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Guillermo Ortelli

A pesar de haber conquistado su cuarto título en el Turismo Carretera, el piloto de Chevrolet, de 29 años, reconoció que aún no se ganó la idolatría de los hinchas, aunque sostiene que su objetivo es solamente ganar carreras
Roberto Berasategui
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3 de diciembre de 2002  

MAR DE AJO.- Los dirigentes de la Asociación Corredores de Turismo Carretera (ACTC) se enorgullecen cuando dicen que todos los pilotos del país pretenden correr en el TC. Que no hay categoría que tenga el fervor popular como ésta y que el público se acerca como a ninguna otra. Sin embargo, el gran referente del último lustro, Guillermo Ortelli, no cautiva a los hinchas. Suma reconocimientos y respeto, pero no conquistó la idolatría de los simpatizantes.

Ortelli ganó cuatro de los últimos cinco títulos del Turismo Carretera. Y en la categoría que exige ídolos desde sus comienzos, como Fangio, los Gálvez, Rubén Luis Di Palma, Mouras y el mismo Traverso, el piloto de Salto, que marca una era en el automovilismo nacional, no despierta pasiones. De una personalidad tranquila, sin estridencias, esquivo de cualquier controversia y discusión públicas, Ortelli suma y sigue. Gana carreras y títulos. Y no pretende más.

"Considero que sólo hay que manejar y ser respetuoso de la gente. Yo no quiero hacer otra cosa que correr en autos y trato de hacerlo de la mejor forma", explica el tetracampeón, que se entusiasma cuando sólo se habla de su medio mecánico y de las maniobras en la pista.

Ortelli no sabe de frustraciones. Al menos en los últimos tiempos. Desde el 28 de mayo de 2000, el piloto de Salto, de 29 años, sumó puntos en las 47 carreras de TC que disputó hasta anteayer. Un promedio fantástico para cosechar éxitos.

-Cayó muy bien entre la gente que vos hayas salido a buscar la serie y la carrera y no a especular con un resultado para lograr el título.

-Sabíamos que teníamos un buen auto. No quise porfiar en la primera curva. Por eso Diego Aventín me ganó en ese sector, pero estaba seguro de que después lo podía correr. Después, en la final, también salí a buscar el triunfo, pero una vez que estuve adelante mostraron la bandera roja y la victoria se la llevó Roberto Urretavizcaya.

-¿Qué sentiste cuando te enteraste de que ya eras campeón?

-La satisfacción de ganar un campeonato, del esfuerzo del equipo, de mi familia, de todos. Me desahogué. No estuve tensionado, pero nunca estuve preocupado porque sabía que tenía un gran auto.

-¿Vos te imaginabas que la definición iba a llegar con tanta comodidad en la última fecha?

-No, para nada. Pero el error que cometí en Bahía Blanca, donde me despisté solo, al fin y al cabo no sé si fue para bien, porque descargué muchos kilos y así tuve un auto más liviano en la etapa definitoria. Ahí arrancamos con un auto muy competitivo. Creo que me terminó favoreciendo.

-Diego Aventín fue tu principal rival. ¿Vos creías que te iba a dar lucha por el título?

–Sí, porque tiene un equipo muy fuerte. Se sabía que iba a estar en la lucha por el campeonato. Además, en un momento triunfó en dos fechas consecutivas y para muchos era el gran candidato.

–¿Te modificó en algo esa racha ganadora de Aventín?

–No, porque siempre teníamos el objetivo de trabajar en función del campeonato. Nos obligó a hacer más hincapié en algunos desarrollos, pero nada más.

–¿Cuál fue la clave de este títutlo?

–La capacidad del equipo. Fue capaz de reaccionar cuando los rivales se acercaron y de tener siempre un auto muy competitivo, con kilos y con poco lastre. Esa es la gran base de este logro, sin dudas.

–Vos arrancaste el año con el preparador Sandro Crespi y luego pasaste a las huestes de Alberto Canapino. ¿Cómo se vivió ese pase con la temporada ya iniciada?

–No me afectó para nada. Cuando se hace algún cambio puede que se dude en los resultados que traerá. Pero en este caso yo ya lo conocía a Alberto y sé muy bien de su capacidad para preparar un coche. Por suerte salió todo perfecto.

–¿Cambiarías a Canapino y a Jorge Pedersoli, el motorista?

–Para nada. Ellos dos fueron fundamentales. Son referentes dentro de la categoría.

–Muchos colegas tuyos dicen que sos campeón por el equipo que armaste, que esa es tu principal virtud, además de tus condiciones, ¿vos lo sentís así?

–Es cierto. Estoy rodeado de gente muy capaz. Además de Canapino y Pedersoli, los chicos son excelentes y hay algo muy importante: mis patrocinantes. Ellos estuvieron en los buenos momentos, pero también en los malos, cuando la incertidumbre económica era mayor. Eso es fundamental, porque te brinda un sustento que te permite desarrollar y pensar hacia el futuro.

–Y cuando se habla de tu organización, siempre se menciona a tu padre, Hugo. De afuera se lo ve como el cerebro del team...

–Es a la primera persona a la que le doy las gracias por todo lo que conseguí. El está muy metido en la organización del equipo. El taller está detrás de la concesionaria y siempre arregla todos los detalles. Es un hombre de carácter. Sabe que todo tiene un porqué y busca las causalidades. A veces uno habla de la suerte pero todo tiene su explicación, y mi papá las quiere.

