La revancha del bolero

Las canciones clásicas se tiñen de gestos teatrales, muy a lo Almodóvar
Gabriel Plaza
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2 de diciembre de 2002  

Nadie sabe cuál es el pasado de Mabel y su grupo Los Inmaculados, sólo se puede intuir que es una cantante de boleros, con un toque inocentón y un costado de femme fatal, acompañada de una troupe de músicos -uno se hace llamar enigmáticamente el poeta- peinados con jopos y vestidos como para un salón distinguido de un hotel de La Habana de la década del cuarenta.

La diva tropical tiene un acento extraño, mezcla de italiano, caribeño, porteño y brasileño, una melena roja como Rita Hayworth y un montón de chucherías y accesorios comprados en Once. Ella canta afiebrada eso de "quiero quemarme los ojos con un hierro candente..." En el éxtasis del sufrimiento la diva bolerística retuerce su cuerpo enfundado en un vestido ajustadísimo azul brillante. Gime y sufre como La Lupe, pero no arranca lágrimas, sino que, por su aire tierno y su torpeza, recuerda a una Niní Marshall que arranca una sonrisa cómplice del público más joven.

Afuera llueve y el lugar está abarrotado. Es la madrugada y el clima íntimo le permite a Mabel desenvolver toda su faena de boleros -clavarse una a una esas cuchilladas de amor que destilan las letras-, canciones tropicales, italianas y hasta brasileñas. Las suaves cadencias agradan a las jóvenes de antaño, mientras que el público más modernoso disfruta con la imagen que irradia la cantante, como un icono kitch de postales de enamorados, con su perro caniche de juguete en los brazos y su sombrilla con luces de arbolito de navidad.

El personaje de Mabel se repite en otras propuestas que forman un nuevo modelo romántico para armar. Más a lo Almodóvar. Emergentes de la escena alternativa del under de los años ochenta en el Parakultural, con una estética que roza el absurdo o juega con el cliché de la canción romántica como pretexto para contar historias mínimas con una apuesta más teatral y en espacios escénicos del circuito off, bares, teatros, café concert o antiguas confiterías como La Ideal. "No sé sin son los grupos los que marcan las tendencias, pero hay una necesidad de encontrarse con el amor y el humor... hay una calidad humana que ha cambiado, una mirada hacia las cosas menos frívola", explica una de las protagonistas de esta canción romántica formato siglo XXI.

La búsqueda teatral

"Yo empecé con Mabel, mi nombre real, a partir de mi trabajo en el teatro y mi necesidad de cantar. Cuando tuve ganas de trabajar con canciones con una carga más teatral el mismo objetivo me impulsó hacia el bolero. Con el tiempo la apuesta fue creciendo y a partir de esa idea de banda que interpreta las canciones románticas fuimos sumando un montón de características más teatrales, que se juegan de acuerdo con lo que da el tema. Para mí no se trata de burlarme desde el personaje, sino que toma esa influencia de mujeres como Mina o La Lupe, que según la letra tiene un giro más cómico y otras que las canto directamente por el placer de poner al descubierto esas canciones escondidas en disquerías."

Además de una hurgadora en las viejas bateas buscando discos de otra época, Mabel colecciona otro tipo de cosas. "Soy una fanática de los juguetes. Por ahí me podés encontrar por el Once comprando chucherías como pistolitas que hacen ruido láser, boas de colores fuertes y un montón de accesorios que por ahí me disparan una idea para una canción. Algunas las usamos en el show y se van renovando, porque cuando me aburro de los juguetes los cambio por otros", confiesa esta intérprete que compone temas y que, por su perfil, también puede cantar en un grupo para chicos llamado Papando Moscas.

Un enorme corazón hecho de flores se prende y se apaga iluminando la tenue luz que baña el escenario. Cual femme fatal, Mabel se desplaza hasta el centro del escenario junto a su pretendiente-galán-de-telenovela-latino con el que hace un dúo que queda eternizado en esa instantánea kitsch. El bolero dramático y apasionado genera el efecto contrario. El público se muere de risa. ¿Por qué si los versos parecen dejar en carne viva a la cantante? Ella tiene su hipótesis. "El amor es absurdo, de por sí, podés pasear por un tren que te lleva a miles de estaciones. Incluso con la distancia podés decir: cómo me metí en esto. Pero jamás esta diva se toma a risa, no es cínica, ella las vive desde ese absurdo, no es una burla, sino la mirada de ella, a la que le pasa de todo y le va mal cuando está frente a su enamorado. La gente igual lo toma por esos códigos que tienen más que ver con el humor", cuenta la cantante, que durante todas las trasnoches de este mes aparecerá en la confitería La Ideal.

