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Gabriel Raies: "Digo que me retiro del automovilismo y no lo puedo creer"

El cordobés, que con 17 títulos nacionales es el que más campeonatos ganó en el país, le dijo adiós a su campaña como piloto; un personaje fuera de lo común
Roberto Berasategui
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5 de diciembre de 2002  

Esta vez le costó levantar la mano izquierda, esa misma con la que enloquece a los hinchas que, a la vera del camino, se entusiasmaban cada vez que Gabriel Raies ganaba una carrera. La mano derecha controlaba habitualmente el volante, que a su vez estaba al tope para que el coche girara sobre su propio eje, ensuciando de tierra a los simpatizantes y llenando de alegría sus almas con el trompo. Esa mano izquierda que salía de la ventanilla mientras el clásico rodeo imprimía su sello distintivo esta vez estuvo más pesada. No había que dosificar la potencia del coche para hacer las piruetas. Sólo tenía que mantenerse parado delante de sus seres queridos y del periodismo para decir adiós. Pero fue más difícil.

"Digo que me retiro del automovilismo y no lo puedo creer. Mi hijo me pregunta cómo hago para correr y andar a tanta velocidad y después llorar como una nena. Pero soy así...", dijo el cordobés, que a los 44 años cerró una etapa de su vida.

Las estadísticas lo ubican como el piloto más ganador del automovilismo argentino. En su ficha personal se encuentran 17 títulos nacionales, dos más que su amigo Juan María Traverso. Pero no sólo los números le otorgan a Raies un espacio aparte en la disciplina. Su personalidad, tan controvertida como llamativa, protagonista de discusiones varias y dueño de frases contundentes, también cautivó al público. Donde está Raies se centra la atención.

Y su palabra se escucha: "Si estuviese Jorge Recalde tendría con quien competir. Pero me di cuenta de que hoy corro con los hijos de mis ex rivales. Y pongo el ejemplo de Gabriel Pozzo, ya que su padre compitió en mi época. Yo sé que tengo declaraciones explosivas y que se crea un clima distinto a mi alrededor. Los pilotos actuales tienen una personalidad diferente, son más ordenados y prolijos. Son más profesionales, pero no poseen ese brillo que teníamos los que somos de otra generación".

Se lo conoce como "Satanás", aunque también responde a "Gordo" o "Chancho". Llegó a pesar 153 kilos. "Por eso nunca soñé con la Fórmula 1, porque no hubiese entrado en el auto". Ganador nato, a Gabriel le llegó la hora del adiós. "Cuento una confidencia. Cuando me separé de mi primera esposa, yo estaba seguro del paso que daba. Pero no sabía cómo iba a reaccionar cuando ella tuviese su primer novio tras el divorcio. Acá pasa lo mismo. Yo estoy seguro de mi retiro. Mi viejo siempre me dijo que hay que saber bajarse a tiempo. ¿Lo de mi ex esposa? No, todo bien. Por suerte no me pasó nada y yo me volví a casar", confesó.

En un rápido repaso nombró amigos y autos, hechos y logros. Debutó el 22 de mayo de 1976, en Tucumán, el día que se enteró del asesinato de Ringo Bonavena. "Murió un campeón y en Tucumán nació otro", le dijo a su papá Alcides: "A los 18 años quería correr con un Fiat 600 de Martín Christie. Luego pasaron los años y los autos. Finalmente llegó el Renault Clio, el mejor auto que manejé en mi vida. Y recibí buenos consejos. Cuando arranqué en la actividad, Recalde me dijo que, si quería ganar, tenía que tener a alguien muy bueno en la preparación del auto. Y que tenía que entrenarme siempre. Tampoco me puedo olvidar de los navegantes. Gracias a Dios por culpa de nadie me accidenté. Tengo una amistad especial con José María Volta. Nos miramos y ya nos entendemos. Tenemos nuestros códigos".

No descartó nada y se subió a toda máquina que le permitiera sentir el vértigo de la velocidad. Manejó todo tipo de coches, de rally no le quedó nada por conocer y fue chofer de Diego Maradona en un par de primes de Córdoba. Pasó por las pistas, desde aquel Renault Fuego de TC 2000, siguiendo por la Nissan 280 y 300 y el indomable Chevrolet de Turismo Carretera hasta un Scania con los camiones.

En el lago San Roque se divirtió con un catamarán y hasta ganó una prueba. Saltó los sinuosos caminos cordobeses con los cuatriciclos y se exigió a fondo arriba de un sulky, en una competencia a beneficio junto con el boxeador Fabio "La Mole" Moli y el ex arquero Héctor "Chocolate" Baley.

Recibió el abrazo de todos. Desde sus padres, Lidia y Alcides, pasando por dirigentes del automovilismo. Recibió la plaqueta por parte de Juan Lardizábal, representante de Renault Argentina, y se volvió a emocionar con las sentidas palabras de Alfredo Parga.

Se secó las lágrimas y volvió a levantar el brazo izquierdo, más pesado que nunca. Esta vez, sin tierra y sin rodeos, el envión de 27 años de adrenalina pura le dificultó el clásico saludo.

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