–¿En qué otras cosas te ayuda?

–En todo. Siempre me aconseja, me indica el camino, discutimos. Pero por suerte estamos muy bien.

–¿La primera discusión fue cuando le dijiste que querías ser piloto?

–No, porque lo entendió. A él le gusta tanto o más que a mí el automovilismo.

–Muchos pilotos dicen que sos el mejor de la Argentina. ¿Cómo te definís?

–Es difícil hablar de uno mismo. Eso quizá lo tienen que decir ustedes, los periodistas. Pero creo soy tranquilo en la pista. Puede que suene contradictorio para un piloto de autos de carrera. Pero soy pensante arriba del auto y trato de ser veloz cuando es necesario.

–Pese a los éxitos y al reconocimiento de tus colegas, no entraste en la piel del hincha. ¿Eso lo percibís?

–La gente me reconoce por lo que hago y por lo que consigo. Aunque admito que me gustaría que el público me reconociera más. Pero también entiendo que la gente busca otro perfil, que yo no tengo. Le gusta que el piloto sea muy expresivo, y por eso sigue a Marcos Di Palma, por ejemplo.

–No te digo que quieras ser como Di Palma, pero ¿te gustaría cambiar en ese aspecto?

–En absoluto. Por mi forma de ser no me considero un ídolo, pero jamás cambiaría para tratar de serlo. Estoy tranquilo porque soy como me muestro, con total autenticidad. A algunos le puede gustar y a otros no. Pero mi objetivo es ganar carreras y luego títulos. Y por suerte lo consigo.

–¿A qué piloto elegís del automovilismo nacional?

–Al Gurí Martínez. Vos fijate que con cualquier auto él siempre está en la pelea por el título. Con buenos coches y con otros no tan competitivos. Eso te demuestra la virtud conductiva del Gurí.

–¿Sentís que entraste en la historia grande del automovilismo nacional?

–No lo pienso todavía. Cuando leés los diarios te das cuenta. El hecho que se hable de los Emiliozzi o algunos digan que voy tras los récords de los Gálvez me pone feliz. Quiere decir que uno va por el buen camino. Qué dirán las estadísticas cuando me retire, no lo sé.

–¿Cuál es tu techo?

–El día que no tenga más ganas de correr en autos, hay llegaré a mi techo. En cuanto a lo deportivo, no me puse una meta. Se verá.

–El año próximo correrás en el TC y en el TC 2000. Este año en una categoría sos el rey y en la otra no te salió nada bien, hasta que a lo último ganaste una carrera. ¿Qué preferís, el quinto título del TC o el primero en el TC 2000? Tu papá dice que prefiere el de TC 2000...

–No pongo uno por encima del otro. Ganar un campeonato en el TC, por más que sea el cuarto o el quinto, es una alegría fanstástica. Un logro que siempre está en la mente del piloto. Sin embargo un campeonato de TC 2000 para mí es un reto, porque desde que compito en esa categoría nunca tuve la oportunidad de pelear por el título. El año próximo, en el equipo de Víctor Rosso, creo que tendré todo armado como para que sí se dé esa oportunidad. Ojalá así sea.

–¿Tenías algún festejo organizado?

–No, ninguno. Yo disfruto de la reunión en el trailer del equipo con mi gente, mis amigos y mi familia. Es lo más lindo que a uno le puede pasar. Después vienen los reconocimientos en otros ámbitos, pero el clima que se arma en el autódromo con tu gente es impagable.

La política, entre los fierros

MAR DE AJO (De un enviado especial).– El clima electoral se filtra en todos los ámbitos. Y el automovilsimo deportivo no es la excepción. Al margen de algunas publicidades electorales que se muestran en algunos coches de competición, las categorías también se manejan de acuerdo con los vaivenes políticos.

El Turismo Competición 2000 coqueteó con San Luis, de donde proviene el precandidato Adolfo Rodríguez Saá, para realizar la última fecha de la temporada 2002, el 15 del actual. Si bien el interés político se manifiesta, hay otras curiosidades. El TC 2000 cayó en la tentación de armar su GP Coronación en el circuito puntano, aunque hay un detalle: la pista es de tierra y se pretendió acelerar el proceso de pavimentación para llegar a tiempo. Como no se logró el objetivo (se correrá en Mar del Plata), la categoría ya arregló para arrancar el campeonato 2003 en ese escenario.

Como si fuera poco, la fecha siguiente, o la tercera, se realizará en un autódromo desconocido para el TC 2000: el de La Rioja. El complejo, que tiene el aval del ex presidente Carlos Saúl Menem, fue entregado en concesión a un grupo de empresarios, en el que se encuentra el ex entrenador de River Ramón Díaz.

A todo esto, el Turismo Carretera no se queda atrás. Se sabe que en el autódromo Rubén Luis Di Palma, de Mar de Ajó, donde anteayer se definió el campeonato en favor de Guillermo Ortelli, se disputarán las primeras dos fechas de la temporada próxima, que arrancara el 19 de enero. Pero en los boxes del circuito costero se supo que la tercera fecha se efectuará en el autódromo de Río Gallegos, con el visto bueno del gobernador de Santa Cruz, Néstor Kirchner, precandidato presidencial.

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