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Escritos breves

FANTASIAS EN CARRUSEL I y II Por René Avilés Fabila-(Nueva Imagen)-436 páginas
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29 de diciembre de 2002  

Como parte de la publicación de las obras completas del mexicano René Avilés Fabila, los dos volúmenes de Fantasías en carrusel compilan la mayoría de sus escritos breves. Kafka, Borges y Juan José Arreola, varias veces nombrados, aludidos o citados a lo largo de estas páginas (especialmente el argentino), son sus más notorios ancestros en esa especie literaria híbrida entre el relato fantástico y el ensayo; Jonathan Swift, en la sátira política bajo el aspecto de narración fantástica. Más nombres ilustres podrían añadirse a la genealogía, pero los mencionados bastan para dar una idea genérica aproximada.

Mediante una prosa sobria y elegante, Avilés Fabila dialoga con sus antepasados literarios, remontándose incluso hasta la Biblia y Homero, y se hace un digno lugar en la biblioteca. El recurso más frecuente, particularmente en el primer volumen, es "el otro lado del espejo" o "el mundo del revés". Así, la Cleopatra de su propio tiempo se siente parecida a la Liz Taylor que siglos más tarde la personificaría en Hollywood; los lobos cuentan con proverbios como "el lobo es el hombre del lobo"; las sirenas tienen piernas de mujer y cabeza de pez, y Jonás se come una ballena. En ocasiones el revés puede ser el derecho: Judas cumple un papel indispensable en la "economía de la redención" (Borges) y por ende es el mejor discípulo de Jesús, y "más crímenes se han cometido en el nombre de Dios... que en el del Diablo". En parte del segundo volumen, un recurso de función equivalente es el trasvasamiento del sueño en la realidad y, en ambos volúmenes, la expansión (o "la otra cara") de episodios de la Biblia, la Odisea y obras de ficción de diversas épocas y geografías, versiones personales en la estela de lo que hizo Borges a su propio modo con la historia del sargento Cruz del Martín Fierro .

En la ideología del autor (en tanto personaje de sí mismo), según lo manifiesta reiteradamente, la propiedad privada acabó con un idílico comunismo primitivo y es la fuente de casi todos los males de la sociedades posteriores. Aunque, fiel a lo fantástico, Avilés Fabila critica humorísticamente la proverbial pobreza del realismo socialista (no sin rendirle un simpático homenaje paródico), recae en una similar intención didáctica, sólo que, como conviene a su estilo, al revés: en un relato ubicado en la Unión Soviética, materialistas miembros del Partido se confrontan con pruebas de la existencia de espíritus.

Los picos más altos coinciden con los pasajes más narrativos, donde el didactismo desaparece de la superficie y se impone la plena fantasía. En cambio, en algunos de los casos en que prima lo ensayístico, el autor suele acudir riesgosamente a fuentes de segunda o tercera mano. Y así, por ejemplo, el historiador romano Tácito resulta ser "filósofo"; San Pedro tutea a Dios en latín, y se discurre sobre el amor cortés a partir de un prólogo a una traducción de Tristán e Isolda donde se cita a C.S. Lewis, quien, finalmente, sí se dedicó a leer y analizar la literatura correspondiente.

La inventiva de Avilés Fabila visita seres mitológicos griegos o aborígenes, bestiarios, vampiros y fantasmas, religiones, vida urbana y política, oficios perdidos, hadas, crímenes, máquinas del tiempo y diversas creaciones de la imaginación humana. La extensión de los textos es también variada, desde las quince páginas dedicadas a un hombre lobo hasta brevedades como este "Cuento de hadas I": "Me encantas -le dijo a Mónica después de besarla amorosa, dulcemente, y segundos antes de convertirse en sapo".

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