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Banfield: un ascenso único

El lunes próximo se cumplirán 62 años de un hecho histórico: el club del Sur subió a primera, tras casi bajar a tercera
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7 de enero de 2003  

Entre 1938 y 1940, el Club Atlético Banfield fue protagonista de un proceso que en poco más de diez meses lo llevó desde las sombrías perspectivas de una casi segura militancia en la tercera división de la Asociación del Fútbol Argentino a codearse de igual a igual con los equipos de primera divisón. Hasta el 29 de marzo de 1939, la entidad albiverde debía disputar el torneo de tercera división de ese año por haber descendido de la segunda división en 1938, y el 13 de enero de 1940 se adjudicó el torneo reducido de segunda división y ascendió a la categoría superior.

Al finalizar las 30 jornadas del campeonato de segunda divisón de 1938, que se adjudicó Argentino de Quilmes tras desempatar con Quilmes, Estudiantes de Buenos Aires, con 22 puntos, y Banfield, con 19, debían descender a la tercera división, en la que actuaba un puñado de clubes amateurs.

El equipo banfileño sólo había ganado siete partidos, empatado cinco y perdido 18, con 51 goles a favor y 80 en contra. Su suerte estaba -parecía estar- definitivamente sellada.

Al comienzo del estío de 1939, las tranquilas aguas afistas sólo se movían cadenciosamente al compás de las gestiones para que Newell´s Old Boys y Rosario Central se incorporasen a primera y la plaza rosarina generase más ingresos para el fútbol profesional, lo que efectivamente aconteció.

En la noche del 13 de enero un restaurante de la calle Suárez, en La Boca, fue escenario de una comida que reunió a los dirigentes más importantes del bloque formado por los llamados cinco clubes grandes; Antonio V. Liberti y A. Lustau (River Plate), Camilo Cichero y Alfredo Elena (Boca Juniors), Luis Carbone y Jorge Munín (Racing Club), Germán Seoane (Independiente ) y José Brizuela (San Lorenzo de Almagro).

El menú gastronómico se lo llevó el tiempo, pero el menú deportivo provocó una severa indigestión en la dirigencia de las entidades de ascenso: se había decidido que los equipos de reserva de la primera división profesional volviesen a jugar los sábados, junto con los genuinos protagonistas de las lides promocionales, como había sucedido en 1937.

Esa modalidad había sido dejada de lado en 1938 para que las segundas divisiones amateurs pudieran mejorar sus recaudaciones enfrentándose entre sí, puesto que la experiencia había demostrado que los cotejos entre las reservas profesionales y los equipos de ascenso atraían muy poco público.

El desagrado y la oposición del núcleo de clubes que aspiraba a ascender quedaron rápidamente diluidos por obra de la debilidad intrínseca de su bloque representativo en los cuerpos decisorios de la AFA.

Pero entre quienes se sentían perjudicados hubo una excepción que fue más allá de las palabras de protesta: Estudiantil Porteño, cuyas autoridades hicieron llegar el 14 de marzo una nota a las autoridades de la AFA dando cuenta de su desafiliación de la entidad directriz, al cabo de 37 años de pertenencia ininterrumpida, y explicando que se reservaba el derecho de hacer públicas las causas de su decisión. En el campeonato de segunda división de 1938, el club de Ramos Mejía había compartido la novena colocación con Acassuso, al cosechar 26 puntos, producto de diez victorias, seis empates y 14 traspiés; obtuvo 48 goles y recibió 69.

Varias semanas transcurrieron antes de que la AFA se expidiese y sólo lo hizo ya iniciado el campeonato mixto, con 33 participantes.

Estudiantil Porteño había sido fundado el 6 de septiembre de 1902 por un núcleo de estudiantes del Colegio Nacional Oeste, luego Colegio Mariano Moreno, con el entusiasta apoyo de las autoridades del establecimiento.

Ganador de los campeonatos de 1931 y de 1934 de la Asociación Argentina, en los que intervenían entidades que no habían ingresado en el profesionalismo, el club tenía su estadio en Rivadavia al 12.000 y lo había inaugurado el 20 de junio de 1926 cayendo ante San Lorenzo de Almagro por 3 a 1.

En una declaración manuscrita de tres carillas, incluida en el acta de la reunión que la comisión directiva celebró el 29 de marzo de 1939, se explicaban las razones del alejamiento de la AFA.

En síntesis, se manifestaba el desacuerdo con el manejo organizativo del fútbol, cada vez más alejado de los principios amateurs que le habían dado fundamento. Y se agregaba: "En días recientes la situación se ha agudizado con las diversas resoluciones adoptadas por la mayoría del Consejo Directivo de la AFA al modificar de modo sustancial la forma de intervención de los clubes de segunda categoría en los torneos que auspicia".

Por último, se expresaba que "Estudiantil Porteño ha considerado inútil toda labor a favor de un posible mejoramiento de su situación en este deporte, ya que resulta evidentemente susceptible de malograrse todo afán de superación asentado sobre bases fácilmente conmovibles".

En pocas palabras, los estudiantiles de Ramos Mejía no arriaban sus banderas fundacionales, aquellos ideales juveniles que promovían la práctica del deporte por amor al deporte.

