Homenaje al formidable Volontè

Nueve de sus films, desde hoy, en la Sala Lugones
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9 de enero de 2003  

Aquel joven milanés que en 1956 egresó de la Accademia d´Arte Drammatica de Roma no barruntaba entonces que no iba a ser el teatro el que habría de depararle notoriedad, sino el cine, el pujante filón de la cultura de esa época de Italia que en pocos años más iba a ocupar el primer lugar en el mercado europeo. Gian Maria Volonté debutó como actor teatral en "Romeo y Julieta", de Shakespeare, y poco después actuó en una pieza de Rolli y Vincenzoni, presagio de su futuro: "Sacco y Vanzetti". Trece años más tarde, con su participación en el film homónimo de Giuliano Montaldo, iba a conquistar trascendencia internacional.

La trayectoria cinematográfica de este formidable actor se desarrolló entre 1960 y 1994 (año en el que murió prematuramente, a los 61 años), a lo largo de 56 films con los que cumplió uno de los desempeños más notables de la pantalla europea. Nueve de esos títulos serán rescatados en un ciclo en su homenaje, que se desarrollará a partir de hoy en la Sala Lugones del Teatro San Martín.

Un rostro implacable

Los sesenta fueron, para Volonté, años en los que se popularizó en el género del spaghetti western, dirigido por realizadores como el recordado Sergio Leone, en "Por un puñado de dólares" (1964) y "Por un puñado de dólares más", de 1965 (también protagonizó "Quién sabe", de Damiano Damiani, en 1966).

Este fenómeno tuvo aristas insólitas por las espectaculares recaudaciones que cosechó y por los "respetables" que participaron (Florestano Vancini en la dirección, Pier Paolo Pasolini como actor, Bernardo Bertolucci como guionista), pero también por la prolífica invención de seudónimos anglófonos -unos 350- con los que pudorosamente se ocultaron sus gestores: Leone se escudó tras el de Bob Roberstson, Carlo Pedersoli y Mario Girotti fueron Bud Spencer y Terence Hill, Giuliano Gemma fue Montgomery Wood. Y Volonté apareció en los créditos como John Welles. Fue una experiencia "de mercado", pero le sirvió para imponer la presencia de su implacable rostro.

En 1967 comienza su asombrosa galería de personajes "densos" (había un antecedente en "Un uomo da brucciare", de los Taviani, de 1962). Es el año de "Aún matamos a la antigua" ("A ciascuno il suo"), con el que el realizador Elio Petri inicia la trilogía de un equipo que incluye al guionista Ugo Pirro y a Volonté como figura. Le siguen "Investigación de un ciudadano más allá de toda sospecha" (1970) y "La clase obrera va al paraíso" (1971).

Es el período en el que aparecieron los que el historiador Gian Piero Brunetta designó como "realizadores en armas y profetas desarmados en pos de la revolución imposible y de la revolución sexual". Volonté formó parte de ese movimiento de cineastas que dejaron huellas en la cinematografía de los setenta: sobresalió en todos los desafíos, con personajes muy diversos, casi todos representantes del poder político y económico, protagonistas de un momento clave de la historia contemporánea o pasada. En la galería de hombres públicos e históricos que el actor encarnó figuran el jefe de redacción de un gran diario, el de "Violación en primera página" (1972), de Marco Bellocchio; el político democristiano "M." de "Todo modo" (Petri, 1976), una clara alusión al asesinado Aldo Moro; el empresario Enrico Mattei de "El caso Mattei" (1972), de Francesco Rosi; el líder marroquí Ben Barka ("El atentado", de Yves Boisset), y -entre otros muchos- el Giordano Bruno del film de Montaldo.

También corporizó criaturas de ficción gestadas en la literatura, como el médico alquimista Zenón de "Opus Nigrum" (1988), de André Delvaux, sobre Marguerite Yourcenar. Actuó en la endeble "Crónica de una muerte anunciada" (García Márquez), que dirigió Rosi en 1989, y asumió varios de los personajes del siciliano Leonardo Sciascia, cuya última novela, "Una historia simple", filmó Emidio Greco en 1991.

Pero el núcleo de intervenciones de G.M.V. más coherentes se verificó junto a Petri, Montaldo y Rosi en films que produjeron un vuelco de simpatía de la burguesía italiana ante la valentía de denuncias que lograron sobreponerse a la incisiva censura del cine peninsular: Volonté fue el rostro visible de ese momento de madurez política.

Morir filmando

De sus intervenciones internacionales caben mencionarse "La muerte de Mario Ricci" (1983), del suizo Claude Goretta; "Tirano Banderas" (1983), del español José Luis García Sánchez, y su frustrada composición del director de la videoteca de Sarajevo en "La mirada de Ulises", de Theo Angelopoulos. Fue durante el rodaje de este film en Florina (Grecia) que la muerte sorprendió a Volonté -reemplazado luego por el sueco Erland Josephson- el 6 de diciembre de 1994.

Las caracterizaciones de G.M.V. no fueron "espontáneas" sino resultado de construcciones minuciosas. Los cineastas que lo dirigieron testimonian esa obsesiva consustanciación con sus personajes. Semejante severidad la corrobora quien fue su compañera durante sus últimos nueve años, la actriz Angelica Ippolito: "Su elaboración de un rol iba mucho más allá del mero compromiso profesional".

Ippolito, que visitó Buenos Aires en 2002 con el espectáculo teatral "El caso Catilina", narró a LA NACION su encuentro con el actor: "Nos conocimos en 1977, durante el rodaje de "Io ho pavura" ("Tengo miedo"), que filmamos con dirección de Damiani. También hicimos un film en Alemania, "Pestalozzi Berg" ("La montaña de Pestalozzi"), en 1989. Después, nuestros trabajos en común fueron en escena. Recuerdo un espectáculo de carácter musical, una obra de Luigi Nono que dirigió Claudio Abbado, en la que leímos cartas de la Resistencia, y también un show conmemorativo del fin de la guerra, en Velletri, con estudiantes de la ciudad, que tuvo mucha repercusión".

En 1992 Angelica lo acompañó a Buenos Aires, para el rodaje de "Funes, un gran amor", de Raúl de la Torre. "Me gustaba estar cerca de él cuando filmaba -dijo la actriz-, pero en la última película, la que no concluyó ("La mirada de Ulises"), no alcancé a verlo filmar. Me demoré porque era difícil viajar: resabios de la guerra de los Balcanes, la troupe estaba bloqueada... La vida de Gian Maria se interrumpió dos días antes de que yo partiera rumbo a Grecia."

Volonté, que ya había filmado varias secuencias con Harvey Keitel, llegó al lugar de rodaje (de difícil acceso) después de un viaje larguísimo, primero en auto hasta Belgrado, luego en avión y finalmente una travesía de montaña de casi cinco horas hasta llegar a Florina. "Llegó y esa noche, previa al rodaje, se fue a dormir -cuenta Ippolito-. Probablemente en la madrugada se sintió mal y se levantó para ir al baño, pero murió de un infarto antes de llegar. Fue fulminante. Yo conservo las escenas que alcanzó a filmar, que no se exhibieron en público."

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