Dandy latino

El bolero sirve de pretexto para hacer revivir a estrellas en decadencia extrapoladas de otra época por sus modos y su caballerosidad. Como el Chino Viola, personaje central del grupo Los Amados, uno de los más antiguos en el circuito under y pioneros en el arte de combinar el sonido tropical del grupo con una excesiva puesta escénica. "Tenía que existir una combinación de lo musical con lo actoral, eso antes estaba separado o el actor que tocaba hacía fonomímica. Es una de las cosas que ha distinguido a la banda y la hace única", dice Viola

El Chino, un antiguo publicista, se transforma todas las noches de viernes, cuando actúa en el teatro El Ombligo de la Luna, con su espectáculo "Pecar de pensamiento". El cantor (Viola) hace las delicias de la gente por su exagerada manera de utilizar el castellano, acentuando engoladamente cada frase como si fuera importante. La historia de fantasía del grupo sugiere que "Los Amados, no se sabe en qué momento, estuvieron en la cresta de la ola. Pero ellos creen que todavía son estrellas, a pesar de su decadencia, y eso se puede ver en sus pelucas, en sus trajes marrones. Piensan que el mundo entero los está esperando, cuando no es así. Los comparo con un personaje como Paul Anka".

En todos estos años, desde que arrancaron, en 1989, cuando aparecieron en una fiesta de disfraces producidos tal cual se presentan ahora en sus espectáculos, el Chino se nutrió de los tics, gestos y frases de las telenovelas latinas, de las primeras películas de Almodóvar y la bulliciosa movida under. "Todavía recuerdo un recital que compartimos con Los Auténticos Decadentes y Los Twist. Nosotros salimos así vestidos y personificados, pero la gente no sabía si la cosa era en broma o en serio. Con el tiempo me encontré con un chico que había estado en el recital y me dijo: "Yo siempre pensé que era un grupo de Pipo Cipolatti disfrazado". Y claro, era muy raro porque todavía no había surgido el boom de Luis Miguel."

Los Amados es un pretexto para poder inventar un mundo de la exageración. "Un día tuvimos que hacer un show en El Dorado y estaba Rosamel Araya, que se presentaba como el viejo bolero y el nuevo bolero. Pero él estaba vestido igual a mí y en serio; en cambio, yo estaba haciendo un personaje. Ese contraste me marcó una línea estética a trabajar con el tiempo. Hoy la gente grande lo disfruta y se ríe con los temas del 50 o cuando cruzamos un bolero como "Reloj no marques las horas" con el tema de Rata Blanca "Mujer amante"".

Las estrellas fervorosamente kitsch son las que atraen, con pasión y rigurosidad de antropólogo social, al Chino Viola. Que, por si hace falta aclararlo, no sale a la calle vestido con esos trajes de colores chillones, esos anteojos Ray Ban y y ese jopo que se eleva varios centímetros hacia el cielo.

En el tiempo equivocado

Sergio Pángaro, que abrazó con pasión el bolero luego de pasar por intentos más pop, encontró en el lenguaje y la estética de los viejos crooners o boleristas como Tito Rodríguez el mensaje que siempre anduvo buscando. "Elegimos un lenguaje de salón y lounge para hablar de cosas más pesadas", cuenta el músico, de 37 años, que luego de un ciclo en La Ideal durante el mes último está preparando ahora un show de Navidad.

A principios de los noventa Pángaro comenzó a experimentar con las canciones románticas, pero desde un concepto de la cultura rock. "Al principio no tenía una estética tan de traje sino más glam, más a lo Prince y con otra expresividad. A partir de ahí y con los samplers le di otra dimensión a lo que componía, con elementos de la bossa nova, la rumba, el chacha-cha, la música de película. Siempre haciendo pivote en una manera de cantar como los grandes maestros del bolero."

El músico estudió canto lírico y fue puliendo un estilo que llevó a su vida cotidiana. "Para mí se trata de una forma de vida. Me paro desde un lugar que quizá despierta risa por la distancia que provoca una letra de bolero, algunas de principio de siglo, pero cantadas en este contexto. El hecho de que hayan cambiado las condiciones sociales, que la mujer tenga otro lugar, hace que cuando uno las canta, sin tocarle una coma, suena anacrónico y no dejo de reírme internamente y al público le pasa lo mismo."

Pángaro convirtió su música en un estilo de vida que defiende con sus razones. "Me instalo desde la fantasía de una época que teóricamente fue de oro, donde en el país había superávit, teníamos dinero y eso se reflejaba en el cine, en la literatura, en la música, en la vida cotidiana, en todo se veía el reflejo de la buenaventura. Una Argentina con identidad. El porteño común invitaba a todos en un bar, valía la palabra, y todo se fue degradando por unos ideales de yuppies, donde los jóvenes tenían como biblia a Maquiavelo. Yo estoy en oposición y me visto y me rodeo en un ámbito que me permite creer en esa Argentina que tendría que ser, me rodeo de buenos libros, trato de beber y tener buenos destilados, y me visto con la ropa que puedo conseguir en las ferias americanas que son de buena confección. No hacemos grandes gastos para los shows, pero la gente viene y la pasa bien. Para mí es como hacer docencia sobre una época y en ese sentido la postura de mi grupo, Baccarat, es demostrar que uno puede armarse su mundo, y se puede interrelacionar con los demás, y que la gente se vaya con el corazón alegre."

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