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La ciencia le abre la puerta a la empresa

La Facultad de Ciencias Exactas de la UBA lanza un proyecto que tenderá un puente entre la investigación y la producción
Nora Bär
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29 de noviembre de 2002  

Cuando el doctor Lino Barañao se convirtió en secretario de investigación de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, lo hizo con una idea en mente: no es buen negocio para la universidad tener como único producto final investigadores de alto nivel que luego son productivos en otro país.

De modo que, sin perder tiempo, decidió crear una estructura capaz de hacer germinar las buenas ideas de los investigadores o, dicho de otro modo, de acompañar y proteger el desarrollo de nuevos emprendimientos tecnológicos: una incubadora de empresas... en plena facultad.

"Tenemos que aprovechar el conocimiento que generamos para crear fuentes de trabajo y productos de alto valor agregado -afirma-. Muchas veces, por una visión un tanto idílica de la ciencia, esos conocimientos se perdieron o se regalaron. Ahora nadie lo hace, y en la Argentina, donde los recursos no sobran, es importante que garanticemos el máximo rédito."

El concepto no es nuevo. Se calcula que en Canadá más de 11.000 puestos de trabajo surgieron de proyectos nacidos al amparo de esta filosofía. En la Unión Europea se utiliza este mecanismo de común acuerdo con los municipios. En Brasil, donde estos emprendimientos comenzaron hace una década, existen más de cien incubadoras de las que ya surgieron incluso parques tecnológicos.

"Las empresas de innovación son de alto riesgo, y que por lo tanto hay que protegerlas -explica Barañao-. De allí el concepto de incubadora , como en el caso de un embrión que necesita un contexto favorable para prosperar."

La Facultad de Ciencias Exactas y Naturales parece el ámbito ideal para un emprendimiento como éste: reúne un alto número de investigadores de todas las disciplinas de la ciencia, desde la meteorología y la biología, hasta la física y la matemática. De hecho, es el lugar del país que concentra mayor número de investigadores full time del Conicet.

"Creemos que tenemos potencialidades únicas para este tipo de desarrollo, porque ofrece la posibilidad de realizar trabajos interdisciplinarios en las distintas ramas del conocimiento -dice Barañao-. Sin embargo, una de las tareas que no habíamos desarrollado era justamente la de acoplar los conocimientos que se obtienen aquí a un área productiva."

Una mujer de dos mundos

La pieza fundamental para llevarlo adelante es Ruth Ladenheim, doctora en Ciencias Químicas, investigadora posdoctoral del Instituto Pasteur, de Francia, y Máster en Economía y Finanzas del Institut d«Etudes Politiques de Paris, ex gerente de producto y ex gerente de nuevos negocios de Johnson & Johnson de Argentina.

Como consultora independiente y docente de IDEA, Ladenheim conoce al dedillo la intimidad de ambos mundos, el de la ciencia y el de la empresa. "Quería trabajar en algo así -cuenta-, porque es la manera de unir mi pasado de investigadora y mi formación en marketing. Pienso ayudar a los emprendedores a hacer planes de negocios, buscar capitales..."

Pensada en principio para los docentes, alumnos y graduados de Ciencias Exactas, la incubadora ofrecerá cursos para científicos interesados en descubrir qué es ser emprendedor y en adquirir nociones básicas de negocios. Además, brindará apoyo administrativo, secretarial, de computación y, lo último, pero no por eso menos importante, de protección de la propiedad intelectual.

"Aquí, los investigadores tendrán asesoramiento sobre cómo patentar -explica Barañao-. Es un aspecto muy importante, porque a veces no tenemos conciencia de que la sociedad a través de su inversión en la actividad científica puede obtener productos de alto valor, y que por lo tanto es importante garantizar que el usufructo de ese producido vuelva a la sociedad que lo financió."

Para el investigador, existe el mito de que la acumulación de conocimiento puro automáticamente produce desarrollos tecnológicos. Pero eso no es cierto, y tampoco lo es que la acumulación de riqueza en los sectores más altos de la población produce mejora de la calidad de vida del resto, por derrame . "Acá, en la Argentina, no se derrama nada -ironiza-. Al contrario, en general el conocimiento acumulado va a otros países, donde cristaliza."

Ahora, Barañao y Ladenheim están dispuestos a mostrar que la vida académica no es excluyente y crear una alternativa para científicos que sientan la necesidad de concretar sus hallazgos experimentales en productos o servicios.

"No todos tienen vocación empresarial -afirman-, algunos están realmente orientados hacia la investigación pura y nadie pretende que cambien de rumbo. Pero otros sí la tienen y la innovación productiva es un camino posible para que el conocimiento se vierta efectivamente a la sociedad y esté acoplado con el resto de la actividad productiva."

Un antiquísimo proverbio oriental afirma que no hay que regalar pescado, sino enseñar a pescar. "Queremos formar futuros pescadores", asegura Barañao.

Por: Nora Bär
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