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De la Rúa medió entre Lagos y Cardoso

La iniciativa chilena de firmar un tratado de libre comercio con los Estados Unidos llenó de roces el encuentro presidencial
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16 de diciembre de 2000  

FLORIANOPOLIS.- La voluntad de Chile de firmar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos sembró algunos recelos en el Mercosur. Y acusaciones tácitas al presidente Ricardo Lagos, a quien se le atribuyó cierta incoherencia entre los dichos y los hechos.

Una vez más, el mandatario chileno aseveró a sus pares de la región que no quiere ingresar en el Nafta y sí seguir asociado al Mercosur, más allá de sus metas con mira en Washington. Sólo eso, ser sólo un socio del bloque, porque para ser miembro pleno fijó sus prioridades y condiciones.

Y lanzó una pregunta que sonó como un desafío: "¿Quieren saber cuándo nos vamos a integrar a la unión aduanera?", interrogó Lagos. Y contestó sin dejar lugar a respuesta alguna: "No nos corresponde a nosotros decirlo, le corresponde al Mercosur decir cuándo van a bajar los aranceles".

Así puso distancia con el bloque y aseveró que su país no adoptará los elevados aranceles de la región, sino que personalmente pretende lo contrario, que los cuatro países socios (la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) se adapten a las reglas del país trasandino, el único con salida al Pacífico, una pretensión del resto que destacó su intención de, pese a los roces, sumar plenamente al territorio chileno.

Los demás jefes de Estado aceptaron la aclaración. Pero los roces no cesaron, aunque todos coincidieron en la importancia de que Chile ascienda al status de asociado a miembro pleno.

La ironía brasileña

En verdad, los recelos y los ataques quedaron expuestos ayer, en medio de las disertaciones finales de los presidentes. La delantera la llevó el mandatario anfitrión, el brasileño Fernando Henrique Cardoso. Y fue en vano el intento contemporizador de Fernando de la Rúa, cuyas palabras medidas chocaron contra los términos duros del presidente de Chile, Lagos, y la fina ironía de su par Cardoso.

Al iniciar la sesión final de la cumbre, que terminó ayer aquí, Cardoso deslizó reproches a Chile por sus negociaciones con Washington para liberar el intercambio comercial.

Inmediatamente, De la Rúa intentó templar los ánimos, al instar a sus colegas a "tomar conciencia de lo que significa el Mercosur en el mundo" e insistir, por ello, en la necesidad de encaminar los esfuerzos a agilizar la concreción de una moneda común y avanzar en la unión aduanera y la provisión del libre mercado de servicios, bienes y compras estatales.

"Tenemos una buena marcha, pero podemos ir más rápido, y éste es el desafío que nos planteamos, porque vamos a tener otros desafíos que resolver en conjunto: ahí están las reuniones del ALCA que nos planteamos y tenemos que ser claros entre nosotros para saber cómo vamos a enfrentar estos nuevos planteos", concilió De la Rúa.

Tendió, así, una mano a su amigo Lagos, el blanco fijo de los reproches. Pero a Cardoso le interesó más dejar expuesta la decisión unilateral de Chile, aunque lo hizo siempre sonriente y resignado a la realidad. Y Lagos, a su vez, no aceptó la mesura de su colega argentino. Elevó entonces la voz, casi con enojo, para dejar en claro sus propias condiciones para el ingreso pleno en el mercado común. "Con la misma claridad de hace seis meses, quiero repetir hoy que hay una gran diferencia tarifaria, si quieren hablar de aranceles, entre el Mercosur y Chile", enfatizó.

"Yo no quiero sumarme al Nafta, no quiero formar parte de ningún otro bloque, excepto de éste, el Mercosur", gritó Lagos. Su rostro se volvió rojo y pareció hincharse. "Lo he dicho veinte veces", volvió a gritar.

Ante ese tono, Cardoso retrucó muy calmo que sí, que hubo sorpresa, y la atribuyó a la "falta de comunicación" del gobierno chileno. Y liberó la ironía. "Estoy seguro de que Chile no firmará algo que dice que no quiere", comenzó. Lagos había admitido que, pese a no desearlo, podrían incluirse en el acuerdo con Washington cláusulas laborales y ambientales.

Tal admisión fue aprovechada otra vez por el mandatario de Brasil, que no se detuvo en sus palabras y sumó los gestos. Alargó los brazos, habló de los pájaros, la escola do samba (comparsas brasileñas) y los sueños. "Todos quieren volar, abrir sus alas, y Chile puede ser el abrealas de Mangueira (comparsa famosa de aquí), de todo el bloque sudamericano con los integrantes de las negociaciones (del ALCA)", dijo al utilizar un término (abrealas) de la jerga de quienes bailan en la escola do samba. Y terminó: "Lampreia (Luis Felipe, el canciller brasileño) es un gran volador, yo también, y ahora sé que Ricardo (Lagos) también quiere desplegar sus alas y volar, llevar sus sueños por allí".

La línea hacia Sudáfrica

Los entredichos habían sido por la mañana, mientras llovía. Luego del mediodía, los seis presidentes del Mercosur, más Thabo Mbeki, primer mandatario de Sudáfrica, protagonizaron la conferencia de prensa.

Aquí comenzaron a tenderse líneas para firmar un eventual entendimiento de libre comercio entre la región y Sudáfrica. Por ello, De la Rúa se reunió con Mbeki por la tarde, como hace días lo hizo Cardoso.

En el salón del hotel resort Costao do Santhino, donde se cerró la cumbre, se impuso, finalmente, la cordialidad, hubo bromas y risas. Ya era un hecho que Chile no se integraría plenamente al Mercosur, que no sería parte de la unión aduanera hasta que el bloque equipare su estructura arancelaria a la del país del otro lado de los Andes.

Los presidentes se despidieron con abrazos y apretones de mano. Se volverán a ver, en junio, en Paraguay.

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