Tucumán: más de 18.000 desnutridos

Casi 100 chicos padecen daños neurológicos irrecuperables
Ángeles Castro
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26 de noviembre de 2002  

SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- Sólo en esta ciudad, en el Gran San Miguel y en los departamentos del este provincial viven 18.000 niños desnutridos; 98 de ellos fueron mal alimentados desde que nacieron, con daños neurológicos irrecuperables, y debieron ser internados para ser compensados e hidratados. Las autoridades calculan que la cifra aumentará cuando los censistas releven las regiones restantes del interior de la provincia.

Que los datos sean oficiales ya no extraña en esta Tucumán donde, hace dos semanas, alguien corrió el velo de una realidad desgarradora para no cerrarlo más: el que ocultaba los ojos grandes de criaturas esqueléticas, faltas de alimentación y de justicia social.

Descubierto el mal, que no es nuevo en esta provincia pero que acaba de mostrarse por TV al mundo, el gobierno nacional decidió lanzar aquí un “operativo rescate” de los chicos en riesgo de morir por inanición, que luego extenderá a otras nueve provincias. Por eso, anteanoche se instalaron aquí la primera dama, Hilda González de Duhalde, y el secretario general de la Presidencia, José Pampuro, las dos cabezas del plan para asistir a los niños desnutridos y contener a sus familias.

Las tareas comenzaron ayer, pero no avanzaron demasiado por traspiés en la organización. “No, no estamos desorganizados; estamos desbordados”, describió un colaborador de la esposa del Presidente.

Ella también admitió las marchas y contramarchas en el cronograma. Como, por ejemplo, la supuesta reunión de trabajo que mantendría con 120 representantes vecinales en el barrio Ejército Argentino, en el sudoeste de esta ciudad. “Yo fui a una reunión y me encontré con un acto. Eso no me sirve. Quiero charlar con la gente y en ese ámbito era imposible. Y me obliga a volver mañana al mismo lugar”, relató a LA NACION.

No esperaron

Las autoridades provinciales no esperaron a la comitiva nacional con las manos vacías, aunque finalmente no tuvieron contacto con la delegación presidencial pues los funcionarios del Gobierno operan por fuera de la estructura local.

El titular del Sistema Provincial de Salud (Siprosa), Juan Antonio Masaguer, tenía –y tiene– en su poder los alarmantes resultados del censo sociosanitario reanudado aquí el lunes de la semana última, tras la explosión informativa.

“La información así centralizada no es útil –respondería más tarde a LA NACION Hilda González de Duhalde–. Debe bajarla, distribuirla, para que los agentes se conecten con las familias y sigan los casos.”

El funcionario confirmó que en la capital, en el Gran San Miguel y en los departamentos del Este existen 18.000 chicos desnutridos. “Encontramos en cinco días 6000 más de los que conocíamos hasta mayo último. Estimamos que el número crecerá, aunque no mucho, cuando rastrillemos el interior de la provincia, en unos 20 días”, explicó.

Los 18.000 menores de 12 años afectados por la falta de alimentación surgieron tras encuestar a un total de aproximadamente 150.000, entre niños asistidos en los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) y otros relevados en sus casas. O sea, el 12 por ciento de los pequeños medidos padece problemas nutricionales. “Sólo 98 están en el canal 3, y fueron derivados a los hospitales generales para compensarlos e hidratarlos. Luego volverán a sus casas. Los niños deben engordar en sus casas porque, como están inmunodeprimidos, internados corren riesgo de contagiarse enfermedades. Tuvimos que preparar salas aisladas para recibirlos”, detalló el director del Siprosa.

Para engordar en sus casas necesitan padres con capacidad de proveerles alimentos. El pronóstico no es alentador: según datos oficiales, el 60 por ciento de la población está desocupada o subocupada.

“Además del aspecto sanitario, averiguamos si las familias de estos chicos desnutridos son beneficiarias de algún plan social. Si no lo son, elevamos el caso al Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia, para que lo traslade a la órbita nacional, que reparte los subsidios”, relató Masaguer.

¿Y cómo saben las autoridades si ese chico desnutrido en grado tres, que fue atendido en un hospital público, finalmente logra un balance nutricional? No lo saben.

“Nos faltan recursos humanos. Nos faltan agentes sanitarios, o sea, las personas en mayor contacto con la comunidad, que trabajan casa por casa, preparadas para el seguimiento domiciliario de los casos”, respondió el funcionario a LA NACION.

En su desordenada visita al barrio Ejército Argentino, Duhalde escuchó reclamos de las más de 1000 personas que la esperaban: comedores comunitarios, médicos e insumos para los CAPS, asistencia para los niños desnutridos o víctimas de la parasitosis, cloacas, saneamiento ambiental, iluminación, trabajo… La esposa del Presidente coincidió: sí, el diagnóstico describía esa situación.

Más temprano, los equipos del Ministerio de Desarrollo Social visitaron los barrios más pobres, Corralón Municipal, para relevar “casa por casa”. En un recorrido, las técnicas María del Carmen Rezano y Alejandra Jáuregui conocieron a Julieta Lasarte, de 8 años y menos de diez kilos, afectada de leucemia. La niña no habla y pasa los días recostada cubierta de moscas. Es uno de los 18.000 desnutridos que sobreviven en medio de la pobreza y lejos de la justicia social.

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