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Volver al pasado para entender el presente

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24 de enero de 2003  

"Como si fuera esta noche", de Gracia Morales. Intérpretes: Cora Ferro y Andrea Martínez. Escenografía y vestuario: Solange Krasinsky. Asistente: Soledad Ianni. Dirección: Carlos Ianni. En el Celcit.

Nuestra opinión: bueno

La dramaturga española Gracia Morales (Granada, 1973) se da a conocer por primera vez en la Argentina y con un texto singular, que habla tal vez del mundo femenino, pero que fundamentalmente hace hincapié en la memoria para posibilitar el crecimiento de una nueva generación.

Dos mujeres, Clara y Mercedes, habitan un mismo espacio escénico. Expresan en apariencia dos realidades muy distintas. Entre una y otra hay varios años de diferencia. Mercedes cose y habla de su pareja, su matrimonio, su hija, sus dolores cotidianos; Clara espera a alguien y aporta referencias sobre su mundo juvenil. A medida que la acción avanza se tornan claras algunas posibles relaciones entre ellas. Pero nada es definitivo. Pueden haber sido madre e hija. O no, tal vez cada una no hace más que expresar un arquetipo de su edad. Pero no importa demasiado. El espectador cerrará el juego, si quiere, o se llevará aisladamente cada conducta y la analizará siguiendo las líneas que esas mujeres proponen.

Desde su juventud Clara busca crecer; desde su madurez Mercedes intenta seguir construyendo. Pero los deseos de ambas no son casuales, responden a sus historias respectivas. Y al repasarlas Gracia Morales no hace más que acercarse sensiblemente al espectador y lo provoca, le hace carne sus propios recuerdos.

En busca del recuerdo

A primera vista podría decirse que es un texto muy femenino, pero al final el mecanismo de la pieza no hace más que reforzar la idea de que se trata de un texto muy humano, no importa el sexo de sus protagonistas. ¿Quién no busca en el recuerdo, y a veces desesperadamente, algo que le posibilite entender su conducta presente?

En las últimas temporadas, Carlos Ianni ha dado muestras acabadas ("Fragmentos de un amor contrariado", "Monogamia") de un estilo teatral que busca hacer de los personajes los referentes obligados de sus propuestas. No importa tanto agudizar el ingenio sobre las posibilidades espaciales o técnicas (mínimas por otro lado en la sala del Celcit), sino consolidar un potente juego de relaciones actorales para hacer trascender mundos nunca demasiado en conflicto, pero con la suficiente carga de dramaticidad como para proponerle una seria reflexión al público.

Aquí vuelve a cargar las tintas sobre eso y es muy acertada la elección de las actrices Cora Ferro y Andrea Martínez (ambas con muy buenas cualidades interpretativas). Las dos son muy jóvenes y esto potencia la pieza. Es muy inquietante verlas valorizar y atravesar el mundo de sus personajes, porque esto hasta permite que el espectador tenga un mayor registro de cuáles pueden ser las posibilidades de crecimiento de un ser, en el futuro, y dentro de un contexto social determinado. Porque hay detalles de puesta, en el vestuario y en los objetos, a partir de los cuales se pueden reconocer algunos momentos históricos de esta Argentina. Los que esas mujeres han transitado o transitan, los que en definitiva hacen crecer las imágenes con las que trabajan.

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