

Los que intuyan que este show de tango es para turistas no se engañarán, pero esto no quiere decir que los porteños se vayan a sentir defraudados: lejos de eso, porque la hechura artística de este espectáculo es impecable, tanto por el desempeño del octeto como por la labor de bailarines y cantantes.

No se trata en este caso de una historia bailada ni tampoco de una simple sucesión de bailes y canto. Hay algo más, una idea de presentar algunas variaciones que están dirigidas especialmente al público local.

El show comienza con una gran puerta de entrada que luce orgullosamente el nombre de Palais de Glace. En el interior, ambientado con mesas, sillas y balcones, el clima noctámbulo empieza a cargarse de algarabía, emociones, risas y aromas etílicos. Y el comienzo de la orquesta anuncia el baile.

Tango tras tango, matizado con candombes y milongas, seis parejas van diseñando la partitura sobre el escenario. Al ritmo de la misma música, los bailarines, a pesar de lucirse simultáneamente, aportan su estilo particular, lo que hace que cada número se luzca por la diversidad coreográfica.

Otra dramatización que ofrece el espectáculo es un número denominado "El regreso", que toma como punto de partida "La casita de mis viejos", de Cobián y Cadícamo, para contar la historia de ese muchacho alejado del centro, alegre y seductor, cuyos veinte abriles lo llevaron lejos y que cuando la vida lo quebró vuelve vencido al hogar paterno. La recreación escenográfica reproduce la esquina, el negocio y el potrero del barrio.

Dolores de Amo tuvo la idea de presentar la música de varias épocas. De esta manera, a un tema de Osvaldo Fresedo se suman los de Angel Villoldo, Manuel Aróstegui, Eduardo Arolas, Enrique Cadícamo, Francisco Canaro, Julio De Caro, Pedro Laurenz, Armando Pontier, Francisco Canaro, Mariano Mores, Osvaldo Pugliese, Aníbal Troilo. Y entre los más modernos, Ramiro Gallo, Jorge Caldara, Eduardo Rovira, Osvaldo Ruggiero y el infaltable Astor Piazzolla.

El toque de originalidad

Que el espectáculo se parezca a otro o que presente algún esquema similar conocido, no tiene ninguna importancia, porque en esta ocasión se amalgamaron tres vertientes tangueras de notable ejecución.

Por un lado, y en primer lugar, el Erica Di Salvo Octeto, una agrupación que, más allá de los valores instrumentales, se destaca por la combinación de sonoridades, donde prevalece una interesante familia de cuerdas (contrabajo, violoncello y violines), secundada por piano y bandoneones. A esto se suman los arreglos, de una excelente armonización, que logran recrear la melodía sin perder la esencia del autor original.

De más está decir que el octeto se luce cuando encara los temas de Piazzolla: "Libertango", "Adiós Nonino" (con una extraordinaria cadencia en el piano) y "Tango diablo".

En cuanto a los bailarines, todos se lucen porque, si bien elaboran una refinada estilización, demuestran que los pies siguen aferrados al piso. Definir el trabajo de cada pareja sería reiterativo. Sólo cabe señalar el ensemble que logran Erica López y Gabriel Ortega, quienes ya con el vestuario, realizado en cuero, y complementado por la coreografía, respiran los aires piazzollianos que emanan de la música.

Finalmente, dos buenos cantantes. Patricia La Sala, con una voz potente como para encarar en forma solvente los riesgos que presentan los temas ("Uno", "Pasional") y Alberto Del Solar, que por su parte también demuestra su caudal sonoro en temas como "Malena" y "Barrio de tango".

En cuanto a la hechura estética, sobresale un vestuario deslumbrante en cuanto a los diseños, telas y colores, sobre todo en las figuras femeninas. También los trajes de los hombres tienen su lucimiento.

La iluminación juega un papel muy importante, en este caso por la creación de climas contrastantes y por la carga dramática que generan.

La escenografía se destaca en el número del Palais de Glace y de "El regreso", pero en el número final sobresale por la creación de cubos superpuestos, que albergan a cada pareja. Durante el baile, son iluminados intermitentemente, creando una ilusión visual muy creativa.

Un espectáculo que sin duda atrapará la curiosidad del turista, pero también compensará las expectativas de los porteños, al menos a aquellos a los que les gusta el tango.

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