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Hace 100 años nacía el escritor William Shand

Fue autor de una ópera con Alberto Girri
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20 de diciembre de 2002  

Se cumple hoy el centenario del nacimiento del poeta, narrador y dramaturgo William Shand.

Nacido en Glasgow, Escocia, se radicó en nuestro país en 1938 y desarrolló una vasta obra de escritor, primero en inglés y más tarde en castellano, conocida, en parte, a través de LA NACION.

De 1942 data su primer libro de poemas, "Dead season´s heritage", al que siguieron otros; entre ellos, la antología "Select poems" (1978), "Poemas", edición bilingüe con versiones de Miguel E. Dolan (1981), y "Nine poems", también bilingüe, con versiones de Alberto Girri.

A esos trabajos literarios se sumaron luego "Collected poems" (1985), "Poemas" (1984-1987), con traducciones y prólogo de Elizabeth Azcona Cranwell (1988), "Poemas 1988-1992", "Poemas 1993-1995", traducidos por Rolando Costa Picazo, "Homo sapiens I y II" y "Con Susana", conmovedor testimonio de amor a la compañera de su vida, fallecida en 1994.

Su primer libro de cuentos fue "La obsesión de Branti" (1975), al que siguieron tres volúmenes más, reunidos en "Cuentos completos" (1987). Con "El guerrero ciego" (1953) inició la serie de dramas y comedias, más de una decena de piezas recogidas en "Teatro" (1989). Escribió, en colaboración con Alberto Girri, el libreto de la ópera "Beatrix Cenci", de Alberto Ginastera, estrenada en el Teatro Colón en 1992.

Con Girri tradujo al español a poetas ingleses y norteamericanos. Asimismo, llevó al inglés la obra de numerosos poetas argentinos, incluidos en una antología publicada en 1969.

En su departamento frente a la plaza Carlos Pellegrini o en su quinta de San Miguel, Willie y Susana ejercieron la hospitalidad más generosa y cálida. Ambos tuvieron una larga vida -Shand murió en 1997, a los 95 años- y el privilegio de dar amistad por mucho tiempo y de estimularla en los demás.

En su viudez, y a pesar del dolor, el poeta siguió siendo el cariñoso y sabio amigo de siempre, pero también el hombre con lúcida conciencia de la época en que le había tocado vivir.

Bien lo señaló Borges: "William Shand crea símbolos para el glorioso, tedioso y horrible mundo de nuestro tiempo. Ejercer en esta época de la historia la misteriosa y antigua profesión de poeta es una gran responsabilidad: William Shand no lo ignora y pesa con temor y con felicidad sus palabras".

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