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Esa obstinada pasión por editar

Con la aparición de Literal, volumen que reúne textos publicados en aquella revista de los años 70, se inicia un proyecto de editores independientes
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27 de noviembre de 2002  

“Me gusta pensar este libro como si fueran los restos de un futuro que vuelve”, dice Héctor Libertella refiriéndose a Literal, la compilación de textos de la revista homónima -“revista de culto si las hubo”- que acaba de publicar en Santiago Arcos editor. “No es ni un homenaje ni una apuesta a la nostalgia: la compilación viene a poner en escena una forma de escribir y de leer -sobre todo de leer- que siempre estuvo presente, aun después de la disolución del grupo Literal, una forma de escritura que existe hoy y que sin embargo el mercado no suele poner en circulación.”

Osvaldo Lamborghini, Luis Gusmán, Germán García y Lorenzo Quinteros figuraron entre los nombres más significativos de “la generación Literal”, como los llamó la crítica académica, que en la década del 70 publicó la revista en la que podía leerse la aproximación a la escritura que practicaban como grupo. Se han intentado varias definiciones de esa escritura, pero pocas tienen la precisión y la musicalidad de la que da Libertella al principio de su compilación: Literal trabajaba, dice, “en el lento destilado del psicoanálisis en la literatura”. A lo que agrega ahora, en este diálogo: “En ese destilado del inconsciente en la letra se dio un cruce perfecto entre dos entidades que no estaban reunidas: Macedonio Fernández y Lacan. Al resultado, más que literatura, prefiero llamarlo letra”.

En ese rechazo de Literal a la noción de literatura hay que ver el rechazo a la idea de literatura como burocracia, a la idea de literatura como misión-salvadora-de-los-oprimidos contra la cual el grupo tuvo que luchar en la década del 70 en que surgió. Varios de los textos incluidos en la compilación se refieren a ese tema, a las acusaciones de practicar un “goce estético reaccionario” que el grupo recibió durante -y después de- sus cuatro años de existencia.

En uno de esos textos se habla de Literal como de un “proyecto antisocial”. Libertella, que respetó en su compilación el anonimato que el grupo Literal practicaba, confirma en esta conversación que sí, que ese mote provocador pertenece a Osvaldo Lamborghini. Mantuvo ese anonimato “que este grupo de encapuchados defendía”, dice, porque lo que él hizo no fue un texto anotado sino “el trabajo de un restaurador de cuadros que trata de devolverle a la literatura argentina su color original”.

Que esa restauración de Libertella está muy bien hecha lo confirma la vitalidad de Literal: el libro no tiene esos atisbos de antigüedad que subyacen en algunos trabajos restaurados y en algunas compilaciones. Al contrario: la lectura de todos los textos que incluyó ahí -una selección que tiene “de todo: manifiestos, poemas, homenajes, relatos, polémicas, sueños”- abre una perspectiva, sugiere líneas de continuación.

La literatura del mismo Libertella -autor de una serie extensa de novelas y cuentos en los que el lenguaje es puesto permanentemente a prueba- confirma que esas líneas están activas. En generaciones posteriores, lo confirman la producción de Rafael Cippolini, la de Juan Lagomarsino, la de Marcelo Damiani. También la de Milita Molina en Los sospechados, el libro que antecedió a Literal en este incipiente catálogo de Santiago Arcos.

Miguel Villafañe y Laura Estrin, responsables de esta editorial que acaba de surgir, dicen de ese catálogo: “Los dos primeros libros de Santiago Arcos tematizan el oficio de editor, ponen en escena lo que son la edición y todo el circuito de consagración de los textos: el de Milita Molina lo hace como diatriba y el primer libro de nuestro catálogo -una reedición de Las aventuras de un novelista atonal de Alberto Laiseca- lo hace como parodia”.

Santiago Arcos, que acaba de lanzar sus dos primeros títulos en octubre, es una editorial independiente que se propone ejercer el oficio de editor desde el lugar de saber, calidad, libertad y apuesta en que lo trabajaron varios referentes en la tradición argentina. “Yo, desde mi ofico de librero de usados -dice Villafañe- estoy siempre en contacto con los libros que esos editores pusieron en circulación en el mercado argentino y muchas veces pensé en hacer algo para que todo eso no se perdiera con el único ejemplar que yo tenía y un día vendía. Pero creo que el proyecto de lanzar una editorial terminó de cuajar el día en que, hablando con estudiantes de la carrera de edición de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, me enteré de que les daban para leer biografías de una serie de editores europeos, todos al frente de proyectos exitosos. Y punto. Les pregunté si no les habían dado nada acerca de Spivacow, el creador del Centro Editor de América Latina y director de Eudeba en su época de oro. No, ni siquiera sabían quién era. De la bronca que eso me dio y de mi gusto irremediable por los libros surgió Santiago Arcos.”

Esa combinación ha dado como resultado un proyecto editorial en el que intervienen una percepción clarísima de lo que es literatura -en oposición a la catarsis o al cálculo- y una postura de ingredientes cuasi bélicos cuando se trata de defender la calidad frente a las imposiciones del mercado. Entre las colecciones de la editorial figuran Parabellum, en la que están incluidos los tres libros mencionados, una colección de Estética en la que habrá una línea dedicada específicamente al cine argentino -en la que trabajarán en forma conjunta con el grupo de la Revista Km111- y una colección llamada “Los traductores” en la que se publicarán, durante 2003, una traducción de las Devociones de John Donne hecha por Alberto Girri; Los prefacios de Henry James traducidos por Milita Molina e Isabel Stratta, y La vita nuova traducida por Roberto Raschella.

Laura Estrin y Miguel Villafañe dicen que con este proyecto esperan cubrir los huecos que van a empezar a verse en las estanterías de las librerías argentinas. En un momento como el que vivimos, sin embargo, da la impresión de que van a cubrir mucho más que eso.

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