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Opitz y sus discípulos

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19 de diciembre de 2002  

Concierto de la Fundación Música de Cámara en su vigésimo aniversario. Programa a cargo de profesionales y jóvenes de los cursos de Guillermo Opitz, con obras instrumentales y vocales. Organizado por la Fundación Música de Cámara. Palacio Sans Souci.

Nuestra opinión: muy bueno.

Una nutrida concurrencia asistió al Palacio Sans Souci para celebrar en el cierre de su temporada los veinte años de existencia de la Fundación Música de Cámara, entidad que contribuye a sostener la relevante labor pedagógica de Guillermo Angel Opitz, una de las figuras valiosas de la enseñanza de la música y músico de indudable idoneidad académica.

El doctor Horacio Sanguinetti, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, en su carácter de secretario de la Fundación Música de Cámara, exaltó la labor tesonera y eficaz del maestro Opitz.

También puso énfasis en la evidente reserva espiritual existente en el país, a partir de la cada vez mayor participación de la población en los hechos culturales de toda naturaleza y destacando la importancia de la labor que se hace en el apoyo a los jóvenes artistas de todo el país a través de becas, mucho de los cuales ya se encuentran en otros continentes, con éxito cada vez más relevante.

Por su parte la presidenta de la entidad, Lucía Haubold de Carvi Sierra, adelantó los lineamientos de la próxima temporada, con un ciclo de varios conciertos, algunos de ellos dedicados a Bach, Purcell y Schubert y uno para recordar el centenario de Hugo Wolf.

Impecable concierto

Fue excelente la selección musical ofrecida y consagratoria la labor de la mayoría de los intérpretes, donde hubo una conjunción de instrumentistas y cantantes profesionales con jóvenes lanzados en una bien apuntalada carrera.

Fue muy grato escuchar, en impecable interpretación, la sonata para dos flautas y bajo continuo, de Bach, por su ejemplar desarrollo y claridad de ideas, y dos arias para soprano y contralto de la cantata "La contienda entre Febo y Pan", también de Bach.

Así como Patricia Da Dalt y Raúl Becerra dejaron escuchar un dúo de flautas perfectamente amalgamado, María Eugenia Castro (violoncelo) y Enrique Rimoldi (clave), fueron ejemplo de idoneidad, en tanto que las cantantes Graciela Oddone y Mónica Sardi, se destacaron por la musicalidad y las voces bien definidas; la primera, cristalina; la segunda, con autoridad y amando la zona central y graves del registro que no tienen las sopranos.

Por fortuna el nivel se mantuvo en un plano de calidad y en una constante línea ascendente en cuanto a la belleza de la música y a las sorpresas que provocaron los otros cantantes y pianistas.

Hubo un mágico momento cuando María Eugenia Castro ofreció, con el talentoso pianista Gregorio Szames, el ¬Elegie", para violoncello y piano, de Gabriel Fauré, músico merecedor de figurar en el cuadro de honor de los espíritus exquisitos de la humanidad. Luego llegó la sorpresa de la excelencia musical y desenvoltura actoral de la soprano Daniela Tabernig, admirable por la calidad, volumen de su voz y contagiosa simpatía, al interpretar en perfecto estilo, tres canciones de "Cuarto de niños", de Mussorgski, otra de las varias joyas del programa. Su actuación dejó la sensación de estar ante una futura gran figura del canto nacional.

No menos brillante fue la versión de "Rikadla", de Janacek, con rimas infantiles, graciosas, amables, un ejemplo admirable del autor de "Jenufa" y "La zorrita astuta", que en el campo de la música vocal de cámara se agiganta a alturas supremas.

Aquí fue notable la labor de Graciela Oddone, Raquel Winnica, artista que avanza sin pausas, Nahuel Di Pierro, joven valioso que ha de desarrollar brillante carrera por el color de su voz y el fraseo con emoción que le surge en forma espontánea en cada giro musical; Manuel Núñez Camelino, tenor de timbre grato, la violista Elizabeth Ridolfi, de sólida formación e indudable pasión por su especialidad y la pianista Cecilia Fracchia, cuyo toque es siempre motivo de deleite auditivo.

En el final, soberbio y alusivo a la Navidad, se destacaron una joya de Brahms, otras de Wolf y de Guastavino. De este último con un éxito de Rocío Arbizu al debutar con una eficacia que habla de sus buena dotes. Fue emotivo el aplauso para Opitz, sinónimo de humildad, honestidad y sabiduría.

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