Fallido intento de rescatar a Cortázar

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5 de diciembre de 2002  

"Cortázar: apuntes para un documental" Producción documental argentina (2002) en video y pantalla grande presentada por Contrakultura Films. Dirección: Eduardo Montes-Bradley. Diseño de producción: Soledad Liendo. Fotografía: Raúl Domínguez. Musicalización: Sara Kaplan. Compaginación: Rita Clavel. Duración: 80 minutos. Nuestra opinión: regular

Siempre es apasionante y cálido adentrarse en el mundo personal y literario de un escritor de las dimensiones de Julio Cortázar. Apasionado del jazz, incondicional frente a sus ideas políticas y fiel representante de los temores de la clase media argentina, el autor de "Rayuela" desfila por este documental, sin embargo, con una aridez y una elementalidad muy peligrosas.

El film procura descifrar el enigma de cómo un escritor apolítico se convierte en paradigma del intelectual comprometido políticamente. Para ello el director Eduardo Montes-Bradley tuvo muy escasa imaginación, ya que paseó su cámara por más de doscientas fotografías de Cortázar, aparentemente inéditas, se detuvo en filmaciones caseras (la mayor parte muy aburridas) hechas por el autor en sus ratos de ocio o de diversión y recaló en testimonios de políticos, cineastas, periodistas y escritores.

Entre ellos figuran nombres tan importantes como los de Ernesto Cardenal, Carlos Montemayor, Manuel Antín, Liliana Hecker, Osvaldo Bayer, Juan Carlos Onetti y Juan Madrid. Cada uno de ellos intenta descubrir o redescubrir las motivaciones de Cortázar para enrolarse en el clima de la revolución cubana o en su admiración hacia el sandinismo, o en sus libros, de los que alguno de los entrevistados se atrevió a decir "mal escritos". El propósito de Montes-Bradley fue, sin duda, muy interesante, pero el film como producto terminado es totalmente caótico y, por sobre todo, técnicamente imperfecto.

El sonido es apenas audible, la fotografía vira del color desteñido a un granulado imperdonable, la música no condice con la narración, y el montaje adolece de continuidad y de técnica. Si Montes-Bradley deseó recrear a un Julio Cortázar diferente, equivocó el camino. Si quiso descubrir algo nuevo que no se haya dicho de sus obras, poco es lo que hacen los entrevistados para esclarecer su literatura. Si, en definitiva, el director apostó a rendir homenaje a la memoria del vibrante cuentista y novelista, apenas queda de ello algunos párrafos -los que pueden escucharse a través de un enigmático sonido- que puedan ofrecer algo distinto del mundo cortaciano.

Todo film documental que se proyecte en salas comerciales debe poseer un digno trabajo técnico. De lo contrario, se comete el imperdonable error de conducir al público a una obra sin sustento que justifique el precio de una localidad.

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