Por entonces, el club contaba con 1894 socios y desde 1934 lo presidía Pascual Monzón, quien prolongaría su gestión hasta 1955.

Volvamos a los preparativos del campeonato de ascenso de 1939. La justicia indicaba que la vacante dejada por Estudiantil Porteño debía ser cubierta por Estudiantes de Buenos Aires, que se había clasificado en el penúltimo lugar con tres puntos de ventaja respecto de Banfield, a quien se juzgaba irremisiblemente condenado a la tercera división.

Ni lerdos ni perezosos, los dirigentes de Estudiantes de Buenos Aires y de Banfield pidieron a la AFA, por separado, su inclusión en el certamen por iniciarse. En Banfield iniciaba su primer período como presidente del club Florencio Sola, cuyo nombre identifica actualmente al estadio banfileño.

Casi sin demorar, en su sesión del 29 de marzo el consejo directivo de la AFA trató la cuestión y dio su asentimiento al pedido de ambas instituciones.

El consejero por Vélez Sarsfield, Roberto L. Ornstein, fue el miembro informante de la mayoría y fundamentó la opinión favorable de su bloque a la solicitud banfileña recordando los valiosos antecedentes de la entidad y elogiando "sus instalaciones de primer orden y su arraigo entre las instituciones de segunda división".

Y concluyó de este modo: "Se le debe dar una nueva oportunidad a Banfield, para que vuelva a ocupar el lugar que conquistó durante muchos años, como resultante de una actuación de beneficio para el deporte y el fútbol locales". Esa noche, los consejeros declararon amateurs a todos los jugadores que Estudiantil Porteño había inscripto en los registros de la institución rectora del fútbol argentino.

El plantel que en 1938 había defendido por última vez en los torneos de la AFA los colores de la institución de Ramos Mejía -la camiseta era casi igual a la de San Lorenzo de Almagro- lo integraron Lorenzo Núñez, Oscar Valle, P. Salaberry, Cayetano Federico, Urbano Escribano, Alberto Chividini, Silvio Buffa, José Lorenzo, Manuel Oriolo, Luis Estévez, Rubén Rodríguez, Eugenio Costa, Bruno Ardanaz, Julio Velaz, Antonio Chaniz, Isidro Sanabria, Julio Souza, Rodolfo Echeverría, Amaury Monza, Atilio Demaría, Carmelo De Genaro, Julián Cestau, Victorio Marini, Miguel Alcorta, H. Alvarez, S. Orlandelli, Peralta, Cardelli, Martínez y García.

En el desaguisado que constituía la mezcla de equipos de reserva de primera división con los de segunda de ascenso, se determinó que además de la tabla general de posiciones, se confeccionase otra sólo para los equipos que lucharían por el ascenso sobre la base de los resultados de los partidos que disputasen entre sí. Es decir, los sábados se realizarían dos campeonatos simultáneamente.

Se dispuso, igualmente, que salvo que uno de los equipos de segunda se clasificase primero en la tabla general, los seis primeros de esa categoría disputarían un torneo reducido para clasificar al ganador del ascenso.

San Lorenzo se impuso en el certamen ampliado con 56 puntos y Banfield -había remozado convenientemente su plantel-, que se clasificó cuarto, ocupó cómodamente el primer lugar en la tabla de ascenso con 28 unidades y siete de ventaja sobre los tres segundos; jugó 16 partidos, ganó 14 y perdió dos; el equipo albiverde debió participar en un torneo hexagonal con All Boys, Barracas Central, Sportivo Dock Sud, Temperley y Defensores de Belgrano, que lo escoltaron en ese orden.

En esa definición, Banfield volvió a encabezar las posiciones con 8 puntos, seguido por Barracas Central y All Boys con 6, Temperley con 5, Defensores de Belgrano con 4 y Dock Sud, con 1.

A poco de iniciada la rueda reducida Barracas Central, que había caído ante Banfield, denunció un intento de soborno a dos de sus jugadores. La investigación se desarrolló mientras se sucedían las jornadas y no obstante haberse comprobado la maniobra, el club banfileño fue declarado campeón. El castigo correspondiente fue diferido para el campeonato de primera división de 1940 y consistió en una suspensión por cinco partidos.

Debe señalarse como referencia aleatoria que a pesar de esa sanción la representación albiverde cumplió ese año una destacada actuación en el círculo privilegiado.

El plantel campeón

Fueron los pasajeros de ese acontecimiento Luis Tachini, Julio Mendoza, Alfredo Zárraga, Leonardo Lemmi, Dante Cipolla, Orlando Laveirú, Filiberto Echauz, José Ferreiro, Juan Cerro, Regido González, Carlos Viyela, Roberto Crisafi, Gregorio Samaniego, Eduardo Garrafa, Ramón Villagra, Roberto Calió, Camilo Fenoglio, Rafael Burgos, A. Arbelo, Carlos Arzeni y Aníbal Julio.

Una curiosidad: Fenoglio había jugado en 1937 en Estudiantil Porteño y Banfield lo incorporó a su plantel el año siguiente como suplente del zaguero derecho Mendoza; revistó dos partidos en el equipo superior.

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