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Murió el investigador y humanista Hilario Fernández Long

Dirigió la UBA hasta el golpe de 1966
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27 de diciembre de 2002  

En Necochea, donde vivía retirado desde hace una década, falleció, a los 84 años, el ingeniero Hilario Fernández Long, ex rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y miembro de las academias nacionales de Educación y de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Fernández Long fue rector de la UBA en 1965 y 1966. Al producirse el golpe de Estado que llevó al poder al teniente general Juan Carlos Onganía, Fernández Long emitió una declaración en la que calificaba ése como "un día aciago" por atentarse contra los poderes constitucionales. Un mes después dejó su cargo; el día que el Poder Ejecutivo intervino la universidad se negó a permanecer como interventor.

Había nacido en Bahía Blanca en 1918. Se graduó de ingeniero civil con diploma de honor en la UBA en 1941. Ya ese año colaboró con los ingenieros Pedro Vicién y Armando Ballofet en una computadora analógica para la resolución de estructuras. Comenzó como ayudante su carrera docente en la cátedra de Estructuras, de la cual fue titular entre 1956 y 1966. Entre 1951 y 1954 dictó cátedras en la Universidad Nacional del Sur.

A la tarea de investigación y docencia, Fernández Long unió una vida profesional de primerísimo nivel. Intervino en los proyectos del Banco de Londres, de la Biblioteca Nacional, del edificio de IBM y de los puentes Chaco-Corrientes y Zárate-Brazo Largo, entre otros.

Fue decano de Ingeniería de la UBA entre 1962 y 1965 y, en el mismo período, vicerrector de la universidad. Ocupaba ese cargo cuando su antecesor, el abogado y economista Julio H. G. Olivera, presentó su renuncia indeclinable a raíz de incidentes ocurridos en la Facultad de Ciencias Económicas. Un grupo de estudiantes había arrojado huevos al economista norteamericano Walt Rosthow, que no pudo dar una conferencia, en febrero de 1965, y Olivera consideró que se había herido el honor de la universidad.

La asamblea universitaria eligió entonces rector a Fernández Long, con el apoyo principal de los humanistas y otros grupos de orientación social cristiana, en una elección en la que se impuso al doctor Rolando V. García, de Ciencias Exactas, impulsado por la corriente reformista.

Al retirarse de la UBA en 1966, Fernández Long fue profesor titular de Elasticidad en la Universidad Católica Argentina (UCA), de la cual fue docente desde la fundación, director del Departamento de Mecánica Aplicada, miembro del consejo superior y profesor emérito.

Muchos años después volvió a la UBA, nombrado doctor honoris causa durante el gobierno de Alfonsín -que también lo hizo miembro de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep)- y colaboró un tiempo en el laboratorio de Ingeniería, en la sede de la avenida Las Heras.

Hombre de acción y de pensamiento, la altura académica y la calidad humana de Fernández Long eran reconocidas más allá de líneas ideológicas, amistades o posiciones políticas.

En 1976 se incorporó a la Academia de Ciencias Exactas y en 1993 a la de Educación. Tuvo una reflexión permanente sobre los avances de la tecnología y sus implicancias para la humanidad -fue claro su rechazo del uso de la energía nuclear para la guerra-, analizó también los alcances de la computación y otros muchos temas. Con Adalberto Moderc escribió libros sobr el go, el antiquísimo juego oriental en el cual los rivales compiten por conquistar territorio sobre un tablero y que él difundió en la Argentina.

Hombre de fe, de acendrada convicción católica, inspirado en el pensamiento de Jacques Maritain, los escritos de Fernández Long trascendieron el ámbito de la ciencia y de la técnica e incursionaron en lo religioso, como en "Jesús, el Nazareo", libro publicado en 1994.

Casado con Nidia Elsa Rioja, brindó su amor y dedicación a su esposa y compañera de toda su vida, con la que tuvo cinco hijos y formó una familia con muchos nietos y bisnietos.

En el sepelio, efectuado en Bahía Blanca, el académico Horacio Reggini, que fue alumno y socio suyo, señaló que pudo parecer adusto y severo, pero por fuera de una corteza áspera palpitaba un corazón tierno, una sensibilidad cristalina. Y destacó que, despreocupado de la seguridad económica, siempre tuvo el mismo trato afable para amigos y adversarios.

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